El déficit, la austeridad, Stiglitz y España

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Esta entrada contiene un

AUTÉNTICO TOSTÓN SOBRE ECONOMÍA.

Si cree que no va a ser interesante, salga de aquí cuanto antes.

crisis española

“Si yo quisiera que me entendieras, lo habría explicado mejor” Johan Cruyff

Según wikipedia Joseph Eugene Stiglitz es un economista y profesor estadounidense(1) nacido en 1943, considerado generalmente como un seguidor de la Nueva Economía Keynesiana y, por lo tanto, crítico con la globalización, con los economistas de libre mercado (los neoliberales) y con algunas de las instituciones internacionales de crédito como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Resumiendo mucho: si la literatura económica neoclásica tradicional dice que los mercados son siempre eficientes excepto por algunos fallos limitados y bien definidos, Stiglitz, por el contrario, afirma que esa eficiencia sólo se podría dar bajo circunstancias excepcionales y, por lo tanto, un rango “óptimo” de intervenciones gubernamentales resulta beneficiosa para todos: “Las teorías que desarrollamos explican por qué los mercados sin trabas, a menudo, no sólo no alcanzan la justicia social, sino que ni siquiera producen resultados eficientes. Por determinados intereses aún no ha habido un desafío intelectual a la refutación de la mano invisible de Adam Smith: la mano invisible no guía ni a los individuos ni a las empresas -que buscan su propio interés- hacia la eficiencia económica.”

Nunca se contó la Economía entre mis asignaturas favoritas. Sin embargo, me empecé a aficionar a ella a raíz de la crisis de 2008 y a mi duda/certeza sobre si se trataba realmente de una crisis o de una estafa monumental, un golpe de mano digno del Equipo A -sólo que perpetrado por los malos. Mi formación económica es autodidacta y no alcanzo siquiera el nivel de aprendiz; sin embargo entiendo mucho de lo que dice Stiglitz y me parece muy razonable. Y, de cara al público no especializado, también me resulta concreto: aunque en ocasiones recurra a tecnicismos – es natural – no los utiliza para esconderse tras ellos, como parecen hacer otros. Quiero compartir con ustedes un fragmento en el que habla de los efectos de la crisis en nuestro país:

España se encuentra sumida en una depresión. Esa es la única palabra que se puede emplear para describir su economía, en la que casi uno de cada cuatro trabajadores está parado, y la tasa de paro juvenil asciende a casi un 50 por ciento (en el momento en que este libro se entregó a la prensa). El pronóstico para el futuro inmediato es más de lo mismo, quizá un poco peor. Todo ello a pesar de las promesas del Gobierno y de los altos cargos internacionales que recetaron paquetes de austeridad para España, según los cuales, a estas alturas se habría restablecido el crecimiento. Han subestimado reiteradamente la magnitud de la desaceleración que esas políticas iban a provocar, y en consecuencia han sobreestimado en gran medida los beneficios fiscales que iban a derivarse de ellas: las desaceleraciones más profundas desembocan inevitablemente en ingresos menores y en un mayor gasto en programas de desempleo y bienestar social. Pese a que luego intentan echarle la culpa de nuevo a España por incumplir los objetivos fiscales, la auténtica responsabilidad debería recaer sobre sus erróneos diagnósticos del problema y sus recetas consiguientemente equivocadas […]

Las implicaciones de la creciente desigualdad en España y su profunda depresión deberían ser profundamente preocupantes de cara a su futuro. No se trata de que sus recursos se estén echando a perder, sino de que el capital humano del país se está deteriorando. En España, las personas cualificadas no encuentran empleo y están emigrando; hay un mercado global para los españoles dotados de talento. Que vuelvan o no cuando la recuperación se produzca —y en el supuesto de que lo haga— depende en parte de cuánto dure la depresión.

