La Finca

En el principio fue La Finca, una extensión de huertas medio abandonadas y pastizales al norte de Las Ventas. No muy lejos de allí pasaba la carretera de Barcelona, donde el trasiego de mercancías había traído primero almacenes y luego algunas pequeñas industrias. A su alrededor fue creciendo un barrio de trabajadores, sin lujos, pero con aspiraciones. Cuando al fin erigieron la iglesia, el barrio se hizo parroquia y tomó su nombre: San Lucas Evangelista.

Pronto llegaron los años de la gran emigración, el tiempo en el que las ciudades tocaron a rebato y los pueblos se desangraron tras entregar su capital humano a cambio de desprecio e insultos. O de nada. No había entonces casas para todos ni dinero con qué pagarlas: surgieron así barrios enteros en cuestión de semanas, barracas levantadas en una noche a base de ladrillos de derribo, chapas, cartones o lo que cada uno se pudiera mercar. Con la ayuda de los vecinos y una propina al sereno para que mirase hacia otro lado.

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Nadie guardó recuerdo sobre el origen de la barriada en La Finca. Lo más probable es que un vecino de San Lucas llamase a un paisano para un trabajo, éste a otro y así. Las cercas mal puestas que habían cerrado las huertuchas no frenaron a nadie. En menos de un año había tres mil chabolas habitadas hasta los dientes entre los confines de San Lucas Evangelista y la ribera del arroyo Montañero, desde donde los barrios casi acomodados de la capital parecían al alcance de cualquiera. La Finca se repobló con emigrantes del norte de Extremadura, Salamanca y los montes de León. Entre ellos llegaron el Tío Tijeras, La Rita, Luisa María con cinco años y una falta de un par de semanas que acabó por ser el Currillo. Como tantos, levantaron su chabola en un instante. Como tantos, hubieron de buscarse la vida entre chatarra y. ropa vieja

El Tío Tijeras era merchero. Por generaciones su familia recorrió las ferias del noroeste. Fueron caldereros, afiladores, cuchilleros y esquiladores. También robagallinas y uñilargos, cuando el año venía torcido y no se apañaba el puchero. La familia de La Rita eran panaderos en Medina de Rioseco. Una familia castellana de bien, muy trabajadora, con sus dineros ahorrados. El Tío Tijeras la conoció un día de mercado. Entró a comprar unas hogazas y la encontró detrás del mostrador, con sus ojos rojos y su piel de nácar. Nunca antes había visto una albina. En aquel momento no supo que ella iba a ser la mujer de su vida. Pero ya no pudo pensar en otra.

Tres años después, otro día de mercado, se fugaron los dos. La Rita sólo pidió mil hijos y una casa donde criarlos juntos: el tiempo de las ferias se había acabado. El Tío le prometió mil hijos más – nunca imaginó otra forma de familia – y la casa, una casa fija… si así había de ser, así sería.

Y se plantaron en Madrid.

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Fotografía (1): Sistro-80

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10 comentarios en “La Finca

  1. “Y se plantaron en Madrid”. Como tantos que en aquellos años de la emigración hicieron lo mismo. La Rita de familia acomodada solo le pidió mil hijos, sin saber si los podría alimentar con la fuerza que da tener alguien que quiere compartir un futuro juntos. Y así fue como Madrid fue creciendo y los pueblos perdiendo. La idea era una vida mejor…Que se consiguiera es otra cosa ,,,,
    Para pensar …
    Un abrazo amigo.

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    1. “La idea era una vida mejor…Que se consiguiera es otra cosa” Y tanto.
      Creo que entonces, los “muchos hijos” no se planteaban en términos económicos, al menos no al principio del matrimonio.
      Gracias, Ines. Un fuerte abrazo

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  2. Ay….que maravilla, ir leyendo y viendo a la vez como se levantan las chabolas, oyendo el soniquete de los afiladores, viendo a la Rita con las manos manchadas de harina…

    La fotografía es espléndida

    Muchas gracias.

    Un beso

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    1. Gracias, Vega. Las fotos que estoy utilizando en estas últimas entradas son de una página llamada Deviantart. Me da la sensación de que ya no está en su mejor momento de popularidad, pero alberga magníficos trabajos gráficos de todo tipo: recomiendo la visita.

      Y sigo dando vueltas a esa falta, pero no encuentro otra frase mejor, o que a mi me lo parezca. ¿Alguna idea? 😀

      Un fuerte abrazo, Vega

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  3. Jo, si es que no falta detalle en como lo describes.
    Y no se presenta mejor el futuro, cada día que pasa es un poco más gris tirando a negro.
    Que buenas las fotos que has elegido..

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    1. Gracias, Jesús. Decía Juan Madrid, un escritor de novela negra, que él era “Optimista, porque no puedo creer que lo que ya hemos pasado sea lo mejor que podemos esperar”. Yo también intento verlo así, aunque a menudo cueste.
      Un fuerte abrazo

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  4. Soy de las que siempre se pregunta cómo empezaron las cosas. O por qué.
    Porque el final, aunque nos cueste reconocerlo, ya lo sabemos.
    Y me gusta porque la vida es un poco planear nuevos principios cada día, un empezar de cero constante, parece que mirando desde ahí, somos algo libres.
    Que bien hlivanas Xibeliuss. Mi madre, que fue costurera, me dice siempre que hilvanar es fundamental; yo no hilvano nada bien, nunca la creí…
    Y por eso lo bordas. Porque lo bordas!
    Estoy deseando saber que camino toma el Tío Tijeras una vez en Madrid. Una vez que deciden juntos un nuevo principio, y con que engrasan (o no) el único motor que nunca debería fallar, la ilusión….Quién sabe….
    No nos hagas rabiar, se me hacen muy cortos 🙂
    Un fuerte abrazo Xibeliuss 🙂

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    1. Gracias, Mónica. ¿Sabes? Me siento muy identificado con lo que dices de hilvanar. Muchas veces me siento así, uniendo retales con hilo fino, que permita al trapo moverse para cualquier lado pero nunca separarse del tronco del vestido 😀
      ¿Quién sabe? De momento el Tío Tijeras tiene el protagonismo porque estamos en eso, en el principio. Luego, ya iremos viendo todos (¡espero!)
      Un fuerte abrazo

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  5. Me recuerda las novelas sobre la emigración a Madrid o a Barcelona, como fueron creciendo chabolas que se levantan en una noche y si tenían tejado ya no se podían derribar, familias que huían de la pobreza de los pueblos esperando encontrar una vida mejor, aunque en muchas ocasiones no fuera así.
    Historias de gentes luchadoras.
    Un abrazo.

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    1. Hay grandes y emocionantes obras sobre la emigración, los barrios humildes y el chabolismo, sí: dos de las que más me han gustado son la novela “Tiempo de Silencio” y el cómic “Barrio”, de Carlos Giménez. De hecho, creo que éste último es quien mejor lo ha contado.
      Abrazos, Valverde.

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