Una de piratas

 

«¿De qué me ha servido abandonar Puerto Príncipe, si en esta nueva identidad de Joshua Hicks sigo acudiendo a playas desoladas al amanecer para esperar señales de barcos piratas», se preguntó Sebastián Chandagnac atemorizado, mientras trataba de encontrar una postura cómoda entre las rocas y la hierba empapada de rocío. Se estremeció y se cerró más la chaqueta. Bebió otro trago de su petaca de coñac, y se sintió reconfortado, tanto por el alcohol como por la envidia del conductor que aguardaba en el carruaje a varios metros detrás de él.
Tim PowersEn costas extrañas1987

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