No es lo que digo

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Hasta la semana que viene, Lucía. ¡Chao, chao, besitos!

Simone Calleia cerrró la ventana de skype. Comprobó en google calendar que aquella había sido la última consulta del día. Miró la barra de tareas. El reloj marcaba las 23:38. Ningún sobrecito en la bandeja de entrada. Ninguna notificación de whatssapp web. Suspiró. Todavía veinte minutos para la media noche. Dejó sobre la cpu la diadema con los auriculares y el micro. En spotify abrió la playlist de Angelo DeBarre. Por fin se levantó de la silla. Se desperezó. Dio unos pasos de baile al son de la “Valse de Bamboula” hasta la cocina del apartamento.

Calentó en el micro un bote de ramen instantáneo. Cogió de la nevera una Diet Coke y una botella terciada de Tanqueray Rangpur. Un bote de Pringles Texas BBQ. Una manzana y un tallo de apio. Puso todo sobre una bandeja y volvió junto al ordenador. Encendió un cigarrillo. El reloj marcaba las 23:55. Del bolso reclinado a los pies de la mesa sacó su segundo móvil. Conectó la navegación por satélite. Abrió Tor. Abrió su chat. Apuró el bol de ramen. Apagó el cigarrillo. A las 00:00 comenzó la transmisión de su informe semanal. Angelo picoteaba “Manoir de mes reves”.

En menos de tres minutos recibió la confirmación de entrega. Éste era un mundo cómodo, la tecnología lo hacía todo más fácil. Rememoró otros destinos en los que algo tan simple como el envío del informe se convertía en una hazaña épica. O te dejaba expuesto por completo ante los nativos. Y sus supersticiones. Aquí había sacado su segundo móvil en mitad de la calle y nadie inició un auto de fe. Ni siquiera nadie se extrañó de su aspecto.

Simone Calleia dio un trago de su Diet Coke y rellenó la lata con Tanqueray. Recordó el paquete que le había entregado Emilio Torriani aquella misma tarde. Un chico curioso, Emilio.

Debería abrirlo.


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15 comentarios en “No es lo que digo

  1. Pensé que seguía el relato, pero no. Quedó así, en suspenso, para que cada uno extraiga sus conclusiones.
    Pues sí, debería abrirlo. Ya está bien. Desde la tarde con el paquete ahí esperando, mientras tontea con el ordenador, los chat y los mensajes de whatssap. Es lo que tiene la tecnología, que requiere de una atención privilegiada y nos olvidamos -quién sabe-, de lo realmente importante.
    Un saludo.

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    1. Debo confesar que esta última “serie” de relatos que estoy publicando tienen mucho de travesura. Busco, no sé si con éxito, desorientar y también intrigar y no me limito a las herramientas legítimas.
      Me he permitido las trampas.
      Saludos, Cayetano

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  2. ¡Santa Madre de Dios! ¡qué dieta! y me criticabas a mi porque le daba a la carnaza con fruición 😉 Esta historia parecería de ficción si no fuera porque es más real de lo que algunos piensan. Encima, se acuestan y duermen mal porque están con los sentidos alertas no vaya a ser que llegue un instagramtelegramguasap a las 4 a.m. y se le pase contestarlo. Con lo majo que era antes el trabajo, que llegaba la hora y te ibas a casa o a tomar unas cañas con los amigos y hablabas con ellos mirándoles a los ojos y sin mandar caritas… Yo a veces pienso en dejar el samsung en casa y volver a coger mi siemens C35 (que es como el Nokia este que está haciendo furor) sólo que lo tengo en casa, funciona perfectamente y es el que usamos cuando se nos estropea alguno de los modernos y usarlo para llamar y recibir llamadas. ¡En fins! esto es lo que pasa cuando te atrapa la modernidad y no hay criterio para evitarla. Encima, las operadoras de telefonía suben los precios 5 € porque así te ofrecen la torta de gigabytes más, que como dice un amiguete ¿para qué quiero 300 MB simétricos si no mando ni recibo datos a Alfa de Centauro? Pero la gente pica, paga y se dice ¡qué guay! Bueno, no sigo que si no me lío.
    Por cierto, me gusta la foto.
    Salu2

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    1. Jjajajaja Tienes toda la razón. Ahora que… me temo que este es el mundo en el que nos va a tocar vivir el resto de nuestra vida y más nos vale aprender a defendernos en él. Y adaptarnos, so pena de acabar anacoretas perdidos.
      Saludos, JC. Gracias.

