36 horas en el Reino

Que a todas las ciudades se llega desde las afueras es una verdad tan perogrullesca que hasta da un poco de vergüenza empezar así una entrada. Años atrás, las afueras eran los arrabales, territorio para las casas de lenocinio y los lavaderos junto al río. Hoy son polígonos y centros comerciales: no han perdido atractivo para los ciudadanos de bien.

“La mención de Pamplona removió algo dentro de su cuerpo cuya naturaleza no consiguió identificar en ese instante. Aquella mañana, Rebeca Turumbay se levantó con la incómoda sensación de que no iba a ser un gran día. Un lunes plomizo la recibió al salir a la calle y enseguida comenzó a caer una fina lluvia que, según la previsión meteorológica, los acompañaría tímida pero constantemente durante varias jornadas.”
Estela ChocarroNadie ha muerto en la catedral

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Pamplona – Iruña es, también, una ciudad de peregrinos. Y eso es siempre una buena noticia: donde hay viajeros hay ideas nuevas, nuevos puntos de vista, nuevas formas de enfrentarse a los problemas, aire nuevo que corre por pasillos abiertos.

“Siempre he sido una persona religiosa —respondió—. Desde pequeño, mi madre me inculcó el amor a Dios y al apóstol Santiago, por quien sentía especial devoción. Soy gallego, de un pequeño pueblo en el que cada día pernoctan más peregrinos que vecinos. Antes las cosas no eran como ahora, con tantas comodidades, comunicación constante, atención médica en todos los rincones… Quienes hace unos años afrontaban el Camino corrían muchos riesgos, y cuando llegaban a pueblos como el mío, después de una jornada agotadora, la obligación de sus habitantes era ayudarlos”
Susana Rodríguez LezaúnSin retorno

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El otro espíritu que recorre la ciudad, por supuesto, es la Fiesta: San Fermín, los bares, las cuadrillas, la buena pitanza… y los toros, mal que nos pese. De joven estuve en los sanfermines. Recuerdo el viaje de ida y algo del de vuelta. Y un caleidoscopio de alucinada alegría que riete tú del Haight-Ashbury de los ’60.

“La muchedumbre que corría delante de los toros era tal que tuvo que comprimirse y aminorar la marcha al avanzar por entre las empalizadas que llevaban hasta el ruedo; y cuando los toros pasaron galopando en manada, pesados, con los flancos llenos de barro y balanceando los cuernos, uno de ellos salió disparado hacia delante, cogió por la espalda a uno de los que corrían y lo levantó por los aires. El hombre iba con los brazos pegados al cuerpo y, al entrarle el cuerno, echó la cabeza hacia atrás; el toro lo levantó y luego lo dejó caer. Cogió después a otro hombre que corría ante él, pero éste desapareció entre la multitud, que franqueó la puerta y se metió en el ruedo, con los toros detrás”
Ernest HemingwayFiesta

 

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No soy muy fan – lo siento – de la Trilogía del Baztán de Dolores Redondo. Más que por la trama, más que por los personajes, terminé de leerla por el ambiente que consigue crear. La mitología vasco-navarra, la recuperación de las brujas como las malas de cuento, las casas llenas de tradiciones… y el matriarcado “de facto“. Estando tan cerca no quise perder la oportunidad de conocer Elizondo, el corazón físico que da sentido a la historia.

“Continuó hasta el ayuntamiento y, después de mirar a ambos lados para comprobar que nadie la veía, pasó una mano por la botil harri, la piedra que simbolizaba el pasado de Elizondo y que dotaba de fuerza al que la tocaba, un gesto que incluso a ella, que despreciaba la superstición, la reconfortaba. Volvió hasta la plaza, pasó frente a la fuente de las lamias y se asomó a ver el río Baztán desde aquel punto en que las fachadas traseras de las casas se reflejan en la superficie espejada, como otro mundo húmedo y paralelo atrapado bajo las aguas, que en aquel remanso aparecían engañosamente quietas. Algunos comensales rezagados que salían del restaurante Santxotena se acodaron en la barandilla para hacerse fotos”
Dolores RedondoLegado en los huesos

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Para mi desgracia -como dice El Tejón – viajo siempre falto de tiempo, lo que no deja de ser una reedición de los suplicios de Tántalo: asomarme a los sitios y no poder profundizar en ellos. La Oficina de Turismo de Elizondo estaba cerrada a la hora que yo estaba disponible y no pude enterarme de en cuál de los montes que rodean la villa está la cueva que habita La Mari. Así que me metí en un camino cualquiera que sube por una ladera cualquiera del valle y encontré maravillas. No, ni rastro de La Mari. El Basajaun, sin embargo, parecía a punto de asomar en cualquier parte, vigilando desde las lindes del bosque los rebaños que pastaban en las praderas.

