Lejos de casa

Buenos días, Catalina, buenos días mi dolce amor. Espero que al recibo de la presente te encuentres bien; yo bien, gracias a Dios.

No quiero que te enfades conmigo, ni que te formes malos pensamientos si tardo en escribir. ¡Qué más me gustaría a mí que poder dedicarte todo el tiempo de mi vida, o, mejor aún, quedarme a tu lado y no partir jamás! El tiempo es algo que cuesta dinero aquí en la ciudad y conseguir dinero es lo único que me retiene, lo único que me impide volar hacia tus brazos, hacia el nuesu fogar.

Porque, oh, Catalina, esta ciudad es un desbarajuste monumental y todos andamos atareyáus día y noche, correteando de un lado para otro como polos sin cachola. En mis primeras semanas no entendía el porqué de tanta priesa, y hasta llegué a preguntar a un paisano a ver si estábamos persiguiendo a alguien. “Tú, no sé” – me dijo – “Yo voy siempre detrás de los cuartos. ¡Y no veas lo que cuestan de acanzare!” Mi niña, tú sabes que nunca me asustó el trabayu: no le temo a la azada, ni al arado, ni a la foz ni a la gadaña; pero aquí me siento tan perdido… Esto no es lo mío. Demasiado a menudo me digo que para lo que estoy ahorrando aquí más me valdría estar allí en nuestra casa, a la solombra de la parral.

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En tu última carta me preguntabas por la moda que visten las grandes damas de la ciudad. Verás, no es fácil encontrar damas en los barrios por los que me muevo de habitual, así que pregunté y me dijeron que lo mejor era bajar una noche hasta el centro, donde la calle de los grandes teatros, para poder ver alguna dama de verdad. Lo hice por ti, y debes creer lo que te voy a decir, porque pude comprobarlo con mis propios ojos: estas señoronas llevan casacas de pieles y faldas con ricos bordados, sombreros de plumas y joyas que resuenan como cascabelus en cuanto se mueven. ¿Colores? ¡Todo un arcu la vieya! ¿Perfumes? ¡Toda la calle olía a flores! Pero, cuando para entrar al teatro se despojaban de la chamarra, todas ellas, no una ni dos, ¡llevaban los hombros al aire y aún diría que las mismas tetas, así que fueran terneras! Tal como lo vi, lo cuento: dudo de si realmente aquello era un teatro o una casa para tomar los baños.

No digo que todas las mujeres de la ciudad sean de esta manera. Hay también chicas muy hermosas, tanto como puedas imaginar, con rotundas formas, mexellas de nata y llabius del color de las rosas. Pero también tengo que decirte algo con respecto a esto: conozco a un tipo que intentó golere de cerca una de esas rosas y todos los colores de tan bonito caretu se los llevó pegados a las barbas. No las querría para mí, mi amor, ni aunque nunca te hubiera conocido.

¿Te acuerdas de Miguelón, el pequeño de la ti Mercedes? El que se vino para la ciudad hace ya unos años. Me lo encontré el otro día, cruzando yo la cai Alcalá, él me vio y detuvo todo el tráfico con un solo xestu de la mano. Y allí estuvimos un buen rato falando de nuestra tierra y de los viejos tiempos, hasta que ya la gente se puso cansona y Miguelón tuvo que asoplare el chifratu y dejar que los coches circulasen de nuevo. ¡Es un tío poderoso aquí! Dice que aguantará un año más y después volverá a su casa. A nuestra tierra. Es lo que todos decimos, aquí en la ciudad, aunque algunos ya peinan canas, y no una ni dos precisamente.

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¡También he conocido al rey de España! Bien, lo vi desde lo alto de un tranvía. Daba un discurso sobre la gran nación que somos, los esfuerzos que debemos afrontar y lo mucho que le gustaría conocernos a todos para agradecernos uno a uno nuestro incansable trabajo. Tú sabes que en esto yo pienso como el mayestru, que estos sólo se acuerdan de nosotros cuando necesitan manos baratas para sus obras o carne de cañón para sus guerras. Aún así le aplaudí, que el diañu me lleve, cuando terminó el discurso le aplaudí con todas mis fuerzas, como todos los que estaban a mi alredor. Ya que el año pasado anduvo por la Villa y por el Llagu tal vez ahora piense en nosotros más de seguido y hasta quizás arreglen los puentes que llevó la enriada. Igual hasta nos hacemos amigos ahora, ya ves.

Bueno, cariño mío, mi dolce amor. Debo dejar esta carta ya y seguir corriendo detrás de los cuartos, donde demoñus estén. Sabes que todo lo cambiaría por estar en tus brazos, allí en nuestra tierra, a la solombra de la parral; pero más necesitamos el dinero y así habrá de ser hasta xuntarlo, y ni un minuto más.

Te quiere…

(Adaptación libre de la canción tradicional irlandesa “Mountains of Mourne”) 

Foto 1: Autor desconocido, vista aquí.