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  3. Mirando hacia otro lado, el relato me ha hecho recordar aquella novela de Barry Gifford en los que definía a sus personajes a través de las marcas que consumían. Y no deja de ser un modo certero. Por cierto, no sé si es Malta lo que aparece en la foto. Lo digo por esa balconada azul. En otras fotos tuyas creo recordar que hay ejemplos semejantes. Un saludo, Xibeliuss.

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    1. ¡Barry Gifford! Creo que muy olvidado hoy día. A mí me gusta bastante, incluso durante un tiempo todo lo que escribía me recordaba sus formas de contar una historia. ¡Y hasta de elegir las historias que merecían ser contadas!
      Sí, la foto es de Malta y es cierto, abundan las balconadas de colores, a menudo de vivo azul.
      Gracias, Eladio. Saludos

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  4. Lo de rellenar la lata de diet coke con Tanqueray ni siquiera es lo peor 😀 Madre mía, que alguien le traiga un paquete de profiteroles 😀 😀 😀

    Me alegro tanto de saber de Torriani, a mí también me despertó curiosidad.

    La foto es muy genial, la señal con la advertencia sobre los peligros de admirarse no la conocía, pero la encuentro necesaria. Lo más parecido lo vi en Torrestío de Babia, era peligro; gallinas 😀

    Un beso, Xibeliuus

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    1. 🙂 ¡Cuidado! Éste es Emilio, no Vicenzio. Ha habido un relevo con el paquete.
      Que, por cierto, he estado a puntito de confesar que sí, que va cargado de profiteroles… pero todavía no: voy a mantener la intriga 😀
      Un beso, Vega. Gracias, gracias, gracias.

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  5. La foto me parece estupenda, con esa luz. Podría ser una calle zamorana, por ejemplo.
    El rnlace musical, una maravilla. No conocía al figura ese. Me quedo ahora escuchando otras de él.
    La chica del relato,, muy tecnológica ella, y ahora abundan. Rellenar la lata me parece bien, con tal de quitar esa Coke todo vale.
    ¿Abrirlo? Pues no sé.

    un abrazo

    · LMA · & · CR ·

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    1. Pues mira, no te falta razón: por muy distintas y lejanas que puedan parecer Zamora y Birgu, es cierto que comparten algo, no sé si la luz en invierno, el ambiente… pero ese algo existe.
      Gracias, Ñoco. Abrazos.

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  6. Debería abrirlo, sí. Me estoy impacientando 😀 Y por qué abre Tor? Y no abre el paquete?
    Me encanta el relato, me encanta. No sé si lo he entendido bien (jeje), pero me gusta muchísimo cómo está escrito, y como te envuelve.
    Me siento una gran privilegiada de estar a caballo entre dos épocas, de vivir una transición “humanística”, de conocer el cómodo mundo mágico 2.0, las vacunas, la genética…pero también los pocos hayedos que quedan, los lagos, mis Picos, el mundo de mi abuela y de mi madre, y su resiliencia. Siento que algo viene y algo se va, y no tengo nada claro de si va a ser mucho mejor lo que venga, que lo que está desapareciendo.
    La música maravillosa:)
    Un besazo, Xibeliuss

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    1. Abrirlo, sí. ¿qué o… a quién? 😉
      Por los comentarios hasta ahora no sé si el relato ha sido entendido. También esto forma parte del juego: como digo más arriba forma parte de una travesura y hasta me “permito” las trampas.
      Y comparto contigo esa idea de vivir a caballo entre dos épocas, entre un mundo que se acaba y otro que empieza… y ser capaz de entender (o malentender) más o menos los dos.
      Un beso, Moni. Gracias.

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  7. Como Cayetano, pensé que continuaba el relato. Me he quedado ahí pensando como seguiría la historia. esta bien eso de dejar las narraciones abiertas, así la imaginación rellena el resto.
    Un abrazo.

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    1. Bien, cabe la posibilidad de que al final todos estos micro relatos ensamblen en uno de mayor tamaño.
      O no
      (Ya digo que a lo mejor hago trampas, jejejeje)
      Gracias, Valverde. Abrazos

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