“Cinco kilómetros de soledad entre pastizales y bosques sumidos en la más absoluta oscuridad. Por si fuera poco, la lluvia caía con fuerza, obligando al limpiaparabrisas a trabajar a la máxima velocidad para mantener limpio el campo de visión.
«Mejor lluvia que niebla —se consoló la escritora».
Apenas había recorrido un kilómetro cuando le pareció que se aproximaba un coche en dirección contraria. Buscó instintivamente la manecilla de las luces y puso las de cruce. Fue en vano; no venía nadie de frente. El resplandor que le había parecido ver sería el de sus propios faros reflejados en alguna borda de ganado. La lluvia jugaba esas malas pasadas.”
Ibón MartínLa fábrica de las sombras

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Terminé mi recorrido en Urdax y luego en Zugarramurdi, ya junto a la frontera francesa. Tierra de brujas, éstas no de cuento sino de procesos judiciales, tormentos y hasta penas de muerte dictadas a partes iguales por el miedo y el fanatismo. El ilustrado Moratín utilizó alguna de estas sentencias para atacar con saña el oscurantismo de la época, lástima que llegase tarde para salvar a nadie de la hoguera. Yo, en nuestro tiempo, me he encontrado con dos pueblos idílicos. De esos que sabes que no van a quedar abandonados en un par de inviernos, cuando el último habitante parta para la residencia. Me dieron mucha envidia.

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De la buena, pero envidia.

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“Hoy sabemos que la Inquisición, en éste como en otros casos, fue arrastrada a actuar por el celo de la justicia secular y por una ola de pánico de las que periódicamente dominaban al País Vasco y que esta vez se extendió sobre la zona del extremo noroeste de Navarra, lindante con el Labourd. Las autoridades civiles habían realizado ya muchos arrestos e incluso habían ejecutado a varias personas cuando la Suprema dio orden al tribunal de Logroño para que realizara una inspección en aquella zona. El inquisidor don Juan Valle Alvarado fue comisionado para realizarla. Pasó varios meses en Zugarramurdi y recogió muchas denuncias, según las cuales quedaban inculpadas hasta cerca de trescientas personas por delitos de Brujería, dejando aparte los niños. De estas personas fueron presas y llevadas a Logroño hasta cuarenta de las que parecieron más culpables.”
Julio Caro Baroja Las brujas y su mundo

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18 comentarios en “36 horas en el Reino

  1. Estupendo recorrido por tierras navarras. Creo que no falta ningún ingrediente importante de su geografía cultural y paisajística. Como no soy de toros ni encierros, me quedo siempre con la parte de Roncesvalles, Navascués, Ochagavía, Irati, Burgui, la Foz de Arbayún y la de Lumbier, tierra de maquis y de naturaleza brava y pura.
    Un saludo.

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    1. Fue una visita demasiado rápida. Aún así, no me quejo: Navarra nunca defrauda, siempre tiene algo nuevo que ofrecerte.
      Yo, por lo menos, volveré siempre que tenga oportunidad – aunque sea a uña de caballo 🙂
      Un saludo, Cayetano

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  2. Qué fotos más chulísimas, cuánta vida puede haber en un par de botas de agua y dos de zapatillas de números distintos en una sola escalera en la que además duerme un perro, que maravilla, sueño y agua que hay en el soportal de Elizondo y sobre todo, tío…que envidia me das!!!

    Estuve en Navarra hace tres años y aún no sé definir lo que me pasó 😀 Era una sensación como de pertenencia, de volver a creer en las medias naranjas sólo que la mía era “aquello” todo. Me da miedo volver porque lo quiero yo es quedarme 😉 Me tragué una etapa entera de la vuelta, con lo que me aburre el ciclismo, sólo porque acababa en Urdax. No sé “es la historia de un amor como no hay otro igual…” 😀 😀 😀

    Me ha hecho mucha gracia lo que cuentas de la trilogía del Baztán de Dolores Redondo porque yo me la ventilé entera, claro, pero todo el tiempo decepcionada porque entendía que aquellos mimbres daban para mucho mejor cesto. Entiendo que hizo lo más díficil, atrapar la portentosa naturaleza navarra, hacerla protagonista junto con la mitología, ponerle voz la tierra, inventar una buena historia, darle suspense y emoción, construir algunos personajes turbios y espléndidos y luego… parece que no supo que hacer con todo eso. Igual soy injusta. Seguro lo soy.

    Gracias, Tántalo, por este post 🙂

    Un beso

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    1. ¡La foto de las botas es mi favorita! – y mira que las otras son más espectaculares (de espectáculo)… Paseando por el pueblo tuve la suerte de verla: no hay nada preparado, está tomada a través de la verja del jardín (¡es ilegal!) y con la luz justita, pero me quedé prendado de lo que decía esa escena 🙂
      Con Navarra me pasa algo muy parecido a lo que cuentas. Cuando dejé la ciudad hace unos años pensaba que iba a plantar raíces profundas. Ahora me siento cada vez más nómada y no dejo de encontrar lugares que tiran de mí. Al revés que el cuento, yo no tengo un amor en cada puerto, sino amor por muchos puertos ¡Y me gusta! 😀
      Un beso, Vega. Gracias.