Los problemas de España en la actualidad son en gran medida el resultado de la misma mezcla de ideología e intereses creados que (como describe este libro) condujeron a la liberalización de los mercados financieros y otras políticas «fundamentalistas de mercado» en Estados Unidos, políticas que contribuyeron a crear el alto nivel de desigualdad e inestabilidad y que han dado lugar a unas tasas de crecimiento muy inferiores a las de las décadas precedentes. (A estas políticas «fundamentalistas de mercado» también se las conoce con el nombre de «neoliberalismo». […])

En algunos casos la ideología hizo poco más que enmascarar el intento de determinados intereses creados de obtener más para sí mismos. Se estableció un nexo entre banqueros, agentes inmobiliarios y determinados políticos: las normativas urbanísticas y medioambientales se hicieron a un lado y/o no se hicieron cumplir adecuadamente; los bancos no sólo se regularon de manera ineficaz, sino que las pocas regulaciones que había no se aplicaron rigurosamente. Aquello era una juerga. El dinero fluía en todas direcciones. Parte de él fluyó de vuelta a los políticos que habían permitido que aquello sucediera, ya fuese a través de los donativos de campaña o de lucrativos puestos de trabajo después de haber abandonado el cargo. Incluso aumentaron los ingresos fiscales, y los políticos podían presumir tanto del crecimiento que la burbuja inmobiliaria había traído consigo como de la mejora de la situación fiscal del país. No obstante, era todo una quimera: la economía se asentaba sobre unos fundamentos precarios e insostenibles.

En Europa las ideas neoliberales y fundamentalistas de mercado se codifican en la estructura económica elemental que subyace a la Unión Europea, y en especial a la eurozona. Se suponía que estos principios iban a desembocar en una mayor eficacia y estabilidad, y se presuponía que todo el mundo iba a beneficiarse tanto del aumento del crecimiento que se prestó escasa atención a lo que las nuevas reglas iban a implicar de cara a la desigualdad.

[…] Tomemos, por ejemplo, el principio de la libre circulación de trabajadores. Se suponía que tenía que desembocar en una asignación eficiente del empleo, y existen circunstancias en las que es posible que ese haya sido el caso. Sin embargo, dado lo elevada que es la carga de la deuda en varios países, los jóvenes pueden evitar pagar las deudas de sus padres cambiando simplemente de país; los impuestos destinados a pagar esas deudas suscitan una emigración poco eficiente. Sin embargo, también crea una dinámica adversa: a medida que los jóvenes emigran, la carga fiscal sobre los demás aumenta, lo que genera aún más incentivos para emigrar.

O tomemos el principio de la libre circulación de mercancías, combinado con la incapacidad de obtener una armonización fiscal. Las empresas (y los individuos) se ven incentivados así a trasladarse a jurisdicciones en las que la presión fiscal sea menor, desde las que pueden hacer llegar sus bienes a cualquier punto de la Unión Europea. La ubicación no está basada en dónde es más eficiente la producción, sino en dónde son más bajos los impuestos. A su vez, esto desencadena una espiral descendente, no sólo para disminuir los impuestos sobre el capital y las empresas, sino también para reducir los salarios y degradar las condiciones de trabajo. La carga fiscal se traslada a los trabajadores. Y puesto que hay tanta desigualdad asociada a la desigualdad de los beneficios del capital y de las grandes empresas, la desigualdad de ingresos de conjunto (una vez deducidos impuestos y pagos de transferencias) aumenta inevitablemente.

