Tresillos

Poco antes de y media, ella se ha puesto ya la bata y el gin tonic y zascandilea con el mando en busca de otra ficción que le lleve a la cama. Me levanto del tresillo, Angus se levanta y mueve el rabo hasta la puerta, dispuesto a pasar el trámite, pero tampoco ansioso. Cierro la bolsa de la basura, compruebo que llevo tabaco y fuego, murmuro un hasta luego que creo que no se oye y los dos, el perro y su dueño, nos vamos.

niebla713

Abandono la basura en el cubo. Enciendo un cigarrillo. Angus ni siquiera tensa la correa elástica: se mueve apenas unos pasos por delante de mí, olisquea y levanta la pata una docena de veces. Cansado. Aburrido. Se hace mayor. Ha caído la niebla sobre la urbanización. Nada serio, las sombras se difuminan y las luces de las farolas pierden algo de contorno, lo suficiente para que haya menos vecinos – aún – por las calles. A cambio se ven más ventanas encendidas y suenan las televisiones tras las cristaleras. Se oye también el ruido de la autovía al otro lado de las pantallas acústicas.

Miro el reloj. Se acerca la hora y caminamos hacia tu bloque, Angus ahora unos pasos por detrás, teñidos de tibia desgana – ¿o acaso soy yo? Llegamos ante tu portal. Te intuyo tras las cortinas del salón, la luz entrecortada de la tele, Ramón en el tresillo, los niños que no se duermen, la basura en la cocina. Paso de largo. Doblo la esquina. Voy hacia los soportales que bordean el parque privado. El callejón de las miserias. De nuestras miserias.

No te retrasas mucho. Oigo el portazo del portal, el revuelo en los cubos de basura y al poco apareces en el contraluz del callejón, bata de felpa, chandal de felpa, chinelas de flores, besas con un mohín el aire en un punto cercano a mis labios y enseguida me cuentas tu cabreo con Ramón, con los niños, con las mamás del cole y con la señora esa que te manda textos para traducir en casa, que paga una mierda pero que algo es, aunque te tengan todo el día sin tiempo para nada. Angus se ha tumbado junto a la pared, en lo más oscuro de las sombras y aún así siento cómo bosteza – ¿o acaso soy yo? Ahí, en ese rincón tan oscuro, tú y yo echamos unos cuantos polvos no hace tanto, polvos apresurados, polvos apasionados, casi caníbales en nuestro anhelo, dejándonos morir entre aullidos silenciosos para no alborotar al vecindario. Y hoy te miro, miro tus chinelas de flores y tu bata de felpa, miro mis propias zapatillas, las manos al final de mis brazos y el cigarro que humea en una de ellas y no sé cuándo lo he encendido. Miro hacia la salida del callejón, miro la luz de una farola desdibujada entre la niebla.

Te vas. Y yo poco más he dicho que hola y adiós, y no se nota. Angus camina ahora con más ganas, pero yo no: ni quiero irme ni quiero volver. En casa ella se ha quedado dormida frente al televisor, el gin tonic a medio tomar, el mando a punto de caer entre sus dedos. En el sofá que tuvimos antes de este tresillo hicimos ella y yo el amor cuando fuimos jóvenes y todo estaba por venir.

Me tumbo sobre la cama y miro la luz de la lámpara. Fumo un último cigarrillo con el cenicero sobre el pecho. Apago la luz y paso otra noche sin dormir.

Fotografía: Autor no identificado, visto aquí

Anuncios

10 comentarios en “Tresillos

  1. Quizás en cada hogar haya un tresillo, o varios. Ese desencanto ante la realidad , la verdad fea de la vida, de la que hablaba un día. Entre las líneas se dibujan y se ven, se tocan, todas esas cosas que pasaban y ya no pasan, que eran y ya no son.
    La pasión se desvanece al día siguiente, como la niebla. Y Angus parece muy cansado…¿O quizás sea él?

    Jo, Xibeliuss…impresionante. Me lo he leído ya varias veces, y me lo leeré alguna más, seguro.
    Un fuerte abrazo 🙂

    Me gusta

    1. Gracias, Moni.
      Ha salido un poco triste esta vez, sí. Para no caer en desencantos, en rutinas, el primer paso es… negarte a caer. Como mínimo conseguirás retrasarlo 🙂
      Un fuerte abrazo.

      Me gusta

  2. Que buen relato, pausado, como el caminar de Angus, pero ni cansado ni aburrido y cargado de dudas que se dispersan en la niebla, Echaba en falta tus relatos cortos.
    Un abrazo.

    Me gusta

    1. 😀 No se te pasa uno, Arenita. Y mira que yo intento olvidarlos!!!!
      En serio: muchas gracias y un fuerte abrazo

      Me gusta

  3. Poco tiempo, mucho lío, el post lo leí en el móvil (los ojos me voy a dejar ahí) hace tres días, desde entonces llevo dándole vueltas… Como vuelvas siquiera a insinuar eso de que te falta talento te mando un nini de Pontevedra

    Me gusta

    1. Jjejejeje Rosa, los guantazos en papel y dentro de una urna, que hacen más daño y a lo mejor sirven para algo 😀 😀 😀
      Un fuerte abrazo. ¡Y relájate un poquiño!

      Me gusta

Los comentarios están cerrados.