La librería invadida

Imagine que usted decide abrir un negocio de cara al público: uno cualquiera, yo que sé… Una librería, por ejemplo. Imagine que, además de proveerse de material completo para la venta, usted decide embellecer su local de manera que resulte más agradable para sus clientes. Imagine que usted ha hecho tan bien su trabajo (de decoración) que, con el paso del tiempo, su local se ha convertido en una atracción obligada para gente a la que le importa un carajo su producto – los libros.

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Conocí la Livraira Lello e Irmao a mediados de los ’90. Ella salía de una reforma profunda y se encontraba, quizás, en la plenitud de su belleza. Yo me iniciaba en esto de la fotografía reflex con una Zenith – analógica, totalmente manual – y un puñado de carretes de diapositivas. En su interior había bastante público: algunos hojeaban libros, otros recorrían las estanterías. Algunos charlaban con los dependientes y también había quien tiraba fotos. Yo, con la cámara colgada del cuello, me quedé embelesado ante cada uno de los detalles del local: la escalera, el artesonado, las vidrieras… Luego me dediqué a los libros; me acabé comprando uno sobre el neogótico portugués y otro de artes decorativas – me temo que ninguno ha sobrevivido a mudanzas y naufragios varios.

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Salía ya por la puerta cuando me acordé de la Zenith. Volví a entrar y le pregunté al cajero si podía hacer algunas fotos. “Por supuesto que sí” – me contestó – “Siempre que no moleste a los que miran los libros“.

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Hace unas semanas estuve en Oporto. Tenía un par de horas libres, estaba cerca de los Clérigos y decidí acercarme a la Livraira. Era un día entre semana, lejos de cualquier periodo de vacaciones más o menos obligatorias. Había dos clientes mirando libros, un tercero tomaba café en las mesas que han instalado en la planta de arriba. Había también, calculo grosso modo, unos cien mil turistas buscando la varita mágica de Harry Potter. Y mirando de reojo los abundantes carteles que, distribuidos por todo el local, prohiben hacer fotos. A algunos se les notaban los sudores fríos y el temblor en las yemas de los dedos. Resultaba imposible admirar la escalera o los arabescos de las estanterías, no digamos nada de pararse a hojear algún ejemplar sin riesgo de ser arrollado.

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Viajeros y fotógrafos degeneramos a menudo – yo el primero – en la irritante subespecie del caza-recuerdos: esa a la que, en realidad, le importan menos los lugares, su gente, que el poder decir “Yo estuve allí” aunque no se haya enterado de nada; y mejor si lo puede atestiguar con una foto. Una muesca más en la empuñadura de la cámara, otro banderín bordado en la maleta. Casi como aquellos que grabaron con una navaja sus iniciales en las piedras de la Esfinge. No es ése el juego.

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Hace unos meses salió publicado en prensa que uno de los directivos de la librería se planteaba el cobro de una entrada para sufragar los gastos de mantenimiento originados por el alto número de visitantes. Entonces no lo entendí. Su propuesta no salió adelante.

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Pd. Las bellas imágenes que ilustran esta entrada no son mías. Son escaneos de un paquete de postales que compré en mi visita. Me salieron a 0,65€ cada una.

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19 comentarios en “La librería invadida

    1. Buena comparación, Richard. Pese a todo, todavía merece la pena ir: solo es cuestión de abstraerse un poco.
      Saludos

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  1. Tienes toda la razón del mundo, yo también me apunto mi culpa, pero no me digas que no te quedaste con las ganas?????
    Es espectacular ya me gustaría verla personalmente, de todas maneras gracias por compartirlas.
    Un abrazo.

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    1. Jjajajajaja ¡Claro que me quedé con las ganas! Yo soy el primero que “degenero”. De hecho, esta vez volví con más intención de hacer fotos que de comprar libros (¡Vaya a saber donde andarán las diapos de hace 15 años!) De ser un museo o una iglesia a lo mejor no me había contenido, pero allí me sentí como ante una persona que no quiere ser fotografiada y yo retratos no “robo” 🙂
      Abrazos

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  2. Estuve en Oporto y no la visité, tanto que ver que el tiempo no alcanza. Después la vi en la película y pensé en volver, pero aún no llegó el momento y cuando vaya no me conformo con un par de horas.
    Me imagino sus estanterias llenas de tesoros……. Y lo de cobrar una entrada no estaría mal, en España en algunas comunidades ya lo hacen y en algunos sitios hasta te sale una foto sin gente. No me gusta ese turismo acelerado en el que llevan a la gente siempre corriendo.
    Te agradezco el esfuerzo de traernos estas fotos tan bellísimas, las cuales van a acelerar el tiempo de volver y desde luego la visita será antes de comer, aquí hay que llegar con hambre.
    Un abrazo grandote.

