Veraneantes en Páramo

paramo-de-la-polvorosa

– ¡Venga, chicos! ¡Poneos que os saco una foto!

“¡Oh, no, hoy no, maldita sea!” Paloma sintió el ahogo subir por la garganta hasta pintar de rojo las puntas de sus orejas. Tenía que ser hoy, la fotito, cuando su madre se había empeñado en calzarle el maldito vestido de los malditos cuadros, jopé, y hasta ayer mismo que había aguantado con su camiseta de Marco y los vaqueros cortos…

Vio a Santiago y a Maripili sentarse en el respaldo del banco y los demás chavales fueron colocándose a su alrededor, algunos en cuclillas, otros de pie o sentados; casi como un equipo de fútbol al final del partido. Ángel dijo alguna de sus borderías y se quedó de pie en una esquina, con la visera calada hasta los ojos y su sonrisa de suficiencia. En primera fila, la Marteta abroncaba a su hermano Pablet porque no dejaba a Toby en paz. Ezequiel se sentó en el suelo y otros cuantos hicieron como él. Todos cogían sitio y Paloma seguía bloqueda, sin tener muy claro qué hacer. Manolín y Gela también se quedaron de pie, detrás del respaldo. La Marquesona llegó corriendo desde la puerta de la iglesia.

– ¡Vamos, que no tenemos todo el día! A la de tres: ¡una! ¡dos! y…

Paloma quería gritar que no estaba lista, que esperaran un momento, que quería ponerse su camiseta de Marco, que, que, que. En el último momento saltó tras Manolín y Gela y se apañó para que sólo su cabeza – y sus ojos bien abiertos – saliesen en la foto.

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26 comentarios en “Veraneantes en Páramo

  1. Es lo que suele pasar cuando tras ver una foto de la primera juventud -casi siempre en blanco y negro- , vienen a tu recuerdo las vivencias propias y ajenas de ti mismo y de aquellos amigos cuando todos formábamos una piña. En aquellos días no había infelicidad, ni enfermedad, ni distancia. Luego el tiempo se encargaría de separarnos, diferenciarnos y, finalmente, dejarnos solos.
    Un saludo.

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    1. 😀 Yo esta foto la he visto más en el color desvaído de las Kodak baratas de entonces, las instamátic 1:1 de las que habla Paloma en el relato. En todo lo demás estoy completamente de acuerdo contigo.
      Saludos, Cayetano

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  2. Empecé a leerlo en el móvil, a mediodía, estaba preparando el segundo plato, una tortilla lomo , que le gusta mucho a mi padre y han venido a comer hoy, tenía pochando despacico pimientines verdes y cebollas del huerto. Como me enganchó me fui al salón para leer mejor y se me olvidó la sartén. A la basura. Fregué la sartén Volví a cortar toda la verdura, se me ocurrió que igual tampoco le quedaba mal un poco de calabacín, lo volví a poner al fuego… Olía muy bien, pero el relato me había dejado ganas de mucho más y de darle un buen tirón de pelos rubios a Santiago por no haber escuchado las casettes que, yo sí, tenía tantas ganas de oír.

    De repente, mientras iba cascando los huevos tuve un puntín de lucidez y pensé, con gula, que alomojó alomojó el relato era el segundo capítulo de la desazón del otro día, me quería sonar que el tipo también había hablado de una clínica, osea que podía ser médico, y estaba rodeado de mujeres, osea que podía ser Santiago.

    Me puse muy contenta y seguí batiendo huevos con renovada energía hasta que una buena parte cayó al suelo. Lo limpié mientras juraba en varias lenguas en las que sólo sé decir palabrotas, pero tardé poco en decantarme por la bronca, luminosa y rotunda sonoridad del castellano. Casqué otros dos huevos y dejé uno solo en la huevera (como si mis gallinas imaginarias fueran a venir a poner a la nevera)

    Contra todo pronóstico me salió una tortilla hermosa que además estaba muy buena, cuando terminé de hacerla me quedé estúpidamente mirando los taquitos del lomo crudos abandonados en un plato. A mi padre le gustó igual con verdura sólo 😦

    Tienes un don. Me debes una sartén.

    Un beso

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  3. Arghhhh, había hecho un comentario larguísimo y esto se lo ha comido, natural, llevaba una tortillla… El caso es que yo empecé a leer el post mientras sofreía verduras para hacer una tortilla de lomo y el primer sofrito se me quemó y tuve que tirarlo a la basura y tendré que tirar también la sartén, el segundo sofrito salvó de milagro porque para entonces ya había acabado el texto, vuelto a leer el anterior, atado cabos a mi conveniencia y desear, casi decidir, que Santiago era el mismo fulano que se desazonaba en el restaurante del suricata porque aquel tambíen tenía una clínica y estaba rodeado de mujeres y que quizá esa desazón viniera de lo que oyó por fin en las casettes, osea, que mínimo habría un tercer capítulo, donde se nos aclarase, o no, que fue del Pablet y con la suposición me puse muy contenta y tiré parte del huevo al suelo y al final la tortilla me quedó rica, pero con verduras solo porque me olvidé de echarle el lomo.