[…] Por la misma regla de tres, la doctrina de que los mercados son eficientes —y de que los Gobiernos no deberían inmiscuirse en su maravilloso y misterioso obrar— condujo a la decisión de no interferir con las burbujas inmobiliarias a medida que se iban desarrollando en Irlanda, España y Estados Unidos. Ahora bien, los mercados se vieron sujetos repetidamente a accesos irracionales de optimismo y pesimismo: se mostraron excesivamente optimistas durante los primeros años que siguieron a la creación del euro, y en España e Irlanda el dinero fluyó hacia los negocios inmobiliarios; en la actualidad se muestran excesivamente pesimistas, y el dinero está abandonando esos sectores. Estas fugas de capitales debilitan la economía más aún.[…]

Ahora bien, el sistema bancario, como los demás aspectos de la economía del euro, está distorsionado. No hay igualdad de condiciones. La confianza en un banco depende de la capacidad del Estado de rescatar los depósitos del banco en caso de que las cosas vayan mal, y más ahora que hemos permitido a los bancos hacerse cada vez más grandes y comerciar con productos financieros complejos, poco transparentes y difíciles de valorar. Los bancos alemanes aventajan a los bancos españoles por la sencilla razón de que hay mayor confianza en la capacidad de Alemania para rescatar a sus bancos. Hay una subvención oculta. No obstante, esto vuelve a crear una espiral descendente: a medida que el dinero sale de un país, la economía se debilita, lo que socava la confianza en la capacidad del Estado para rescatar a los bancos del país, lo que a su vez acentúa la salida de dinero. […]

Ninguna gran economía —y Europa es una gran economía— ha salido nunca de una crisis a la vez que imponía la austeridad. La austeridad siempre, inevitablemente y de manera previsible, empeora las cosas.[…]

Los líderes europeos han reconocido que los problemas de Europa no se podrán solucionar sin crecimiento. Ahora bien, han sido incapaces de explicar cómo se puede obtener el crecimiento a la vez que se impone la austeridad. Asimismo, dicen que lo que hace falta es que se restablezca la confianza. La austeridad no traerá consigo ni el crecimiento ni la confianza. […](2)

Mientras la austeridad se diseñaba para resolver la crisis de la «deuda soberana», es decir, para salvar al sistema bancario, Europa recurrió a una serie de medidas temporales igualmente ineficaces. Durante el pasado año, Europa ha estado comprometida en una operación de autosuficiencia costosa e infructuosa: suministrar más dinero a los bancos para comprar bonos soberanos ayudó a respaldar esos bonos soberanos; y suministrar más dinero a esos bonos soberanos que habían permitido respaldar a los bancos. Sin embargo, aquello no fue otra cosa que economía vudú, un obsequio oculto para los bancos por valor de decenas de miles de millones de dólares, pero que los mercados calaron enseguida. […].

Un principio reconocido desde hace mucho tiempo es que una expansión equilibrada de los impuestos y del gasto estimula la economía, y si el programa está bien diseñado (los impuestos en la cima, el gasto en educación), el incremento del PIB y del empleo puede ser significativo.[…]

Ahora bien, las políticas habituales que se están debatiendo son poco menos que un pacto suicida: un acuerdo para limitar el gasto a los ingresos fiscales, incluso en medio de una recesión, sin el compromiso por parte de los países que se encuentran en una posición de fuerza de ayudar a los más débiles. […] Es un error no emplear las herramientas que contiene la caja de herramientas de un país; una de las obligaciones fundamentales de una economía moderna es mantener el pleno empleo, y por sí sola la política monetaria no basta.[…]

Las consecuencias serán profundas y duraderas. Los jóvenes privados durante largo tiempo de empleo aceptable se marginan. Cuando lo acaben encontrando, será a cambio de un salario mucho más bajo. Normalmente, la juventud es la época en la que se adquieren y desarrollan los conocimientos. Ahora es la época en la que se atrofian. El activo más valioso de la sociedad, los talentos de quienes la componen, están siendo desperdiciados e incluso destruidos.[…]

[…]Lo único que oímos son lugares comunes sobre la responsabilidad fiscal y el restablecimiento del crecimiento y de la confianza. De manera discreta, los académicos y otra gente empiezan a deliberar sobre el plan B: ¿qué pasará si la falta de voluntad política que pudo constatarse cuando se fundó el euro —la voluntad política de crear las estructuras institucionales que harían que una moneda común fuera viable— se mantiene? Como dice una frase hecha muy conocida, «desrevolver» un huevo revuelto es costoso. Tiene un precio. Sin embargo, la vida continúa tras las deudas y las devaluaciones. Y esa vida podría ser muchísimo mejor que la depresión a la que se enfrentan algunos de los países europeos ahora mismo. Empleo este término después de pensarlo bien. Si hubiera una luz al final del túnel, eso sería algo. Ahora bien, la austeridad no contiene ninguna promesa de un mundo mejor en ningún momento del futuro previsible. Ni la historia ni la experiencia nos proporcionan fundamento alguno que nos tranquilice al respecto.