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    1. “en algunos sitios hasta te sale una foto sin gente” ¡Anda! No tenía ni idea. Pues no está mal pensado.
      Para mi no es un esfuerzo: me gusta compartir las cosas que creo merecen la pena.
      Un abrazo, Inés

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  3. Estuve en Oporto y me hablaron tanto de esta librería que pretendí ir a verla, finalmente no pude porque no había aparcamiento. Mi mujer si la visitó y le pareció preciosa, luego cuando regresábamos comentamos la prohibición de hacer fotos y yo lo entendí perfectamente, porque viven de los libros y los turistas nos pasamos con las fotos, con conservar un recuerdo y en muchas ocasiones solo vemos a través de las cámaras o los móviles y no disfrutamos del lugar. Eso mismo pasa con un café de Oporto: el Majestic; había más personas viendo la cafetería, que es una auténtica belleza, que gente tomando café. Hay que planterase muchas veces si vamos a saborear y disfrutar de los lugares o a colgar en las redes sociales una foto y si es posible instántanea.
    Oporto me trae buenos recuerdos. Espero repetir la visita a Oporto, aunque nuestros planes son otros.
    Un abrazo.

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    1. ¡Yo también estuve en el Majestic! No lo conocía de antes y me dejó impresionado. Tuve más suerte: no sé si por ser entre diario, fuera de vacaciones, pero lo encontré en un ambiente más normal, con la gente tomando su café o los maravillosos dulces portugueses. Si, de vez en cuando, algunos nos levantábamos para hacer alguna foto pero en ningúm momento resultó agobiante, la gente mostraba mucho respeto.
      Un abrazo, Valverde

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  4. Hace dos semanas la visité, nunca había estado es preciosa, pero como todo, pierde parte de su encanto ante la multitud de visitantes, cuando pierde la esencia de lo que era …

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    1. ¡Hola, Lorena!
      Sí, esa es la paradoja: un sitio muy interesante que puede perder su interés cuando todos vamos a visitarlo. Pero creo que la “solución” está en nuestra mano: basta con un poco de respeto.
      Saludos y gracias por la visita

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  5. La conozco y es preciosa, Yo la conocí unos diez o doce años después de tí, creo que en 2007, y ya tenía puesto el cartel prohibiendo hacer fotos, y claro, naturalmente también me quedé con las ganas, pero la guardo en la memoria, que hoy recupero con tus imágenes. Pero me desquité con la ciudad, hermosa y con historia.. Por allí también la iglesia del Carmen, la torre de los Clérigos, las iglesias forradas de azul cerámico, la calle Santa Catallina, el palacio Episcopal y la Catedral, la Ribera, el río Duero,y sus puentes, Para fotografiar fuera de lo típico, el barrio que baja hacía el río desde Terreiro da Sé. Es como ver los años 30 o 40 o 50 , Tendederos, empedrados, pilas lavaderos en las calles, en empinadas calles sin coches. El paraíso para un fotógrafo.
    He disfrutado con tu entrada. Gracias. Un abrazo.

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    1. Yo esta vez viaje a Oporto por otras cuestiones y sólo me quedaron libres unas horas, así que hice la visita del “turista tipo” – ya digo que no soy el más indicado para tirar la primera piedra, jeje – La Lello, los Clérigos, el Puente, el Majestic… y poco más. Recuerdo de otras veces, también con mucho cariño, la zona de Gaia, al otro lado del río: quizás no tan espectacular pero llena de detalles.
      Un abrazo, dlt

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  6. Es preciosa. No la conozco y me encantará conocerla en cuanto me sea posible.
    Á medida que leía los comentarios me he sentido como hace 20 días en La Alhambra. Hace unos años (bastantes, lo sé), era un placer visitarla y no era difícil viajar en el tiempo y en soledad -muy importante- dentro de su recinto. A día de hoy, y desde hace ya mucho tiempo, la organización de las visitas se ha convertido en un caos donde la magia ya no es posible por la aglomeración, donde el encanto ha desaparecido entre flashses de cámaras y borregos a contrarreloj.
    A eso me ha recordado lo que contáis.
    Qué ganas de volver a Oporto.

    Un abrazo (y enhorabuena por este nuevo espacio, Xibeliuss).

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    1. ¡Bienvenida, Marisa!
      Uy, la Alhambra… No tengo la suerte de haber estado y ya muchos amigos me han hecho comentarios parecidos al tuyo. Y me asusta. Como me da miedo volver a Toledo, a Aranjuez, a Santiago… y ya demasiados sitios. Sé que es un error, pero no puedo evitar la pereza ante el pensamiento de encontrarme con la masificación.
      Un fuerte abrazo, y felicidades por el 4º Aniversario del Espejo

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