Vacas

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“Por qué Naia puso a las vacas en el mundo
Naia miró todo cuanto había creado y vio que estaba sola. Las aves cantoras trinaban juntas, los cerdos gruñían a coro y las mofetas se lanzaban mutuamente su hediondo líquido. Hasta la lombriz de tierra, si no quería seguir sola, podía dejarse trocear en varias partes por una corneja y ya tenía compañeros. La única que carecía de compañía era Naia. No había nadie como ella.

Sí, los animales hablaban con ella, pero a menudo sólo para quejarse: «¿Por qué creaste a las mofetas?», «¿Se puede saber para qué sirven las ortigas?», «¿En qué estabas pensando cuando inventaste la digestión?».
Un día de verano especialmente bonito, la diosa vaca observó a la lombriz de tierra, que se arrastraba por el suelo feliz y contenta con sus compañeros, y se le ocurrió imitar a la lombriz: se dividió, y de sus partes nacieron las vacas. Desde el instante en que la primera vacada pisó la hierba, Naia ya no estuvo sola. Día sí, día no, jugaba con las vacas, pacía y se hacían mimos. Y era feliz. Pero no duró mucho. Y es que al cabo de unas lunas empezó a echar de menos algo que tenían los demás animales —hasta la lombriz—, a alguien al que unirse carnalmente. De manera que Naia decidió forjar su creación más notable: el macho.


Junto con el toro trajo a la vacada cosas aún más desagradables que las ortigas o los parásitos: los deseos, los celos, la involuntariamente cómica cópula. Y, naturalmente, también eso que todas las vacas ansían, eso que da tanta alegría y también tanto dolor y que, por tanto, es lo más absurdo de todo: el amor
David Safier – ¡Muuu! (2012)


He oído que en los comienzos del mundo alguien estaba repartiendo el tiempo, y que ese alguien dijo a la serpiente:
—Tú vivirás doce años.
Y la serpiente:
—De acuerdo.
—Tú, quince años —al perro.
Y el perro:
—De acuerdo.
—Tú, veintiocho —al burro.
Y el burro:
—De acuerdo.
—Tú, treinta y tres —al hombre.
Y el hombre:
—Ni hablar. No estoy de acuerdo. Quiero vivir más.
—Sea, vivirás ochenta y ocho años —debió de decir entonces el que repartía el tiempo—. Pero de esos ochenta y ocho, pasarás treinta y tres como un hombre; veintiocho, trabajando como un burro; quince, llevando una vida de perro, y los últimos doce los pasarás arrastrándote como una serpiente.
Parece que por fin acabó la cuestión del tiempo para los hombres y que la repartición siguió adelante. Y, así las cosas, las hormigas, las abejas, las mariposas, los chochines, las gaviotas, los cernícalos, las tortugas, los camellos, las truchas, los leones, los tigres, los canguros, todos ellos y muchos animales más supieron cuánto tiempo tendrían en el mundo. Y llegó un momento en que todo se dio por terminado y el Repartidor de Tiempo se dispuso a retirarse.


—¿Y nosotras? ¿Nosotras cuánto tiempo? —se oyó entonces. Naturalmente, era la vaca. Al parecer nadie se había acordado de ella.
—¿Cuántos? —dicen que dijo el Repartidor de Tiempo con un gesto cansino—. Pues, no sé. Un puñado.
—Muchas gracias —agradeció la vaca. Y con las mismas, todos se despidieron y cada cual se fue por su camino.
Y digo yo: tiene que ser tonta la vaca, tiene que ser pardilla la vaca, tiene que ser patosa la vaca para decir el Repartidor de Tiempo «un puñado» y contestar ella «muchas gracias». ¿Cómo que «muchas gracias»? Desde luego, aquella vaca no se parecía en nada a mí.
—¿Y qué es para usted un puñado? —le habría dicho yo al Repartidor de Tiempo—. Porque, claro, un puñado puede ser cualquier cosa. Tres años, un puñado; cuarenta años, un puñado; doscientos años, un puñado. Depende de cómo se mire. Así que, ¿por qué no concreta usted lo de un puñado?
Bernardo Atxaga – Memorias de una vaca (1992)

