“…no alegrará mi efigie el censo de monumentos”

Escribí este texto hace cinco años, para “Igual te Interesa“. Hoy Javier Krahe ha decidido guardar definitivamente su tirachinas y, mira, creo que es un buen momento para recuperarlo.

JavierKrahe

Cuando yo era un crío había unanimidad entre los chavales del barrio en considerar a Dylan un pelma, a Neil Young un cursi que a veces soltaba algún guitarrazo y se decía que la escucha continuada de Leonard Cohen provocaba una catalepsia fulminante -posiblemente irreversible. Dentro del panorama nacional, figuras como Serrat o Labordeta nos inspiraban el mismo respeto que Paloma San Basilio: ninguno.

Nosotros estábamos en el Rollo. Escuchábamos a los Stones y el Made in Japan e íbamos, cuando eran gratis, a los conciertos de los grupos del selllo Chapa. En las revistas que compraban nuestras madres salían fotos de chavales cargados de imperdibles en un Londres muy lejano. Aquí teníamos a Ramoncín y algunos hablaban de la Banda Trapera del Río. Los más modernos se juntaban en el Drugstore de la calle Fuencarral: una panda de niños bien que tocaban en Colegios Mayores. Un día fuimos a tirarles cosas. Alaska medía medio metro -como ahora, pero no tenía las tetas tan grandes. Se llamaba Olvido.

Uno de los mayores nos llevó, en cuadrilla, a un local de la Cava Baja. Un sótano lleno de barbas, trenkas y pantalones de pana. Bueno, en eso no había mucha diferencia. En un momento dado, dos de los barbudos y un calvo con bigote abandonaron la barra a regañadientes, cogieron las guitarras y se pusieron a tocar sin más ceremonia. Sus canciones hablaban del tamaño del miembro viril, del entierro de Franco, de esposas adúlteras de vendedores de pararrayos. Una, muy celebrada, sobre lo triste que era Madrid -mira, como la de Leño. Yo me quedé impactado.

Tardé unos años en volver a verlos, ya cada uno por su cuenta. Hasta las “24 Horas del Estudiante y la Radio“. Otro hito: imagínense el Palacio de los Deportes de Madrid abarrotado. Anuncian por megafonía que el alcalde nos va a dirigir unas palabras. Quien más quien menos se teme un tostón de media hora. Sube al escenario Enrique Tierno Galván. “El que no esté colocado, que se coloque. ¡Y al loro!” Y se va. El Palacio se viene abajo. Allí, Joaquín Sabina demostró que ya era una estrella. Y Javier Krahe que también sabía apoderarse de las grandes audiencias. No quiso seguir por ese camino. Alberto Pérez, por su parte, vivió poco después sus minutos de fama reconvertido en posmoderno cantante de boleros. De los que nunca sabes si se lo está tomando en serio.

Desde entonces he visto a Javier Krahe tantas veces como he podido. Maneja el idioma al nivel de un poeta mayor -esas métricas- y es un original músico. Se siente a gusto en su papel: un grupo fiel de seguidores, locales pequeños, algún disco cuando se tercia. Si tenéis tiempo, os recomiendo ver el documental “Esta no es la vida privada de Javier Krahe” (Ana Murugarren, Joaquín Trincado -2006), disponible en youtube  Una buena manera de asomarse al personaje.

Podría llenar entera la sección de Versos Inauditos con sus letras, así que pondré un aperitivo y os reenvío a Proyecto Krahe por si os quedáis con ganas de más. Espero que sí.

Gracias a mi conducta vagamente antisocial
temo no verme nunca encaramado a un pedestal:
no alegrará mi efigie el censo de monumentos,
no vendrán las palomas a rociarme de excrementos.
Y es una pena, la verdad,
porque sería muy bonito
seguir de adorno en mi ciudad
sobre un bloque de granito.

(… Y todo es Vanidad – Corral de Cuernos, 1985)

Y si no soy quien soy, es una ingenuidad
creer que si me ahorco tengo libertad,
más que para escoger la soga.
¡Mi asesino es usted!, ¿ por qué no lo iba a ser ?,
representa la ley, simboliza el poder,
el poder y quién se lo arroga…”.
Aquí ya me indigné y di la carta al ujier,
-Archive esto por ahí- no lo podréis creer,
escribía arroga con h, escribía arroga con h.
Y las faltas así, desde hace ya algún tiempo,
es que no las aguanto me ponen a cien,
estaré atravesando un bache.

(Señor Juez – Aparejo de Fortuna, 1984)

Te conocí a media tarde
y a media tarde te pierdo,
minutos tuve tu risa,
minutos sólo tus besos.
Mi corazón entornado
tú lo querías abierto
de par en par,
de par en par lo querías
y yo guardaba silencio.

(Sortijas y gestos – Querencias y Extravíos, 2007)

“Para siempre esta vez,”-dijo- “me
voy a echar en brazos de Morfeo,
ya no te veré más, no me
puedes negar mi último deseo:”
Con un hilo de voz, el enfermo expresó,
su voluntad postrera
no diremos cuál fue, sólo que ella accedió,
¡bravo por la enfermera…!
Y fue al desabrocharse ella el quinto botón
de los seis de la bata,
que por la enfermedad, o bien por la emoción,
él estiró la pata…
Pero lo grave estuvo, en que estiró algo más.
Y un algo tan notorio
que los deudos al verlo exclamaron: ¡jamás!,
¡jamás iremos al velorio!.

(Don Andrés Octogenario – Valle de Lágrimas, 1980)

¡Hasta luego y gracias por todo, Javier Krahe!

Pd. ¡Y he terminado sin nombrar a George Brassens!

(Publicación Original: Abril de 2010)

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3 comentarios en ““…no alegrará mi efigie el censo de monumentos”

  1. Yo estuve en oyéndole en La Mandrágora… y en otros muchos más sitios ¡ay, cómo pasa el tiempo! Y se murió, cuántos ácidos versos quedaron sin componer y cuanto humor se podrá a llorar por no tener un autor como él que lo ponga sobre el papel… pero las flores que saldrán por su cabeza algo darán de aroma

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