Y si la depresión continúa, son quienes se encuentran en la base y en medio de la pirámide quienes más sufrirán.”

Joseph E. StiglitzThe Great Divide, 2015

Economia 2

Hace unos días se publicó que España, de nuevo, ha incumplido el déficit pactado con la Unión Europea y ya aparecen en el horizonte exigencias de más reformas – recortes – ajustes que habrá de afrontar el nuevo gobierno, sea el que sea – y sufriremos los de la pirámide que dice Stiglitz. Un gobierno como el del Partido Popular, neoliberal hasta la médula, de perfil tecnócrata en lo económico y tan comprometido con la reducción del déficit que hizo de ello su mayor divisa ha acabado por lograr resultados similares a los de su odiado ZP, pese a que ahora las cifras macroeconómicas están – al menos en teoría – creciendo a buen ritmo y tras un recorte del llamado Estado del Bienestar y las prestaciones sociales sin precedentes – por no mencionar el deterioro de las libertades y el aumento, éste sí indudable, de la desigualdad social. Si un gobierno de estas características, digo, presenta al llegar a su final una hoja de servicios así, creo que ha llegado el momento de prestar atención a otras alternativas.

Y abandonar un sistema de austeridad que no sólo quiebra el presente sino que ahoga cualquier tipo de futuro.

A nos ser que el plan del Equipo A malo sea dejar ya sin una misera migaja la caja fuerte de todos y constituir una offshore – otra más – en Panamá.


(1) También le dieron el Premio Nobel en 2001, pero su pertenencia a un club que admite a Obama, Kissinger y gente de esa calaña no me parece una gran recomendación.

(2) Y, sin embargo, en los últimos trimestres todas las cifras macroeconómicas indican crecimiento. ¿Se equivoca Stiglitz? ¿O realmente hemos alcanzado tal nivel de desigualdad que el crecimiento económico ya no repercute en la vida diaria de la gente?

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14 comentarios en “El déficit, la austeridad, Stiglitz y España

  1. Pues leído, así por encima, lo más grave me parece la perdida de material humano, cuanto talento desperdiciado en su propio país, que tristeza, y lo más de todo es que la culpa la tienen quienes más exaltación hacen de la bandera y del amor patrio, ¿o es que alguien duda del amor a España que tiene su alteza la hermana del campechano?.
    Saludos cabreados.

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    1. Cierto, la pérdida del capital humano. Yo lo asocio a lo que dice Stiglitz sobre la “falta de eficiencia” de las medidas neoliberales, ya que esta perdida supone – además – desperdiciar la inversión realizada en formación.
      Y las patrias, las banderas…. sirven de capotes tras los que esconderse y hacer los negocios con tranquilidad. Nada personal, que dijo el otro.
      Un abrazo, tejón. Gracias.

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  2. Ummmh…ummmh..
    Bueno, que esto es serio. Parece que vamos mal, no?
    Me lo he leído todito, dos veces. Yo es que eso de la austeridad…Yo soy a veces tan mística, me voy a la filosofía y me pierdo.
    Lo cierto es que cuando hablan, todos, porque todos hablan bastante, dicen cosas empezando la frase con “la ciudadanía…” y so me mosquea muchísimo, lo dicen como queriendo decir , ..”osea tú, yo estoy en otro escalón” Igual de ladino es recomendar austeridad, pero “pa los otros”.
    Porque desgraciadamente, ya somos oficialmente “los otros”.
    Un abrazo generoso 🙂

