Diaeta

La Valetta
“Cuatro meses atrás Espiridiona Fardell se acercaba a su cincuenta cumpleaños. Poco a poco, sin ser del todo consciente de ello, había ido dando por cierto que las partes más importantes de su vida ya habían quedado atrás. Que lo que tenía por delante ya sólo era sentarse en una silla y esperar. Ella, que siempre había tenido cien proyectos en el aire y cien más en la recámara. Que tenía a su lado a un hombre que siempre miró – y empujó – hacia adelante. ¡Que tenía un hijo de quince años! Se había convencido de que ya sólo quedaba espera. Tan tonto y tan duro como eso”


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19 comentarios en “Diaeta

  1. El gusto de leerte, Xibeliuss, está en la claridad, en la transparencia de la prosa. Uno de los gustos, porque hay más regocijos, el de la ironía, por ejemplo, que aparece con tanta comprensión del género en tus relatos negros. Y el del misterio, esos finales sin vuelta atrás que caminan hacia adelante en las manos casi exclusivas del lector. Aparecen en el discurso de lo cotidiano, como en el que acabas de entregar, y lo he disfrutado como siempre disfruto de lo que nos regalas. Un fuerte abrazo.

    PD Miraré lo del premio. No sé muy bien cómo van estas cosas, pero lo voy a mirar. De hecho, ya he entrado para ver por dónde hay que andar. Otro saludo.

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    1. Muchas veces me he preguntado porqué escribo y no tengo una respuesta que me valga siempre. Hoy pienso que escribo porque hay historias que merecen contarse; y si merecen contarse, merecen que se haga da la mejor manera posible: en unas te centras más en la trama, en otras en la construcción del propio relato, en el punto de vista que quieres transmitir, el juego con el lector, etc. La claridad, la transparencia me preocupa mucho: intento que siempre se entienda lo que (y cómo) quiero decir. Y la ironía (que sí, utilizo mucho) a veces resulta especialmente complicada de transmitir: a menudo los comentarios indican que no he conseguido explicarme bien; pero tampoco me preocupa demasiado porque una vez que terminas una historia deja de ser tuya y cada interpretación es válida.

      Todo esta charla para decir: Gracias, gracias, gracias, Eladio: conociendo tu gran nivel como narrador es todo un estímulo tu valoración de mi trabajo.
      Un fuerte abrazo.

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  2. Un relato con final feliz? Quiero decir de esa felicidad feliz? Uummh, que raro…yo me quedo más inquieta por saber que lleva él en el paquete, que tantas vueltas con el paquete, al final no sé yo…
    Está muy bien cuidarse, pero que muy bien. claro que sí!!
    Sobre todo la cabeza :D…aunque eso es más complicado, no sé si funciona sólo contando calorías (en parte igual sí)

    Ya voté. Jjejje, yo también soy un poco de venadas. Yo te daría el premio sí o sí, pero no sé si me querrán de jurado 😉
    Un besazo, Xibeliuss

    P.D. aaaah…la foto es preciosa, preciosa, preciosa…Mira!…las flores no tienen que contar calorías ni andar en bici. Quien pudiera hacer la fotosíntesis, ay!

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    1. jjajajaja Si hay algún sicólogo a la escucha seguro que piensa que el final con el paquete misterioso manifiesta mi incapacidad para aceptar la posibilidad de un final feliz, algo seguramente originado por un trauma de la infancia 😀
      Toda una venada: la verdad, no sé porqué lo he hecho o si voy a hacer “campaña” más allá de lo que he puesto hoy aquí. En cualquier caso, ¡gracias!
      Un beso, Moni

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    1. 😀
      Dos enlaces para degustar con tiempo, una pena que uno de ellos haya decidido justo ahora dejar su actividad, jopeta. Si te interesa el tema (y creo que sí), seguro que también conoces a Marcos: http://www.fitnessrevolucionario.com/

      Tengo una sobrina que es Dietista/Nutricionista y le entran ahogos cada vez que se topa con la llamada “Dieta Paleo” 😀 Claro, que además de dietista es vegana practicante – curiosamente, como muchos otros compañeros de profesión 😀
      Un besazo, Vega. Tú sí que vales.

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  3. Un paquete misterioso al final del relato.
    Esto de las dietas es un mundo complejo. La felicidad puede venir de la mano de la mejora de la salud al perder peso. Pero no hay nada más patético y triste que un gordito feliz sometido a dieta: pierde la alegría de vivir, sobre todo al inicio de las restricciones.
    Un saludo.

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    1. Ah, lo malo es que el “gordito feliz” es a menudo una entelequia: bien por problemas físicos, por sentimientos de culpabilidad o por otras decenas de razones, la teórica felicidad del exceso de peso suele esconder demasiadas excusas. Romper con unos hábitos, por malos que sean, siempre es costoso.
      Saludos, Cayetano.

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    1. Siempre es necesario un buen apoyo, Tejón. Cada uno podemos cumplir un papel mayor o menor, todos necesarios. Que los vientos sean propicios.
      Abrazos

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  4. Espiridiona se había dejado llevar por la desidia del paso del medio siglo y por la casi edad adulta de su hijo adolescente, engordando y sentándose a mirar pasar el tiempo. menos mal que su marido cogió el toro por los cuernos y la ayudó a salir del atolladero…. No siempre ocurre.
    Un saludo

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  5. Lo habitual sería lo contrario: que los dos se dejasen llevar hasta el deterioro último de lo que un día fueron y quisieron.
    Gracias, Carmen. Saludos

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  6. Lo que lleve esa caja no es asunto de nuestra incumbencia. A ellos tres debe afectarles. Claro que si t’u nos lo cuentas…
    Me encanta como relatas ese viaje de ida y vuelta, con un final feliz. Abandonar esa silla es todo un logro. Hay gente que llegados a cierta edad se sientan en una triste silla, la silla de una antesala…

    un abrazo

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    1. Es un concepto inquietante: la sala de espera, la antesala. Huyamos mientras todavía estamos a tiempo, hay mucho que ver ahí fuera.
      Abrazos, Ñoco. Gracias.

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  7. Hacía tiempo que no te leía y ha sido un gusto volver a hacerlo. Estoy de acuerdo con Vega: son profiteroles fijo lo que hay en la caja.
    Los colores azules de la garita contrastan con la calidez de la piedra y el colorido de las flores.
    Salu2

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  8. No sé si decirte que es el relato que más me ha gustado. Dos posturas: o dejarte vencer por la rutina o luchar por una nueva ilusión. No siempre termina todo tan bien. El paquete puede contener algo dulce, a nadie le amarga un dulce y de vez en cuando hay que darse un capricho.
    Un abrazo.

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