Mientras tanto, en el Club de Lectura… (3)

Es frecuente escuchar a los autores decir aquello de “Mis personajes cobran vida propia y llevan las historias donde yo nunca hubiese previsto“. Casi es un tópico ya en las entrevistas. Por si le vale de algo mi opinión – la mía, que soy sólo un aficionado a esto de escribir – aquí se la dejo: a mí también me pasa.

Dolores y su marido Manuel Céspedes nacieron de casualidad hace ahora unos tres años y medio. Yo quería contar en una entrada del blog Igual te Interesa una historia real, sucedida en los primeros momentos de la II República y que había conocido, también por casualidad, a través de una canción de Chicho Sánchez Ferlosio. Tenía reunida abundante documentación sobre el episodio; pero, como otras veces, pensé que la mejor manera de transmitir el fondo de la historia era personificarla: crear personajes ficticios y escribir la narración desde su punto de vista. Así lo hice y así nacieron Manuel y Dolores. Y así estaba previsto que finalizase su andadura.

Si hay algún psiquiatra a la escucha, es posible que identifique como una patología lo que pasó después: los personajes insistieron en seguir contando su historia. Tardaron casi medio año en convencerme, pero me puse a narrar el viaje del Buenos Aires, el barco en el que sin sentencia ni proceso Manuel fue deportado tras los sucesos de la primera entrada. Tenía completados dos capítulos – y bosquejados media docena más – cuando me di cuenta que aquello no funcionaba. Le di todas las vueltas posibles y, al final, concerté una entrevista con ellos.

– Lo siento, chicos – les dije – Pero no puedo seguir.

Vi la desolación en sus caras

– Pero ¿Por qué?

– Por muchas razones. No dudo de la verosimilitud de vuestra historia: me he documentado a conciencia y sé que, aunque ficticia, pudo ser real; los acontecimientos encajan como una mano en un guante, pero… lo que sale es un tópico, un arquetipo. Algo sobre lo que ya se ha escrito mucho y mejor de lo que yo puedo hacerlo. Además, esto no se puede contar en cuatro cuentos entrelazados. Sería necesaria una novela, y de las largas. Yo ni estoy capacitado ni tengo tengo tiempo.

Noté cierto rencor en sus miradas. Luego estuvieron un buen rato cuchicheando entre ellos.

– Bien – dijeron – Entendemos tu postura, aunque no la compartamos. Hemos pensado que, tal vez, te interese entonces escribir sobre nuestro hijo…

– ¿Hijo? ¿Tenéis un hijo?

Y de esta manera conocí a don Toribio Carambola, un auténtico tarambana – pese a descender de tan heroicos padres – al que me sorprendió encontrar mezclado con el lumpen de barrio protagonista de La Estación de Chamberí. Toda esta jugada escondía un truco – quizás no podía ser de otra manera, si Dolores andaba por medio: para explicar a Toribio no quedaba más remedio que conocer sus orígenes. Y apareció El Viejo Filibustero, el tío Benjamín, que visitó al Toribio Niño para contarle la parte de la historia que su madre le escamoteó y, mucho más tarde, visitaba sus sueños en busca de una redención todavía no escrita – también aquí apareció por primera vez El Bosque al final de los sueños.

¿Les resulta enrevesado todo esto? Pues imaginen cómo tengo yo la cabeza: ¿de verdad no hay un psiquiatra en la sala?. La entrega de este mes de nuestro Club de Lectura se centra en otro episodio en la vida de esta pandilla, aunque creo que se puede leer sin conocer nada de lo anterior – o posterior. La Historia Completa sigue sin estar escrita, ni siquiera consolidada; por eso es posible que encuentren alguna incongruencia con relatos anteriores. Puede que se deban a la espera de una última y definitiva corrección… o que, al estar narrada por distintas voces, cada uno cuente la feria como le va en ella.

Para ponerse en situación:

Pd. Cuando comencé a escribir el relato de este mes sólo contaba con lo que pasó antes, lo que pasó después y una escena del cuento muy determinada. ¿Se atreven a apostar por cuál?

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7 comentarios en “Mientras tanto, en el Club de Lectura… (3)

    1. Gracias, Valverde. Espero que te guste.Son estos días ajetreados para vosotros 🙂
      Un abrazo

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  1. Tremenda historia la de Dolores, que habeis tejido muy bien. Me adapté bien a mi vida de criada, le cuenta a su hijo. Que no haría una madre por la seguridad de un techo y un plato de comida para su hijo. Sabes que yo soy muy emotiva y siempre siento empatía por algunos personajes. Lo he leído varias veces, la primera lloré, las demás pensé en tantas personas que vivieron situaciones similares en aquellos tiempos.
    Yo tambien me abracé con Dolores y con Jorge, piel con piel, por toda la soledad del mundo.
    Sigue contándonos historias mientras tanto….
    Un abrazo amigo.

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    1. Gracias, Inés. Una historia de tiempos duros, sí: las cosas fueron complicadas para la gran mayoría.
      Un fuerte abrazo.

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  2. Me gusta mucho ese disco… Yo que soy tan atea, creo a pies juntillas en esa novela… El del señorito Jorge es un hallazgo feliz. Un abrazo grande, artista.

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    1. A mi también: siempre es injusto hablar de “el mejor disco de…”, pero éste tiene todas las papeletas para ser elegido entre los de Sabina, con 8-9 canciones memorables.
      🙂 El señorito me ha tenido muy obsesionado hasta lograr retratarle en condiciones: tiene muchos matices y los esconde casi todos, el jodio.
      Un fuerte abrazo, Adra

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  3. Me acuerdo de Toribio y su madre, pero sobre todo de él, que anduvo por Guadarrama, que quedo medio sordo, y anduvo al fin en malas compañías ¿no? Fueron geniales aquellos textos. Un abrazo.

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