El tiempo y Kurt Vonnegut: así debe ser

Me gusta Rosa Montero. Más como entrevistadora que como narradora, debo decirlo y, aún así, a menudo estoy en desacuerdo con ella: como cuando dice que nunca se debe releer un libro. Reconozco que tiene sentido: tanto por leer, tan poco tiempo – si sumas películas, música, cómics, viajes, etc, es posible que la totalidad del círculo de la reencarnación hindú se nos quede corto a muchos – pero evitar la releectura nos privaría de placeres como, en mi caso, volver al Matadero Cinco de Kurt Vonnegut más de veinte años después (y con al menos veinte años más de experiencia).

Vonnegut por Mark Summer

Veinte años son nada” dice el tango arquetípico, y miente: a mí veinte años me han provocado agujeros en la memoria por donde caben obras maestras de la novela. Como el Matadero, sin ir más lejos. Hace poco escribí un cuento en el que se podía leer:

“Aquí el tiempo no es una línea en la que partes de un sitio y llegas a otro, en la que puedes ver hacia atrás pero nunca adelante. En la que sabes que hay un final irremediable, pero nada más, el trayecto es una incógnita. Aquí estamos en el centro de una esfera donde los momentos, todos los momentos, son puntos en la superficie. Todos están a la misma distancia y no hay nada que te impida verlos. Un acontecimiento nuevo es un lugar en el que nunca antes habías fijado la mirada. Pero eso no significa que no estuviera allí.”

y quedé muy satisfecho de mi ingenio. No recordé – aunque lo había leído ya – que en 1969 Vonnegut lo publicó así:

“Esta fue la primera vez que Billy se alejó del tiempo. Primero su atención empezó a recorrer el arco iris completo de su vida y llegó hasta la muerte, que era una luz violeta. No había nadie ni nada, sólo aquella luz violeta y un zumbido.”

y más:

“Todos los momentos, el pasado, el presente y el futuro, siempre han existido y siempre existirán. Los tralfamadorianos pueden contemplar todos los momentos diferentes de la misma forma que usted, por ejemplo, puede observar cualquier trecho de las Montañas Rocosas, Se dan cuenta de la permanencia de todos los momentos, y pueden contemplar cualquiera de ellos que les interese. Aquí en la Tierra creemos que un momento sigue a otro, como los guisantes dentro de la vaina, y que cuando un momento pasa ya ha pasado para siempre, pero no es más que una ilusión. Cuando un tralfamadoriano ve un cadáver, todo lo que se le ocurre pensar es que la persona muerta se encuentra en malas condiciones en aquel momento particular; pero sabe que aquella misma persona puede encontrarse estupendamente en muchos otros momentos.”

Hay diferencia, ¿verdad?. Vonnegout suele ser catalogado entre los escritores de ciencia ficción. Y sin embargo en Matadero Cinco él dice que lo que quiere transmitir es una imagen clara de una realidad que vivió: el bombardeo de Dresde  en el final de la Segunda Guerra Mundial, cuando era prisionero de un ejercito alemán en descomposición y restaban apenas tres meses para el final de la contienda.Y pese a todo, todo lo mucho que vio y vivió, no busca culpables. Sólo cuenta su sensación de irrealidad. De surrelismo en vivo y en directo.

Hay grandes escenas en Matadero Cinco. Otra de ellas nos la encontramos en las primeras páginas, cuando la esposa de un amigo del escritor, contraria a la guerra, le dice:

“—¡Entonces no erais más que niños!

—¿Qué? —pregunté.

—Durante la guerra no erais más que unos niños, como los que ahora juegan arriba.

Asentí. Era cierto, durante la guerra no éramos más que unos necios e ingenuos bebés, recién sacados del regazo de la madre.

—Pero no lo escribirás así, claro —prosiguió. No era una pregunta; era una acusación.

—Yo… no sé —balbucí.

—Pues yo sí que lo sé —exclamó—. Pretenderás hacer creer que erais verdaderos hombres, no unos niños, y un día seréis representados en el cine por Frank Sinatra, John Wayne o cualquier otro de los encantadores y guerreros galanes de la pantalla. Y la guerra parecerá algo tan maravilloso que tendremos muchas más. Y la harán unos niños como los que están jugando arriba”

Y él responde:

“—Mary —dije—, no creo que nunca llegue a terminar ese libro. Hasta este momento habré escrito por lo menos cinco mil cuartillas, y todas las he quemado. Sin embargo, si algún día lo termino, te doy mi palabra de honor de que no habrá ningún papel para Frank Sinatra o John Wayne… Y además —añadí—, lo llamaré La Cruzada de los Inocentes.”

No hagan caso a Rosa Montero. Hártense de rabos de pasa o vuelvan a Kurt Vonnegut. Y si no lo conocen ¡Corran a su biblioteca más cercana!

Así debe ser.

¿Pío-pío-pi?

Pd. La ilustración de Kurt es obra de Mark Summer. Pueden ver más de su trabajo aquí (creo que les va a gustar)

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7 comentarios en “El tiempo y Kurt Vonnegut: así debe ser

  1. Nunca nos desprenderemos de momentos pasados y presentes están ligados a nuestra vida.
    No voy a correr pero te aseguro que iré a buscarlo, me gustan estas historias.
    Un beso.

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  2. Daspastoras reflejaba algo parecido en un cómic: el viejo mutilado de guerra que contaba a los niños historias épicas de mil batallas hasta que quedaban ansiosos por incorporarse a la carniceria cuanto antes. Cuando los niños se iban, otro mutilado le preguntaba al primero “¿No te da verguenza, engañarlos así?” y la respuesta era “Es la única venganza que me queda. No pararé hasta que todos estén mutilados como tú y como yo”
    Seguro que a nadie que lea Matadero Cinco le va a dar por apuntarse voluntario a una guerra.

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  3. Yo soy de las que no hacen caso a Rosa Montero, monsieur. No pienso renunciar a releer algunos libros. Es una práctica deliciosa.

    Y me cuesta asimilar que haya gente que se apunte voluntaria a guerras lea o no lea Matadero Cinco.

    Feliz fin de semana.

    Bisous

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  4. En “Como una Novela” , un librito delicioso del profesro Daniel Pennac se incluye al final un decálogo del lector, entre los derechos de los lectores el primero es no leer en absoluto, el segundo, creo que era, es releer. Yo he releído libros hasta de Rosa Montero 😀 y no he leído Matadero cinco, pero me han entrado unas ganas tremendas 😀 seguro que lo acabo releyendo. Lo que no me gusta, pero nada, es Madame Bovary, y eso que el profesor Pennac incluía en el decálogo el derecho al bovarysmo que era una “enfermedad de transmisión textual”

    😀

    (También lo de Pajarito lo he releído muchas veces)

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  5. Nunca leí nada de Vonnegut, quizá vaya siendo hora.
    En cuanto a la opinión de Rosa Montero, lo siento pero seguiré releyendo, a ver si aprendo algo.

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  6. No conocía a este autor y me ha encantado, sobre todo el diálogo con la esposa del amigo. En cuanto a las relecturas, creo que es algo muy personal. El recuerdo que deja en nosotros un libro está muy relacionado, a mi parecer, con nuestro estado de ánimo de aquel momento, con lo que sabíamos y lo que ignorábamos, con lo que el libro nos descubrió, con la fascinación que ejerció en nosotros. Puesto que es imposible revivir ese pasado, a veces la relectura nos depara una decepción. Por mi parte, lo hago muuuuy poquitas veces. Besazos, querido amigo.

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