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    1. Yo creo que la ciudadanía… [Uy, perdón]
      Jjejeje Ya en serio: Yo tengo un ramalazo que, más que místico, a veces parece autista. He asumido que la vida en sociedad supone una serie de ventajas y una serie de cargas; lo ideal es que unas y otras tiendan a equilibrarse. En esa situación ideal yo creo que podría vivir muy tranquilo en mi rincón sin protestar ni meterme con nadie.
      Los problemas empiezan cuando tengo la sensación de que me están metiendo el dedo en el ojo y además aposta, porque saben que no puedes hacer nada para evitarlo. Como abusones de patio del cole, los que quitan el bocadillo a los demás.
      Esta entrada, al final, son sólo palabras que no llegan a ningún lado. A veces sólo con decirlo en alto me siento mejor 😉
      Un fuerte abrazo, Moni

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  3. Cuando se quiera reaccionar, ya será demasiado tarde. De la crisis de los años 30, tras el crack bursátil de Wall Street, se salió aplicando medidas keynesianas no recetas neoliberales, que para lo único que están sirviendo es para fomentar la desigualdad y la insolidaridad entre los ciudadanos.
    Un saludo.

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    1. En la crisis del 29 al menos no tenían una economía “globalizada” y los paraísos fiscales eran un chiste comparados con lo que ahora suponen. Los estados tenían un poder que ahora han entregado a unos mercados que nadie parece saber quién maneja. Los ciudadanos tenemos muy pocas posibilidades de poder hacer algo.
      Saludos, Cayetano

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  4. leído entero. No me parece un tostón ni mucho menos. A medida que han ido pasando los años me he empezado a interesar por la economía. Aunque siga siendo un aprendiz creo que la austeridad no es tal, es un austericidio y nos está hundiendo en la miseria, con el agravante de que tanta austeridad, tantas subidas de impuestos, bajadas de salarios, empleo basura… solo ha servido para seguir donde ya estábamos cuando comenzó esta crisis. Soy muy escéptico, va a costar salir. Espero equivocarme.
    Un abrazo.

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    1. Yo también soy escéptico. Este capitalismo de rapiña no está sujeto a ningún control, no tiene miedos y temo que va a continuar por el mismo camino hasta que implosione desde dentro. 😉 Voy a jugar a Nostradamus – y ojalá me equivoque: yo veo un estallido social que se extenderá desde el tercer mundo hasta el primero (y el yihaidismo lo considero parte de ello) y el sistema colapsará tal como lo hizo el imperio romano.
      ¿Suena muy bruto? 🙂 Pues yo creo que el proceso lleva ya un par de décadas en marcha.
      Un abrazo, Valverde.

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  5. Pues después de leerme con calma el post y los comentarios no se me ocurre qué decir porque lo que yo pienso es exactamente lo que tú le respondes a Valverde. Los bárbaros están dentro y la caída es cuestión de, no mucho, tiempo.

    Ahora voy al Oliván 🙂

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    1. ¡Vaya pandilla de agoreros estamos hechos! 😉
      Menciona Carmen más abajo el hundimiento del Titanic y ya veo la escena: una vez que hemos dicho que nos estrellamos, que no tenemos fuerza para convencer o forzar a la oficialidad a que cambie el rumbo, lo que nos queda es contemplar el desastre desde la cubierta con una pose lo más digna posible.
      Y tirarle bolitas de papel al capitán, claro. A ver si le atinamos en un ojo 😀
      Besotes, Vega

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  6. Vamos, una entrada ideal para alegrarse el día… No sé quién diablos está tripulando este barco, pero yo me quiero bajar. ¿No ven que vamos hacía aquellos atolones y vamos a colisionar? ¿No ven que hay pasajeros que no quiere morir? Cual transanlántico Titanic, la gloria del capitalismo más espléndido, nos dirigimos hacia una catástrofe anunciada. ¿Y nadie lo ve?
    Un saludo

