Vista Cansada

“Guillermo introdujo las manos en la bolsa que había en su sayo a la altura del pecho, y extrajo un objeto que ya durante el viaje le había visto coger y ponerse en el rostro. Era una horquilla, construida de tal modo que pudiera montarse en la nariz de un hombre (sobre todo en la suya, tan prominente y aguileña) como el jinete en el lomo de su caballo o como el pájaro en su repisa. Y, por ambos lados, la horquilla continuaba en dos anillas ovaladas de metal que, situadas delante de cada ojo, llevaban engastadas dos almendras de vidrio, gruesas como fondos de vaso. Con aquello delante de sus ojos, Guillermo solía leer, y decía que le permitía ver mejor que con los instrumentos que le había dado la naturaleza, o, en todo caso, mejor de lo que su avanzada edad, sobre todo al mermar la luz del día, era capaz de concederle. […] Me había explicado que, cuando el hombre supera la mitad de la vida, aunque hasta entonces haya tenido una vista excelente, su ojo se endurece y pierde la capacidad de adaptar la pupila; de modo que muchos sabios, después de haber cumplido las cincuenta primaveras, morían, por decirlo así, para la lectura y la escritura. Tremenda desgracia para unos hombres que habrían podido dar lo mejor de su inteligencia durante muchos años todavía. Por eso había de dar gracias al Señor de que alguien hubiese descubierto y fabricado aquel instrumento.”
Umberto EcoEl Nombre de la Rosa, 1980

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Reconozco que cuando leí la novela este pasaje me pasó desapercibido. Hombres en la mitad de la vida, ojos endurecidos… vaya, no iba conmigo. Cuando vi la película, unos cuantos años después, sí recordé las palabras de Eco – y eso que en la adaptación cinematográfica se cita casi a vuela pluma, como una pequeña anécdota graciosa. “Pobres” – pensé, o algo parecido – “Además de dejar atrás la primavera de su vida, quedaban inutilizados para el estudio y la lectura. ¡Y todo por algo tan simple como unas gafas! Vaya invento. Y no le damos importancia. Tendré que preocuparme por ello… en un futuro lejano”.

Hace unos meses cambié todas las bombillas de la casa. “Me parece a mí que las equivalencias entre las viejas incandescentes y las de bajo consumo no están bien calculadas” – me dije. Después cogí el hábito de limpiar las gafas de manera compulsiva – soy miope desde mi más tierna adolescencia, aunque no empecé a usar gafas hasta mucho más tarde (ésa es otra historia). Luego, bayeta y cristasol en mano, me puse con la pantalla del ordenador, la del móvil, la de la tele, el parabrisas del coche y las ventanas del corredor.

Una noche estaba yo cómodamente avalanzado sobre un libro – la nariz a dos centímetros escasos de la letra impresa – cuando mi santa me preguntó aquello de “Y tú ¿cuánto hace que no te gradúas la vista?” ¿Cuánto? Pupilas endurecidas, la mitad de la vida, etcétera.

Mano de santo, oigan. Ahora no me pierdo ni un detalle. Gracias al descubrimiento de Umberto Eco hoy estoy plenamente recuperado para la lectura, la escritura y el estudio.

Quod erat demonstrandum

Pd. Ahora ya en serio: Como hace tiempo que en la comarca nos quedamos sin establecimientos al efecto, tuve que bajar a la capital para graduarme la vista y allí, por casualidad – me di cuenta al ver el logotipo en la hoja de encargo – acabé en la óptica de Heptener. Ahora la regenta uno de sus hijos y mantuvimos una bonita conversación sobre la vida profesional del gran cronista fotógrafo de la Zamora del S.XX.

No le comenté nada de esa curiosa serendipia – ya he escrito otras veces sobre ello  – que me hace repetir, de manera inconsciente y sin conocimiento previo, los encuadres de su padre cuando intento fotografiar la Zamora más clásica.

La última vez, justo cuando recogí las nuevas gafas.

HeptenerCatedral

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La foto de Heptener la he visto en la página de facebook de Barrio de Olivares Zamora. Les recomiendo una visita a su asombrosa colección de imágenes de Zamora.

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21 comentarios en “Vista Cansada

  1. Hay que ver, lo que han mejorado las fotos desde que te has graduado la vista. Ayyy, yo también me preguntaba de pequeño porqué mi abuela no podía enhebrar una aguja, ahora lo veo tan claro…
    Abrazo.

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    1. Jjejeje Tejón, no sé si agradecerte el comentario sobre las fotos… o quedarme preocupado por las anteriores.
      ¡Un abrazo!

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  2. ¿Hasta Zamora por unas gafas ?…¡¡Como está la comarca !! Bueno, así nos trajiste esta bonita foto que a pesar de los elementos electricos está muy bien.
    Hace tiempo que utilizo los anteojos o gafas para leer y enhebrar la aguja pues tenía que ponerlos a un metro de distancia para conseguirlo. Vista cansada me dijeron, yo dije, vista quemada por el trabajo.
    Para una vida mas larga deberíamos traer un kit mejorado.
    El libro que mencionas no lo e leido, vi la película pero supongo que no es lo mismo. Hoy terminé Werther, el final es desolador.
    Un abrazo.

