Búsquedas

“Abrió una puerta y me encontré con lo que parecía la redacción de un periódico. Separadas por mamparas, encerradas en cubículos, había decenas de personas trabajando. Escribían a máquina, hacían cuentas, consultaban mapas, guías de la ciudad, planillas, hablaban por teléfonos negros. Algunos hacían las cuentas con los dedos, otros usaban calculadoras o ábacos.
—Se supone que buscan finales. ¿Por qué hacen cuentas?
—Yo desarrollé el método Bonet. ¿Ha oído hablar de él?
Negué con la cabeza.
—Es un procedimiento científico para averiguar el final adecuado para una historia. Consiste en encontrar el coeficiente de la historia, que es un número. Puede ser el 417, por ejemplo, o el 10.032. Ese número es el alma de la historia. Y a ese número le corresponde un final equis.
—¿Y cómo se llega a ese número?
—A través de operaciones matemáticas. Todos los elementos de una historia cuentan: unos suman, otros restan. Tomemos un ejemplo famoso: Caperucita. A mí me gusta mucho la historia de Caperucita porque yo, a pesar de que ya soy mayor de edad, aunque no se me note, y a pesar de mis contactos con las altas esferas del poder, soy en el fondo una niña inocente que trata de llegar al otro lado del bosque.
En una hoja anotó lo siguiente:
El bosque: 70.
El lobo: 18.
Color rojo: multiplicar por dos.
Abuelita: 1.
Hubo otros elementos más que no llegué a leer, pero al final:
—Por cinco, dividido 3… 421.
Una vez que tuvo el número, la señora Bonet consultó un libro de tapa negra en cuya portada se leía: Manual Universal de Finales, por Paciencia Bonet. Pasó las páginas con prisa:
—Aquí está el final que buscábamos: “Y fueron felices y comieron perdices”. Y sin necesidad de pasar frío entre objetos perdidos.
—¿Todo ese método para llegar al típico final feliz?
—¿Feliz? No para las perdices.
Paciencia Bonet me acompañó hasta la puerta.
—No le pido que tome una decisión ahora. Pero si no me llama en un par de días, tal vez decida arrebatarle al viejo Sanders su Oficina de Objetos Perdidos. Ya sabe —señaló el techo— tengo mis contactos en las altas esferas… No me haga esperar mucho, no confíe en mi nombre. Somos tres hermanas y mi padre decidió ponernos de nombre las tres cosas que hacen falta en la vida: Plata, Salud y Paciencia. Pero se equivocó con las tres: Plata es pobre, Salud vive enferma y yo, señor Brum, soy muy impaciente.”

Pablo de SantisEl buscador de finales, 2009

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17 comentarios en “Búsquedas

    1. Me temo que la señorita Bonet pertenece al género “lobo de cuento”. Si yo fuese el señor Brum andaría con pies de plomo (y una carlanca al cuello).
      Saludos, Cayetano.

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    1. Yo he conocido a Pablo de Santis con este libro y ya tengo un par más en espera. Me ha gustado mucho. Creo que normalmente se dedica a la literatura juvenil.
      Saludos, Santiago

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  1. Me gusta la historia ¿cuál será su número? Los nombres me recuerdan a una familia de uno de los libros de Terry Pratchett, Lores y Damas: “Verán, las cosas ocurrieron más o menos así: los Carretero eran una discreta y respetable familia de Lancre que se hizo cierto lío cuando llegó el momento de poner nombre a sus hijos. Primero tuvieron cuatro hijas, que recibieron los nombres de Esperanza, Castidad, Prudencia y Caridad, porque poner nombres de virtudes a las niñas es una antigua tradición que no tiene nada de raro. Luego nació su primer hijo, y como sus padres tenían una idea un tanto equivocada de cómo funcionaba aquello de poner nombres lo llamaron Ira Carretero, después de lo cual les tocó el turno a Celos Carretero, Bestialismo Carretero y Codicia Carretero. Como ya se sabe que la vida da muchas sorpresas, Esperanza resultó ser una depresiva, Castidad acabó disfrutando de la vida como dama de afectos negociables en Ankh-Morpork, Prudencia tuvo trece tojos, y Caridad esperaba recibir un dólar de cambio después de haber entregado setenta y cinco centavos, mientras que los niños crecieron para convertirse en hombres afables y de excelente carácter, y Bestialismo Carretero era, por ejemplo, muy bondadoso con los animales.”

    La foto ¡uf! qué buena foto, transmite tranquilidad, sensación de estar a gusto y disfrutando, lo que hace el ciclista relajado en el malecón.
    Salu2

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    1. ¡Qué grande, Terry Pratchet! Me encanta Mundodisco.
      La foto la pasé a b/n porque en color me parecía casi de catálogo de viajes 😀 ¡Y no era la idea!
      Saludos, JC

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  2. Que historia más curiosa. Estaría bien a veces poder buscar el final para una historia, un cuento, o una vida. O quizás, no tanto…
    Los finales me inquietan, pero no me desasosiegan del todo. Creo que la clave está más bien en los principios. Y creo también que los finales son, en definitiva, nuevos principios. Nos pasamos la vida temiendo los finales y buscando los principios. Supongo que en ese temor y en esa búsqueda hay más respuestas que en lo que pretendemos encontrar.
    La foto me encanta, y me produce mucha felicidad, y muchas ganas de seguir buscando.
    Gracias Xibeliuss:)
    Un fuerte abrazo

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    1. ¡Gracias, Moni!
      Calcular los finales por reglas matemáticas… uf, ni para los libros lo quiero. En esta novela, el viejo Sanders, rival de Paciencia Bonet, encuentra los finales adecuados en su Oficina de Objetos Perdidos… Algo mucho más adecuado, donde va a parar.
      Un fuerte abrazo, Moni. Y no dejes de buscar 🙂

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  3. Quien pudiera tener ese libro de los finales. Aunque por otra parte te restaría libertad y muchos finales serían idénticos. Me ha encantado . Abrazos

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  4. La foto es como… no sé, la definición de la pureza o algo así. Tú me entiendes. Y menos mal que me entiendes tú 🙂 El texto es una maravilla, pero miente. Todos los finales son él mismo repetido, ya lo dijo Sabina.

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    1. 🙂 🙂 🙂 Que si, Vega, que yo te entiendo, de verdad…
      Sabina tiene razón, pero tampoco: el diablo está en los detalles.
      Un fuerte abrazo.

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  5. La foto me parece impecable. Hay que ver lo bien que trabajas el blanco y negro. Chapeaú.
    En cuanto al final, yo tiraría de las proposiciones del Sr. Vladimir Propp. Según tengas el día, que paras en la una o en la treinta y una. O permutas como te parezca.
    Otras solución, escribes tres posibles finales y los metes en una bolsa, y vas a buscar a Caperucita, la mano inocente.
    https://es.wikipedia.org/wiki/Vlad%C3%ADmir_Propp

    Un abrazo, compañero

    · LMA · & · CR ·

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    1. ¡Caray con Propp! No lo conocía, pero me va a ser muy útil. me voy a hacer una baraja de tarot con sus principios como arcanos y ya tengo solucionados los problemas.
      Ummm… fíate tú de las manos inocentes de capas rojas que van solas por el bosque 😀
      Abrazos, Ñoco

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  6. Los números no sirven para narrar los sentimientos ni las decisiones que tomamos en cada momento. Dicen que todo se reduce a la química, pero yo tengo mis dudas. Al fin y al cabo somos imprevisible: números fuera.
    Un saludo

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