Cuéntame un cuento

superman desde frank miller

“Yo No Sé Muchas Cosas, Es Verdad

Digo tan sólo lo que he visto.

Y he visto:

Que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos…

Que el llanto del hombre lo taponan con cuentos…

Que los huesos del hombre los entierran con cuentos…

Y que el miedo del hombre

ha inventado todos los cuentos.

Yo sé muy pocas cosas, es verdad.

Pero me he dormido con todos los cuentos…

Y sé todos los cuentos”

Letras: León Felipe
Música: Brad Mehldau TrioGoodbye Storyteller
Imagen: desde Frank Miller

La Europa de ideas serenas, democracia, cultura y dignidad está asustada, estupefacta y en fuga. Ah, bien, je suis Paris, qué hermoso; qué bonita esa torre Eiffel enmarcada en el símbolo hippie de la paz. Sólo que no estamos en paz. Que la guerra no sea la única solución a esta crisis polifacética e imprevisible no significa que pueda concebirse una solución sin la guerra. ¿Imaginan cuánto duraría un terrorista europeo con un arma en una mezquita siria?.Por eso ruboriza la reaparición de los eslóganes “No a la guerra” y “No en mi nombre“, justificados en el delirio castrense de José María Aznar, pero inconcebibles cuando la masacre de París obliga a adquirir conciencia de que la guerra no es un problema francés ni puede discriminarse desde el cinismo, el cálculo electoral, el miedo a la represalia o el pacifismo utópico. Por si todo ello fuera poco, nuestra extrema izquierda, ahí tienen a Podemos e IU, comparte objetivos con el islamismo radical: ambos están contra el capitalismo, contra el liberalismo, contra la Unión Europea, contra el euro, contra todo lo que significa modernidad. Y los nacionalistas, ahí tienen al PNV y ER, no les andan lejos, objetando al pacto antiyahidista. Dios, o Alá, los cría, y ellos se juntan. ¿Acaso no es el nacionalismo una especie de religión?. Es innegable que intervenciones militares atolondradas, sin objetivo, plazo y plan de salida claro, como la de Irak, así como el respaldo a las mal llamadas primaveras árabes rompieron el tiránico equilibrio en varios países musulmanes, eliminando a sátrapas que hubieran frenado en seco a los fanáticos de Alá combatiendo el terror con más terror, como era su costumbre. Es verdad que los bombardeos de la aviación de EE UU y sus aliados han causado las muertes de civiles. De muchos. Demasiados. Pero hay una diferencia. Cuando mueren inocentes, Obama lo lamenta. El ISIS lo celebra. No nos engañemos: para la gran mayoría de los periodistas, de los profesores, de los políticos e incluso de los ciudadanos de los países occidentales, tanto europeos como americanos y asiáticos, la libertad es una especie de regalo, un derecho con el que piensan que nacen y que deben disfrutar como los niños sus juguetes: hasta romperlos. No son los talibanes, son los socialistas y comunistas, los millonarios de izquierdas, los progres de salón, los funcionarios de la rendición. Son los de hace tres años, y treinta, y ciento treinta. Son los de siempre. Lo que nos hace recordar a otro héroe de la progresía occidental y huésped de Vladimiro Putin: Edward Snowden. Cuando esta semana el director de la CIA, John Brennan, afirmaba que ahora es más difícil identificar terroristas y desmantelar sus conspiraciones, el señalamiento a Snowden era más que evidente. Este traidor que sigue amparado en Moscú huyó a Rusia con múltiples detalles de los programas de seguimiento a estas organizaciones terroristas. Al hacerlos públicos dio la oportunidad a los islamistas del mundo entero de cambiar sus procedimientos de comunicación y hacerlos menos penetrables. Las familias de los muertos de París podrían tenerlo presente. Hay dos modalidades de zafarse de las responsabilidades de cada uno como miembro de una sociedad: la del pacifismo y los iconos amables, la propuesta de lanzar en paracaídas Yoko Onos que hagan la pedagogía del abrazo de civilizaciones. Otra consiste en descubrir la comodidad en la que vive la nación segundona que delega las tareas y no teme castigo porque no asume las consecuencias punitivas de la responsabilidad. Ambas