      Pd. ¿Cuando dices que fue lo de la Vuelta? Porque en Urdax todavía no terminaron de recoger 😀 😀

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  3. Pues para no tener mucho tiempo te quedó una entrada con mucha dedicación, lo cual agradezco.
    Yo la trilogía se la he recomendado a mucha gente, me gustó bastante, quizás porque describe algunos lugares que he andado y me da mucha envidia que en Cantabria no haya mucha literatura sobre nuestra mitología y que lo que hay sea muy repetido. A ver que sale de su versión cinematográfica, creo que es un reto solamente intentarlo.
    Un abrazo.
    Ah. las fotos son una pasada.

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    1. Gracias, Tejón. Intento dedicar el tiempo necesario a cada entrada: como dice el proverbio, si merece la pena hacerlo, merece la pena hacerlo bien.
      Entiendo que a muchos os guste la trilogía: es una historia muy atrayente en un escenario maravillosamente retratado. ¡Y no está mal escrita! A mi, en particular, me pasa un poco como lo que dice Vega: Dolores consiguió lo más dificil (el ambiente, el retrato de los lugares) y se quedó un poco floja en otros cuantos aspectos. Que conste que yo, a pesar de esto, también la recomiendo.
      Un abrazo, amigo

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  4. Para mí es uno de los paraísos en la tierra. Para que queremos ir al planeta de alfa centauro a ver si hay alguien, estando aquí Pamplona. Mi chico vivió allí mucho tiempo (y en el País Vasco), y siempre me habla maravillas.
    Y las fotos son preciosas; y encima llovía. …
    Me pasa lo mismo con las oficinas de turismo. Aunque casi prefiero pillarlas cerradas, algunas.
    Espero poder conocerla algún día, igual me encuentro yo a la Mari..

    Bella Iruña ! Un beso, Xibeliuss:)

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    1. Jjajaja Conmigo que no cuenten, de momento, para lo de Alfa Centauro ni para Marte siquiera: ¡Todavía me queda mucho que ver por aquí!
      Sí, llovía y salía el sol y volvía el chirimiri 🙂 Para las fotos es una lujazo, la luz intermedia que te da, los reflejos en los charcos, el cielo contrastado. Y en el bosque, cuando salía el sol entre las ramas, se creaba un ambiente increible.
      Aprovechaté de tu chico y usalo de guía – mejor que cualquier oficina de turismo, ondevaapará Estoy seguro de que aquello te encantará.
      Y hemos hablado poco de los pinchos, de los vinos, de los bares… 🙂
      Un besazo, Moni

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  5. He caminado contigo, me apasiona Navarra, sus valles, sus montañas y como bien dices, esos pueblos con vida. He leído a Dolores Redondo y siento decir que me ha decepcionado un poco,no termina de cuajar sus novelas, pero eso sí, el entorno surge con fuerza rescatando personajes fabulosos.
    Habrás disfrutado sacando fotos, imagino.
    Un abrazo.

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    1. Yo, que estoy acostumbrado – por desgracia – a lo que se vé por nuestra zona, siempre me llevo una gran alegría cuando encuentro zonas rurales llenas de vida. Lo que he visto en Navarra, en el País Vasco, en Cantabria… es un mundo rural que se apoya en el turismo ¡por supuesto! pero mantiene una actividad económica aparte, y ambas interactúan; no se trata de “monocultivos” ni de uno ni de otro lado. Por supuesto tendrán sus problemas de servicios, brecha tecnológica, infraestructuras, etc pero, visto con mis ojos, no da la sensación de abandono inminente que te encuentras en muchas otras regiones.
      Un abrazo, amigo

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      1. Estoy de acuerdo y siento una sana envidia ver como conviven los dos mundos. En Oviedo hay mercadillos los sábados en el centro al lado del mercado y los hortelanos venden sus productos, en Zamora no quieren que en mercadillo de los martes haya demasiados puestos de alimentación, no sé por qué… Tú sabes que el lunes en el Puente de Sanabria hay de todo y convive de todo, la pena es que los productos pocos son de la zona.
        Un abrazo.

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  6. ¡Ay! El tiempo y los viajes siempre son incompatibles, siempre falta y nunca llega porque siempre aparece un rincón, o describen un lugar o… al que no se puede llegar porque ya se ha pasado, porque es tarde, porque no hay tiempo… Pero has sabido aprovechar el que tenías, Xi.
    Salu2

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    1. Gracias, JC. ¿Sabes? Al final, también pienso que en esta vida que llevamos más nos vale venir llorados de casa y aprovechar lo que tenemos. ¿Que el tiempo es escaso? ¡Pues aprovéchalo el doble, jopé! 😀
      Saludos

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