    Terminaba diciendo que tenías un don, pero me debías una sartén…. Era un comentario mucho más largo que mis post 😦 y ahora no aparece.

    Pero esto continuará, no? Es lo menos con lo que me has hecho pasar 😛

    Un beso

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    1. Jodó, la tortilla tenía una pinta estupendísima, y eso que ni siquiera la he olido antes de empezar a quemarse 😀 Me temo que tus gremlins van a venir a visitarme cualquier día después de tomarse el vaso de leche de las 00:00h. :p
      ¿Sabes el topicazo aquel de las historias que no pertenecen a quien las escribe? En mi caso es absolutamente cierto. Nunca pensé que este Santiago fuese el desazonado del suricato: ¿Por qué no podría serlo? No sé si va a continuar. Yo me quedo con las ganas de saber más de Pablet. Y de Paloma.
      Ahora estoy con historias cortas, aunque la siguiente es una “historia corta” tan larga que seguramente saldrá en varias partes 😉 Por cierto: el principio matemático del que hablaba hace poco sigue cumpliéndose a rajatabla. No es problema.
      Gracias, Vega. Un beso muy gordo y pide perdón de mi parte a tu santo y a los gremlins por la tortilla. Lo de la sartén igual se puede arreglar con vinagre 😀

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  4. Excelente relato, Xibeliuss, francamente magistral. Ese final elusivo, ese iceberg que esconda todo, como proclamaba Hemingway, flota en las aguas no precisamente heladas de tu relato. Un abrazo.

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    1. Gracias, “Anónimo” 😀 No sé si es magistral (y no es falsa modestia): me conformo con que paséis un buen rato al leerlo – al meno, tan bueno como yo lo pasé al escribirlo.
      Abrazos

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  5. Así que ese es Páramo, de dónde bien podrían ser mis tres tristes manzanas?
    Si ya de por sí la vida es jorobada, y más en un pueblo así, me imagino (o sé, o supe) que enfrentarse a las implacables normas de la muerte y la desaparición siendo niños, debe ser…muy fastidiado.

    Asumir el paso del tiempo, y que no vuelva. Y que no fue cómo pensabas: entonces, guardas aquella amiga como un tesoro intocable, te preguntas dónde está, y, si acaso un día te la encuentras…hacéis las dos por que todo quede lo más parecido posible a como era, para no estropearlo. Mirando mucho el reloj, preguntando poco, sonriendo más, y cantando si se puede.

    Bendita inocencia, la que sí congeló la foto 😉

    Preciosísimo relato Xibeliuss.., un beso:)

    P.D. Cris y Vega tienen anbas mucho más genio que yo; las tres somos aguas mansas, de todas formas…y ya conoces el refrán….jejejjee 😀

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    1. Sí, éste es Páramo. Y la historia en que una foto hacía de magdalena… Como ves, llevaba ya un tiempo con ella. Al final ha llegado a buen puerto.
      Esa inocencia, esos tiempos que a menudo se recuerdan tan felices, guardan también rincones oscuros: inseguridades, celos, aburrimientos… Soy de los que piensan que los momentos de felicidad real duran muy poco, aunque – si hay suerte – pueden ser frecuentes.
      Gracias, Moni. Muchos besos.

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  6. Xibeliuss, pues si las historias no pertenecen a quien las escribe, tal y como dices en una de las respuestas, bien pueden pertenecer a quien las lee… Maravilloso relato. Como siempre, gracias por compartirlo. Un abrazo.

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  7. Xibeliuss, si tal y como dices en una de las respuestas las historias no pertenecen a quien las escribe, bien pueden pertenecer a quien las lee… Maravilloso relato. Gracias como siempre por compartirlo. Un abrazo.

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      1. Sí, estoy de acuerdo: las historias son siempre de los lectores. De cada uno de ellos, de cada uno de nosotros. Y así debe de ser. Nuestras vivencias, nuestra forma de ver el mundo, es la que va a hacer que una historia nos llegue o no; y cada lector interpreta cada historia desde su punto de vista.
        Gracias, Diáspora. Un fuerte abrazo.

        Pd. No te preocupes por la duplicidad. Creo que el Worpress ha andado hoy un poco revuelto, no eres la única con problemas con los comentarios.

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    1. Cuando el comentario es “Anónimo” no llega información del correo desde el que se ha puesto. Así que sigo sin saber quién eres 😀
      Por más sospechas que tenga 😉

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  8. llevo unos días un poco desconectado, por fin he conseguido dedicar el tiempo que se necesita para leer, releer y saborear cualquiera de tus relatos.
    La foto que hoy nos muestras es de las mejores que hayas sacado nunca, y eso que no es en blanco y negro ni en color, es lo que se ve leyendo.
    No me extraña que a Vega se le quemara la sartén.
    Le dejo a Mila en favoritos tu club de lectura.
    Un abrazo,grande, amigo, como la emoción que me causa leerte.

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