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    1. ¡El suicidio fue el mal del siglo romántico! No sé si Goethe retrató una realidad… o la provocó.
      Un abrazo, Inés

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  3. Bonitas fotos y excelente el pasaje de Eco. No lo recordaba yo tampoco. Adso de Melk alucinaría con las “gafas” del fraile de Baskerville. Un adelantado a su tiempo en todos los sentidos.
    Un saludo.

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    1. En la película, el papel de Adso lo representa Christian Slater… posiblemente la única película en la que ha intervenido que no ha conducido al desastre.
      Gracias, Cayetano, saludos

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  4. Jo, que novelón…. He leído Baudolino, El péndulo (ese a medias, que me perdía) y El cementerio de Praga, pero ninguno como El nombre de la rosa ¡Qué maravilla! Y la peli también ¿Dónde irían a por esos tíos tan feísimos para el casting? Bueno, en mi cole las monjas parecían una versión femenina de aquella abadía, hasta teníamos una “salvatora”

    Yo llevo desde niña queriendo usar gafas porque me gustan, creo que la gente está más guapa con ellas (toda no, desde luego ni con todas las gafas, yo me entiendo) pero veo estupendamente 😀

    Me gusta mucho más tu foto que la de Heptener… supongo que la digitalización no le ayuda

    Abrazo grande y feliz fin de semana

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    1. 🙂 Decía mi “santa” que no hacía falta poner gente tan fea, que la belleza interior de Sean iba a resplandecer de cualquier forma
      A mi la novela de Eco me entusiasmó, de esas que piensas “jo, qué bárbaro”. El Péndulo… pues yo no abandono ningún libro, pero a veces tardo años en volver a retomarlo – y todavía no lo he hecho. Así que la Isla, Baudolino y el Cementerio están esperando turno 🙂
      Un abrazo, Adra

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  5. Sí señor, eso es escribir bien e hilar bien las cosas.
    La foto de Xibeliuss se ve mucho mejor que la de Heptener, dónde va a parar.

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    1. Gracias, Juan. Como dice Adra más arriba, seguro que la digitalización no ha ayudado mucho a la foto de Heptener.

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  6. Cuantas veces nos pasan desapercibidos pasajes, que encontramos si volvemos a leer el libro.
    Mucho hace que se me endurecieron las pupilas… Daremos gracias al Señor, de que alguien descubriera y fabricara ese instrumento 😉
    Me quedo con tu foto de ese campanario. Preciosa!!!
    Buen fin de semana.
    Un beso

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    1. Gracias, Laura: la torre es de la catedral de Zamora; si no la conoces te recomiendo una visita urgente 🙂
      Abrazos

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  7. Esas fotos son maravillosas, sacadas desde un lugar muy especial, como es el arco de la calle del Troncoso, para mí, una de las más autenticas del casco antiguo de Zamora. Gracias a la gafas todavía podemos seguir aprendiendo.
    Un abrazo.

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    1. La vista de la catedral desde bajo el arco es muy buena, supongo que debe haber miles de fotos con encuadres precidos. Yo hablo de mi coincidencia de encuadres con Heptener, pero, ante la enormidad de su archivo, lo dificil es no coincidir con alguna de sus tomas, encontrar un ángulo que él no haya probado.
      Abrazos

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  8. Madredelamorhermoso, si no fuera por las gafas aquí “la” presente, sería mas cegata que Stevie Wonder. Yo, creo que nací con ellas, vamos, que no imagino mi vida sin ellas 🙂
    Bendito el que las inventó!!
    A mi también me gusta mas tu foto, la peli, una de mis favoritas

    Un abrazo y buen fin de!!

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    1. Jjajajaja Que no, que he visto una foto tuya que demuestra que no naciste con las gafas 😀
      Un fuerte abrazo, Arena

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  9. Unas buenas gafas ayudan, desde luego, pero no siempre, como le sucedió al parroquiano del cuento de Valera, que llegó a la Capital, por las fiestas y sin saber por qué se vio dentro de una óptica en la que había una señora probándose unas gafas. Se ponía unas y decía: con éstas no leo, con éstas no leo decía de las siguientes que se probaba también; así tenía siete u ocho pares sobre el mostrador hasta que dijo que con ésta sí leía. Las pagó y se fue. Emocionado el parroquiano, al ver aquello pidió probarse unas gafas, y tras las primeras las segundas, y así unas tras otras, y siempre decía: con éstas no leo. Cansado el dependiente acabó preguntándole: ¿Pero, usted sabe leer?, contestando el lugareño: si supiera hacerlo, ¿para qué querría comprar unas gafas?
    Igual que a ti te ha venido a la memoria el episodio de Eco, yo he recordado este corto cuentecillo. Moraleja aparte.
    Buenas fotos, por cierto.
    Un abrazo.

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    1. O, parecido: “Quod natura non dat, Salmantica non præstat” jejejee Delicioso el cuentecillo de Varela, dlt. Gracias por traerlo y un abrazo

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