París, Noviembre

Imagen Base: Janu Fotografíe

Nunca conocí París. Pero siempre lo tuve, siempre me quedó París: un París tan impostado como el final de Casablanca, un París más idea que ciudad, un acto de fe, un teorema. Un tópico. Una utopía. Todo a la vez.

Mi París era el Sena, el Louvre, Montmartre, Montparnasse. El Barrio Latino también. Era el quinteto de Django y Grapelli,un tango apache bien apretujado, Josephine Baker y el lamento en espiral del acordeón. Era Maxim´s y era el Moulin Rouge, el Folies, la Boheme y el existencialismo, una muchacha con boina y foulard, las cavas del jazz llenas de absenta y chanson.

Mi París era Picasso y Gauguin, Cézanne y Lautrec. David y Breton. Verlaine, Cocteau y Méliès. Simenon y el comisario Maigret. Les Humanoïdes Associés.

Mi París olía a baguette, a croissant, a Pernaud y a pastís. A perfume, a palacio, a cloaca y a mazmorrra. A mercado y a plebe, a nobles, a espadas, intrigas y guillotina.

Mi París era Serge, Jane, Brigitte. Jean Paul y Simone. Miles y Juliette. La Piaff y Montand. Era Trenet, Brassens y hasta Chevalier. Era L’Olympia y era el Bataclan. Era la espuma de los días de Boris Vian.

Mi París fue la Bastilla. Mi París fue la Comuna. Mi París tenía una playa oculta bajo los adoquines. Mi París podía ser molesto y lenguaraz como Charlie. Mi París era La Nueve el día de la liberación.

No voy a perderlo. No puedo. No quiero.

Imagen Base: Asunaphel

Imagen base 1: Janu
Imagen base 2: Asunaphel

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