Gormenghast

“Titus es el septuagésimo séptimo heredero de una cumbre que se desmorona, de un mar de ortigas, de un imperio de roja herrumbre, de las huellas del ritual, que se hunden en la piedra hasta los tobillos.
Gormenghast.
Ensimismada y ruinosa, cavila en la sombra: la mampostería inmemorial, las torres, los pasadizos. ¿Todo se desmorona? No. Un céfiro sopla por una avenida de chapiteles, un pájaro canta, un arroyo brota impetuoso de la corriente asfixiada. En el corazón de un puño de piedra se agita una mano de muñeca y su calor se rebela contra la palma yerta. Una sombra se desplaza. Una araña se mueve.
Y la oscuridad serpentea entre los personajes.
¿Quiénes son los personajes? ¿Y qué ha aprendido Titus de ellos y de su hogar desde el lejano día en que la condesa de Groan le diera a luz en una estancia llena de pájaros?
Ha aprendido el alfabeto de la arcada y el pasadizo, el lenguaje de las escalinatas sombrías y las vigas carcomidas. Los lóbregos salones acogen sus juegos, sus campos son los patios del castillo, sus árboles, los pilares.
Y ha aprendido que siempre hay ojos: ojos que vigilan, pies que siguen y manos que lo sujetan cuando se debate, que lo levantan cuando tropieza. De nuevo en pie, mira sin sonreír. Unas figuras altas se inclinan, algunas enjoyadas, otras harapientas.
Los personajes.
Los vivos y los muertos. Las figuras y las voces que llenan su pensamiento, pues hay días en que los vivos carecen de sustancia y los muertos están activos.”
Mervyn PeakeGormenghast, 1950

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