Un país secreto

Una vez que May Belle hubo subido la cuesta a toda velocidad agarrando su nuevo tesoro, Jess y Leslie se dieron la vuelta para cruzar corriendo el baldío que había detrás de la vieja casa de los Perkins y bajaron al cauce seco de un arroyo que separaba las tierras de la granja del bosque. Había un viejo manzano silvestre, justo a orillas del lecho del arroyo, en el cual alguien había colgado una cuerda olvidada hacía tiempo.
Se turnaron columpiándose en la cuerda por encima del barranco. Era un glorioso día de otoño y si mirabas hacia arriba mientras te columpiabas tenías la sensación de flotar. Jess echó la cabeza y la espalda hacia atrás para poder perderse en la contemplación del magnífico color claro del cielo. Flotaba, flotaba como una nube blanca, gorda y perezosa de un lado a otro del cielo.
—¿Sabes lo que necesitamos? —Leslie le llamó. Estaba tan extasiado en la contemplación del cielo que no se podía imaginar necesitando nada.
—Necesitamos un lugar —dijo ella— que sea sólo para nosotros. Será tan secreto que jamás contaremos a nadie en el mundo que existe. —Al columpiarse hacia atrás Jess arrastró los pies para frenar. Ella le habló, casi susurrando—. Debería ser un país secreto —prosiguió— y tú y yo seríamos los soberanos.
Sus palabras hicieron que algo se removiera en su interior. Le gustaría ser el soberano de algo. Hasta de algo que no fuera real.
—Vale —dijo—, ¿dónde podríamos tenerlo?
—En el interior del bosque, donde nadie pueda venir a estropearlo.

Letra: Katherine Paterson – “Un puente hacia Terabithia“, 1977

Música: “Mi casita de papel” – F. Codoñer y Mercé Balaguer, interpretada por Antoñita Rúsell con la Orquesta Club Trébol

Foto: Propia

Anuncios

16 comentarios en “Un país secreto

    1. Yo creo que a día de hoy estos “países privados” son más un estado de ánimo que un lugar físico. Aunque también ayuda encontrar un sitio donde estar a gusto con quien tu quieras con las menos injerencias posibles – y eso, a veces, puede darse hasta en un bloque de vecinos.
      Saludos, Cayetano

      Me gusta

  1. 😀 😀 😀 Jo… vaya foto!!!

    Yo también escogería un bosque como país privado, pero coincido contigo en que los países privados son sobre todo estados de ánimo. En lo que ya no coincido es en que puedan darse en un bloque de vecinos 😛

    Un beso

    Le gusta a 1 persona

    1. Jjajajaja ¡Encima que intento ser civilizado con los urbanitas…!

      Vale: yo tampoco creo que pueda darse en un bloque de vecinos 😉

      Besazo

      Me gusta

  2. En el interior del bosque….donde nadie pueda venir a estropearlo…Justo!!
    Menudo túnel de luz, vegetación y oxígeno, de olores a tierra y hojas, de ruidos que agradan que sabes de quien son, y de vida.
    Los lugares secretos de cada uno son estados de ánimo, pero para mí el estado de ánimo va asociado a un lugar y una experiencia sensorial, que puede transformarse en espiritual o mental, y eso lo propicia directamente la ausencia de dolor y enfermedad que sólo se consigue en …un bosque, al lado de un mar secreto…Será que soy muy física; pero si no hueles, ni respiras, ni sonríes, ni te mueves, ni encuentras…no hay estado de ánimo. Conocí a un ciego que deseaba con todas sus fuerzas conocer los Picos de Europa; había quien no entendía…yo sí, vaya que sí. Cuando los conoció, fue feliz. Igualmente pienso que una mente que no pudiera moverse de una cama, sólo alcanzaría un “estado de ánimo” concreto imaginando un lugar, un tacto, un aroma…un estado;)

    También me hace pensar tu post en un debate que a mí me gusta mucho…el hombre es un animal eminentemente social….Seguro que tanto, tanto, tanto como dicen…? Jjejej…

    Yo en mi bloque de vecinos estoy la mar de feliz, cuando todos se van 😀

    Un beso, Xibeliuss…que rollito te metí…es que en el bosque no necesito nada más 😉

    Le gusta a 1 persona

    1. Sí, comparto la idea: determinados estados de ánimo – los positivos, principalmente – necesitan de un “entorno sensorial”, o incluso pueden producirse, dispararse, siempre que hallamos el “entorno sensorial” adecuado. Me ha quedado muy pedante, tú lo has explicado mucho mejor: para sentirte bien necesitas que lo que hay alrededor sea adecuado y cuando llegas al lugar adecuado te empiezas a sentir bien aunque no quieras 🙂

      Jjejeje Yo, en el debate sobre la sociabilidad humana voto que “tanto, tanto: no”

      Un besazo, Moni. Tú nunca largas rollos. Además, ¿no estamos aquí para charlar? 🙂

      Me gusta

  3. Recuerdo la canción de “mi casita de papel”. Este libro no lo he leído pero lo recuerdo de prestarlo en la biblioteca del colegio, así como una novela muy interesante como “la gran Gilly Hopkins”. Buena escritora Katherine Paterson.
    La foto que enmarca la entrada es increíble.
    Un abrazo.

    Le gusta a 1 persona

    1. Yo no conocía esta versión de “Mi casita de papel” y al parecer es la original, la primera grabada. Me gusta porque tiene un swing muy de “big band”… que en EE.UU. estuvo de moda casi 20 años atrás. Es lo bueno de bucear en youtube: yo buscaba la más conocida de Jorge Sepúlveda y me encontré esta pequeña maravilla.
      De K. Paterson me temo que sólo he leído esta novela de Terabithia. Lo hice en mi época de BUP, gracias a una profesora que también me recomendó “El guardián entre el centeno” y “Rebeldes” y “La ley de la calle” de Susan Hinton, entre otras cuantas. Estas cuatro en particular me marcaron profundamente.
      Gracias, Valverde. Un abrazo

      Me gusta

      1. Recuerdo recomendar “Rebeldes” y leerlo en clase todos los días un rato a los alumnos de octavo de E.G.B. del colegio de “El Puente de Sanabria” y cuando faltaban pocos capítulos me decían que no parara hasta el final, con qué interés escuchaban, eso no lo he vuelto a ver.
        Un abrazo.

        Le gusta a 1 persona

Los comentarios están cerrados.