Foto 2: Propia

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24 comentarios en “Lejos de casa

  1. Cuantos lo han dejado todo y están dejándolo todo en pos de los “cuartos”. Desubicados fuera de su patria chica arrancados de sus raíces. Y si es fuera de países de origen mucho peor. Un texto muy actual. Un abrazo

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  2. Diría que una carta como esta o parecida recibieron muchas Catalinas o Teresas o Angelitas, hace un siglo. La mayoría de ellas llevarían la carta a alguien que se la leyera pues ellas salvo que fueran de familia de posibles, no se las daba formación en las escuelas de ese rey al que él aplaudió.
    Viendo de que sirvió ese alejamiento duro de los brazos de su amada y de su tierra en la que todo lo que construyó con los “cuartos” que ahorró se ha perdido; más valía que se hubiera quedado sentado bajo la parra.
    Pero el ser humano se mueve por impulsos, siempre buscando lo que tal vez tiene al alcance de la mano sin ir más lejos pero no lo sabe. Al menos ellos sabían que volverían con su Catalina o su Teresa del alma…Y compartieron con sus vecinos lo que fuera aprendieron.
    Gracias amigo por esta memoria y este lenguaje que nos acercas.
    Fotos y música hermosas.

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    1. Tienes razón, Inés. La mayoría de las Catalinas y de sus galanes, en esas épocas, tendrían que buscar ayuda para leer o escribir las cartas. De esta generación creo que muchos sí volvieron a sus casas. La siguiente ya no.
      Un fuerte abrazo, Inés.

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  3. La canción es preciosisíma… la tengo puesta de banda sonora para seguir pintando 😀 aunque yo creo que los ACDC que son los que me acompañan siempre que la tarea me es tediosa y urgente me daban más brío… Esta canción es demasiado bonita y si encima nieva tras los cristales… yo es que soy muy tontorrona 😀

    Los palabros son muy de la tierra de mi Santo, que es berciano, sobre todo esa e añadida a los infinitivos que hace mis hijos y sus primos mayores se burlen despiadadamente de su abuela cuando les dice que si no quieren cenare… y en definitiva todo el post me ha traído una morriña extraña… eso que dice Sabina en la canción que más me gusta; que no hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió… Eran muy pobres sí, tenían mala suerte, sí, pero tenían una dignidad, un coraje, una capacidad de lucha y de felicidad que nos hubieran legado… y no nos dejamos. Ahí lo perdimos todo.

    Un abrazo

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    1. Buf, es complicado. Yo sólo conozco a esta generación de segunda mano, mis abuelos se fueron antes de poder transmitirme sus vivencias. Uno de ellos murió trabajando “lejos de casa”, con treinta años recién cumplidos y dejando a su esposa con tres bocas que alimentar – la mayor no había cumplido los cinco. Mis otros abuelos y abuelas murieron en sus casas, cuando yo era demasiado niño: no pude conocer de primera mano sus motivaciones, cómo se sentían, qué les impulsaba. Mi abuelo sanabrés viajó como emigrante al menos una docena de veces: Madrid, Cuba, Argentina, Sevilla, Marruecos, Barcelona… el paquete completo. Y murió en su cama, la de la casa que había arreglado cuando se casó, en la misma que había muerto mi abuela.
      ¿Nostalgia? Es difícil para mí sentirla. Todo lo que conozco me dice que la situación era demasiado dura como para idealizarla. Sí enormes ganas de prestar aunque sea un mínimo homenaje. Porque se lo merecen. Porque creo que nunca lo tuvieron. Y porque quizás antes todavía fue peor, pero ellos trataron de cambiarlo.
      Un fuerte abrazo, Vega. Ah, aquí también ha nevado esta tarde. Al final tampoco estamos tan lejos. Y del Bierzo menos aún 😀

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  4. Qué va a ser de ti, lejos de casa… que diría la canción.
    La ciudad puede ser un monstruo de mil brazos, pero sin corazón, que te devore. A un conocido mío que vino del pueblo a trabajar, le extrañaba mucho que la gente que se topaba por la calle no le saludase, como en su localidad de origen.
    Un saludo, Xibelius.