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22 comentarios en “Vacas

  1. Vaya! No conocía a Naia, un placer.
    Me encantan ambos textos, muy buenos, el primero me gusta especialmente, tiene algo, no sé qué, con lo que me identifico bien.
    Pero que guapas son las vacas! La primera foto y la última me encantan , todas son preciosas, pero esas más:) Me alegro mucho que haya vacas en Sanabria. Igual te ríes, pero hice un viaje maravilloso hace un par de años por lo que llaman la Laponia española, más o menos…y fíjate que con las montañas que tenemos en León, el agua, los ríos, cascadas, valles…¿sabes lo primero que eché de menos y me dio una sensación muy extraña?? Que no vi ni una vaca…en serio
    Un post precioso, Xibeliuss:) Un beso muy grande

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    1. 🙂 También son mis dos fotos favoritas…
      Las vacas también están de retroceso en Sanabria. No sé cómo está la estadística: a lo mejor en cantidad ahora hay más porque lo que quedan son ganaderías más grandes. Antes había un pequeño rebaño en cada casa y estaban muy presentes en el día a día de los pueblos, eran parte de la aldea tanto como los humanos.
      Un besazo, Moni

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  2. Las fotos… estupendas, de unas vacas más hermosas que vistas troceadas sobre un plato.
    Las dos historias, geniales. Gracias por traerlas hasta aquí.
    Tengo, en mis marchas por montaña, una relación especial con ellas. Nos miramos fijamente a los ojos, nos seguimos con las miradas y, será por timidez mutua, nunca nos decimos nada.
    A ver si en la próxima…

    Un abrazo

    · LMA · & · CR ·

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    1. Ay, sí…. Varios amigos han comentado sobre lo guapas que son las vacas… y no sé si han caído en que ésta es una ganadería “de carne”: su destino está más que marcado y muy pocas llegaran a su vida adulta.
      A mi lo que me pasa ultimamente es que delante del plato también me acuerdo de la vaca en el monte… y me cuesta.
      Un abrazo, Ñoco.

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  3. Vacas, muy guapas sin duda. Lás más guapas del Cantábrico. Y sabrosos textos.
    ¡Quién iba a pensar que el hombre lleva consigo tanta animalidad junta!
    Tal vez echo en falta los 15 años como un cabrón para para pagar la hipoteca, 8 haciendo el mono en clase para llamar la atención de las chicas y algún año como babosa haciendo la pelota al jefe de turno. El reino animal da para mucho. Por cierto, ¿qué animales son esos a los que llamas “chochines”?
    Un saludo, Xibelius.

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  4. Como me gustan las vacas!! Estas de las fotos son preciosas!! Están para besarlas y hasta para comérselas… Lamentablemente, ni en mi pueblo de Sanabria ni en el de La Carballeda las puedo ver ya. Cuando me da el punto, tengo que escaparme al pueblo de al lado para contemplarlas así, pastando en verdes prados… Hace muchos años tuve la suerte de asistir a una charla de Jose Luis Sampedro, en ella comparaba al escritor(voyeur) con los ojos de las vacas (que lo observan todo), así que como no puedo llegar aspirar a ser escritora, aspiraré a ser vaca…

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    1. Jjajajajaja 😀 Si el cielo te manda piñas, toma zumo de piña; yo también me conformo con mirar el mundo desde los ojos de una vaca ya que tampoco seré nunca el escritor que me gustaría 🙂
      Sí, ahora en Sanabria y Carballeda hay que ir a buscar las vacas: ya no te salen al encuentro en cada esquina como antes. Supongo que así a de ser: ley de vida, que decían los mayores.
      Un abrazo, Diáspora

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  5. “No hay cosa más tonta que una vaca tonta” 😀 😀 😀 Amo Memorias de una vaca y creo que el Tejón es fan también.

    Pensé en la peli de Medem cuánto vi el título, esperaba los tiros por ese lado.

    Que guapas son 🙂 las vacas y las fotos y que alegría una vacada en el campo… lo malo es que me has pisado la próxima entrada, pero es que esta es mejor

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    1. Una buena película, “Vacas”. Lo malo que me pasa con Medem (y sé que es problema mío) es que pocas veces me apetece sentarme a ver sus películas: si lo hago acabo por disfrutarlas, pero no me apetece.
      😀 Publica la entrada, mujer: si estas cosas pasan: Yo también pensé que Moni se me había adelantado con su burrito… y ahora veo que JC y tú habéis coincidido hasta en el título 😀 😀 😀
      Un beso

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