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    1. Ay, sí: parece que lo vemos todos – o muchos, al menos. Nos queda el papel de la orquesta: seguir haciendo ruido mientras nos estrellamos, ya que otra posibilidad no hay.
      Gracias, Carmen.
      Saludos

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  7. Partiendo de que mis conocimientos económicos son muy básicos y los justos para poder desenvolverme, yo creo que la economía es la filosofía del capital, y la literatura de los intereses de banqueros, políticos y de las grandes fortunas.
    Con el aviso que has hecho al comienzo del post y la conciencia de mi condición de mujer de letras, me he asustado y me he acomodado intentado desplegar toda mi atención, con la certeza de que me perdería por alguno de los caminos que leería. Pero no ha sido así. Joseph E. Stiglitz es un perfecto comunicador y creo que se entiende perfectamente todo lo que dice. Esa pirámide o reacción en cadenas de males que se intentan solucionar creando males mayores, algunos ya están constatados. Otros, habrá que esperar. Su visión es muy negativa lo que no quiere decir que no sea cierta. Hay fragmentos que son demoledores, y otros que son verdades como puños. me quedo con estos:

    “Las desaceleraciones más profundas desembocan inevitablemente en ingresos menores y en un mayor gasto en programas de desempleo y bienestar social”
    (Verdad como puño pero yo creo que de momento ese gasto se lo están ahorrando…)

    “Se estableció un nexo entre banqueros, agentes inmobiliarios y determinados políticos”
    “Los políticos podían presumir tanto del crecimiento que la burbuja inmobiliaria había traído consigo como de la mejora de la situación fiscal del país. No obstante, era todo una quimera: la economía se asentaba sobre unos fundamentos precarios e insostenibles”
    (Esto último lo veíamos casi todos, incluso los de letras, sin ser economistas)

    “Los jóvenes pueden evitar pagar las deudas de sus padres cambiando simplemente de país; los impuestos destinados a pagar esas deudas suscitan una emigración poco eficiente. Sin embargo, también crea una dinámica adversa: a medida que los jóvenes emigran, la carga fiscal sobre los demás aumenta, lo que genera aún más incentivos para emigrar”
    (Esto es lo más demoledor. Esa apatía, desmotivación, no comprender para qué sirven unos estudios, de los jóvenes, lo vivo cada día. Y son el futuro inmediato de este país)

    “Fugas de capitales debilitan la economía más aún.”
    (Pues los entendidos dicen aún que los casos Panamá son legítimos,legales, si el capital procede de dinero limpio; y yo, que no sé nada, entiendo que si hay una fuga de capital, aunque sea ganado con el sudor de tu frente,hay una fuga de impuestos…)

    En fin Xibeliuss, que no vamos a arreglar el mundo por mucho que sigamos escribiendo.
    Muy bien traído tu post, y excelente ese análisis tan claro para los profanos en economía como yo.

    Un abrazo grande.

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    1. Jjejeje Creo que el aviso al principio de esta entrada era casi una obligación por mi parte: me sentiría mal si alguien entrase esperando encontrar las habituales fotografías, relatos o lo que toque y tuviese que enfrentarse, así, a puerta gayola, con un texto de seis folios sobre economía. 😀

      Stiglitz habla, afortunadamente, muy claro. Hay una cita – que no he conseguido encontrar ahora – que viene a decir algo así como que si una explicación económica no se entiende a la primera, es que oculta una trampa. Yo, que tampoco soy experto en estas ciencias, he empezado a creer que si dejas la economía en manos de banqueros, políticos y grandes fortunas te van a acabar montando un lío seguro; así que, aunque no nos guste, es cuestión de remangarse y plantarles cara en su mismo terreno.

      Y, pese a todo, tampoco creo que consigamos algo. Salvo el conocimiento de los manejos.

      Un abrazo grande, Marisa. Y gracias por venir.

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