modalidades proliferan en España. En su sociedad. En sus dirigentes. En esos aspirantes a dirigente que, como Pablo Iglesias, han hecho de la deserción el modo de cultivar un criterio propio. Difíciles de explicar a un niño, pero elocuentes para que los adultos las mediten en la vacuidad de su pacifismo. Hay que tomar partido. No es hora de seguir bañándose en las aguas tibias del buenismo. Uno se puede sentir muy satisfecho consigo mismo oponiéndose a la guerra, al “imperialismo neoliberal“, a la vigilancia policial y tal, pero los tiempos exigen debates constructivos y respuestas concretas, sin cerrar los ojos a la dura realidad de que en el mundo político real no hay más remedio a veces que ensuciarse las manos, sacrificar la pureza moral y elegir entre lo malo y lo peor. Y que tú tampoco eres París. Qué vas a ser París. París es esa ciudad donde la gente salió del estadio evacuado cantando el himno nacional, el que aquí abucheamos. Vale que la bandera francesa es la que eligió el pueblo para alzarse contra la opresión de la monarquía, vale que su himno fue un canto de guerra para defender esa Revolución contra los ejércitos absolutistas. París es esa ciudad donde los periódicos hablan de guerra sin tapujos, y donde el presidente socialista promete una respuesta sin piedad, «impitoyable». Al memo concejal antisemita madrileño seguro que el socialista Valls se le antoja un asqueroso genocida, un maltratador de esos niños entrañables que juegan al kalashnikov con parisinos como diana: «¿De verdad creemos que lo vamos a resolver con más bombardeos?», se pregunta, enternecido. No, el memo antisemita no debe preocuparse. Él no va a solucionar nada. Ni siquiera se le va a conceder el gustazo de meter a la comunidad judía en el cenicero de su coche. Lo suyo es cobrar. Y punto. París es (¿era?) la capital de un país que considera su libertad y sus valores algo mucho más importante que su miedo: hoy un alto porcentaje de los ciudadanos franceses están dispuestos a renunciar a parte de sus libertades a cambio de la seguridad, según un sondeo elaborado después de los atentados. Una encuesta elaborada por Ifop para ‘Le Figaro’ y RTL recoge un temor sin precedentes entre la población de Francia. Un 98% de las 910 personas entrevistadas considera elevado el riesgo de que se produzcan nuevos atentados terroristas, una preocupación en la que coinciden tanto las zonas urbanas como las rurales. El temor es tal que un 84% por ciento de los franceses están dispuestos a aceptar una limitación de sus libertades para que las autoridades mejoren la seguridad nacional. Asimismo, tres de cada cuatro son partidarios de detener a las personas que figuren en el denominado ‘fichero S‘, que agrupa a sospechosos de actividades contra la seguridad. La población gala, sin embargo, parece confiar en sus fuerzas de seguridad. Un 87% de las personas encuestadas consideran que son eficaces, pero sólo un 50% confían en el Gobierno en materia de seguridad. Un 59% comparte la opinión del presidente francés, François Hollande, de que “Francia está en guerra” contra el terrorismo tras la cadena de ataques del viernes. Un 62% considera que, dado el riesgo actual, debería suspenderse la acogida de inmigrantes y solicitantes de asilo.

Vienen a por nosotros, jesuis, y más vale que te vayas enterando. Te diré lo que eres: la próxima potencial víctima. Así que cuando subas a Facebook una velita por los muertos de París, sube otra por ti. Cuando aparezca el facineroso del Kalashnikov y empiece a liquidar a gente en el cine, la escuela o el supermercado, quizá pida a las víctimas que reciten un versículo del Corán, pero no les preguntará si son de izquierdas o de derechas. Matará sin prejuicio y sin piedad, llevándose por delante también a los tontos inútiles. Y acuérdate de por quién doblaban las campanas de Hemingway.

(Mixtape de frases extraídas de artículos de opinión de los “grandes medios” españoles, la mayoría de hoy 24/11/2015)

Pd. Si quieres paz, prepárate para la paz.

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