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    1. 😀 A mi pequeñajo le pasó lo mismo la primera vez que bajamos a la ciudad: él saludó a todo el mundo.
      Gracias, Cayetano. Un abrazo

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  5. “Hasta xuntarlo, y ni un minuto más…”
    Y así se nos pasa la vida.
    Me imagino la cara de Carolina cuando le cuenta su amado que a las mujeres que van al teatro se les ven las tetas como a las terneras…Yo pienso como él, como el mayestru, en lo tocante a las figuras de poder…Y, sin embargo, espero conservar aún algo de esa inocencia, de esa frescura que destilan sus letras, llenas de novedad y de esperanza.
    Que sabemos ahora más que aquellos, lejos del hogar, y como acaban los cuentos…Pues lo dudo 😉
    Y conste que soy una gran defensora de las ciudades, de lo que representan, excepto por todos sus inconvenientes. Me pasa igual con los pueblos. Una pura contradicción;)

    Me ha emocionado Xibeliuss, un enorme abrazo:)

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    1. Conmovedor, Xibeliuss. En mi caso me ha traido recuerdos recientes…, de cuando estuve expatriada en Buenos Aires y Colombia… , y algunos más lejanos y ancestrales de mis antepasados… Me quedo también con una frase escogida en otro comentario “Hasta xuntarlo, y ni un minuto más…” En esas estamos…

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      1. ¡Diáspora! Entonces… ¿ya estás con la luna al derecho? 😀 Me alegra mucho, tanto como saber de tí.
        Pues eso, esperemos que ya esté todo xunto; y si no lo está, que se pueda terminar de xuntar aquí.
        Gracias por volver.
        Abrazos

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    2. Hay conocimientos que se pierden en un par de generaciones. Y así nos va, que acabamos tropezando con las mismas piedras que tropezaron nuestros abuelos. Y lo peor: en las mismas en las que tropezarán nuestros nietos. A lo mejor es que queremos convencernos a nosotros mismos de que jugando las mismas cartas en el mismo orden el resultado puede ser otro. Uy.
      Jjejeje Suscribo al 100% tu frase: “soy una gran defensora de las ciudades, de lo que representan, excepto por todos sus inconvenientes. Me pasa igual con los pueblos. Una pura contradicción”
      Gracias, Moni. Un fuerte abrazo.

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  6. Emocionante lectura, cargada de nostalgia aunque tu no la sientas, a mi me evoca vagos recuerdos de los que volvieron de hacer las américas sin maletas ni equipaje pues decían haberlo perdido cuando se bajaron del barco.
    Un abrazo.

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  7. 😀 ¡Nostalgia es una palabra complicada! Me he ido al diccionario y dice algo así: “1. f. Pena de verse ausente de la patria o de los deudos o amigos.2. f. Tristeza melancólica originada por el recuerdo de una dicha perdida.” La primera puede encajar (mejor si incluyese también “tiempos pasados”), la segunda un poco menos. Aparte del momento pedante (de verdad que no es mi intención) lo que no quiero es caer en una falsa idealización de una etapa muy dura, como le digo a Vega.
    ¡Gracias! Un fuerte abrazo

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  8. Mucha gente hay por ahí, en los madriles, y en el extranjero, que escriben cartas a sus respectivas Catalinas, en términos parecido, solo parecidos. Obviamente, donde digo cartas quiero decir guasapes algo insustanciales, pero la carga es la misma, desgraciadamente, hay que buscarse los cuartos donde los haya, que aquí, los que hay, los atesoran unos pocos.
    Me ha encantado ell tono general, y esas incursiones en lo astur.

    Un abrazo, Xi

    · LMA · & · CR ·

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  9. Pues es verdad que ya no se escriben cartas así, pero no hace mucho leí una de un soldado de la guerra de Africa escrita a su novia, que me ha venido a la memoria al leer esta a Catalina. Son como pequeños testimonios de otras épocas.
    Un saludo.

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    1. He tenido ocasión también de leer alguna de esas cartas de la guerra de Marruecos. Al parecer a veces se utilizaban por los “rebeldes” para pedir rescate a las familias de los soldados prisioneros. Recuerdo una de un teniente que contaba como habían masacrado a todo su destacamento y las horribles condiciones de su prisión, pero acababa diciendo algo así como “ahora yo estoy bien, espero que vosotros también”. Uf.
      Saludos, dlt.

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  10. En este tiempo y en el pretérito los paisanos emigran desde el campo a la ciudad buscando una vida mejor. Ahora incluso cientos de españoles hacen los propio al extranjero, pero ya no es mano de obra habituada solo a las faenas del campo, sino con estudios superiores. En todo caso, unos y otros desean volver. La morriña les persigue allá donde vayan, asombrándose de las costumbres de los nuevos lugares donde comienzan a vivir.
    Un saludo

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    1. Así es, Carmen. Las migraciones son consustanciales al ser humano: siempre las ha habido y siempre las habrá. Y posiblemente con la morriña pase lo mismo.
      Gracias por pasar. Saludos

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  11. La adaptación a la ciudad resulta difícil, cansa más el desplazarse que el trabajo. Toda la carta rezuma morriña, pensando en volver lo más pronto posible, pero la realidad hace que ese regreso se demore, como a tantos le ha pasado.
    Un abrazo.

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    1. Cierto: muchos nunca volvieron de “las américas” y a partir de los ´50 la gran mayoría ya no retornó de las ciudades más que en vacaciones o tras la jubilación. Y el mundo rural quedó herido de muerte.
      Abrazos

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