Un metro de bosque

“En el siglo XIX se arrancaron más árboles de los que la Edad de Hielo consiguió arrancar en cien mil años. Talamos el bosque con hachas y sierras de mano, y lo transportamos con mulas y vagones. Después de esa trasquilada, el bosque volvió a crecer, pero venido a menos, despojado de parte de su diversidad por la magnitud de la agresión. Se trató de un vendaval a escala de glaciación, pero parecido a un tornado en su crudeza física.

Actualmente, el petróleo barato y la tecnología cara nos han llevado a la segunda fase de nuestra relación con el bosque. Ya no cortamos a mano ni transportamos con animales o vapor; todo lo hacen los motores de gasolina, lo que acelera la extracción y aumenta la capacidad de control. La energía del petróleo y nuestra sagacidad nos dieron otra herramienta: los herbicidas. Antes la fuerza regeneradora del bosque ponía límites a nuestra capacidad de dirigir el futuro de la tierra. El bosque se recuperaba, preparado para el hacha gracias a millones de años de viento y fuego. Hoy la “supresión química” es la herramienta preferida para neutralizar árboles cuyos genes les mandan volver a brotar. […]

Todos estos esfuerzos se dirigen a preparar la tierra para acoger un bosque nuevo, un monocultivo de árboles de crecimiento rápido. Según el tipo de árbol y de tierra, las hileras de árboles se rocían con fertilizantes para suplir algunos nutrientes que se eliminaron del bosque viejo, pasado de moda. Si se entrecierran los ojos, las plantaciones de árboles resultantes se parecen algo a los bosques. Sin embargo, la diversidad de aves, flores silvestres y árboles ha desaparecido. Los jardines traseros de las casas de las afueras pueden preciarse de más diversidad biológica que estas sombras de verdadero bosque […]

Me vienen a la cabeza dos intuiciones al contemplar un bosque variopinto cuya existencia trasciende la mía. En primer lugar, deshilachar el tejido de la vida es desdeñar un regalo. Peor aún, es destrozar un regalo que incluso la testaruda ciencia nos dice que es enormemente valioso. Desechamos el regalo a cambio de un mundo creado por nosotros mismos que sabemos que es incoherente e insostenible. En segundo lugar, intentar convertir un bosque en un proceso industrial es arriesgado, y mucho. Incluso los apologistas de la glaciación química admiten que estamos agotando el capital de la naturaleza al explotar la tierra y desechar después el terreno gastado. Esta imprudente ingratitud, que se justifica por la “necesidad” económica creada por nuestro consumo cada vez mayor de madera barata, parece una señal externa de arrogancia y confusión internas.

La madera y los productos madereros como el papel no son el problema. La madera nos proporciona un techo y papel con que alimentar la mente y el espíritu, indiscutiblemente aportaciones positivas. Los productos madereros pueden ser mucho más sostenibles que otras alternativas como el acero, los ordenadores y el plástico, que consumen grandes cantidades de energía y productos naturales no renovables. El problema de la economía forestal moderna radica en la forma desequilibrada con que obtenemos madera de la tierra. Nuestras leyes y reglas económicas sitúan el beneficio a corto plazo de la extracción por encima del resto de valores. No tiene por qué ser así. Podemos volver a encontrar la senda de la gestión cuidadosa centrada en el bienestar a largo plazo tanto de los seres humanos como de los bosques. Sin embargo, encontrar ese camino exigirá tranquilidad y humildad. Los oasis de contemplación nos pueden sacar del desorden y pueden devolver a nuestra visión moral una apariencia de claridad”

David George HaskellEn un metro de bosque. Un año observando la naturaleza, 2012

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12 comentarios en “Un metro de bosque

  1. ·.
    Todo ese tratamiento, referido a los árboles, nos lleva directamente al diccionario… o a nuestro sentido común. Una plantación nunca será un bosque. Por mucho que desordenen los árboles, solo será una plantación. Un bosque siempre es acogedor. Y no digamos un hayedo, seguro que El Tejón te mostraría alguno de los que por aquí hay, y yo me apuntaría…
    Bien está tu post. Nos debiera invitar a una reflexión profunda acerca del beneficio a corto plazo y sus consecuencias a corto y largo plazo. Acerca de lo que nos hacen y lo que nos dejamos hacer, que la tierra es nuestra, de todos. Y no hay planeta de repuesto, ni Planet B.

    un abrazo

    · LMA · & · CR ·

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  2. Peliagudo tema. Gestionar el bosque, que mejor que dejar que el bosque se gestione solo.
    Recuerdo hace unos años al finalizar el tramo de autovía del Cantábrico entre Santander y Torrelavega del presupuesto que hicieron para replantar los taludes de la misma.La inversión no se hizo, (alguien se quedaría con lo presupuestado) y los abedules, los sauces lo repoblaron todo gratis.
    Después vino la invasión del plumero de la Pampa pero eso ya es otra historia contra la que no gestiona nadie.
    Algún día te enseñaré mi metro de bosque, don Ñ ya lo conoce.
    Un abrazo, amigo, y que no sea por no intentarlo.

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  3. Un fragmento muy esclarecedor y explicativo. Y preocupante, claro, ya lo sabemos. Pero también esperanzador. Pese a todo, estas lecturas, en la medida en que capturan la atención de nuevos implicados en la defensa de esta causa, que es de todos, son esperanzadoras. Muchas gracias, Xibeliuss. Un abrazo.

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  4. En otros tiempos los modos de explotación del bosque permitían la supervivencia de familias enteras, talando con paciencia y ojo clínico, basado en la experiencia, los árboles muertos, desbrozando el monte para evitar incendios, explotando los recursos sabiamente. Hoy día el monte aparece abandonado, plagado de arbustos, listo para que cualquir desaprensivo encienda una cerilla y se lleve por delante el pulmón natural que nos rodea.
    Un saludo

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  5. Un texto muy “nutritivo”…aunque me llaman más la atención las fotos. La primera y la última me encantan:D
    La del medio…ay, no sé, Xibeliuss, no me cuadra 😀 Estoy siendo comedida; sino, me lanzo.

    Hay hay un problemilla; la “gente” “delegamos” la “gestión” de “nuestros” recursos naturales en “personas” “preparadas”…Y con tanta comilla…no se puede. “El que fue cocinero antes que fraile, sabe lo que se guisa en la cocina….”

    Que buenos son, que “repoblan”, habrá que darles las gracias. Sigo siendo comedida; y como me estoy calentando, pues sólo esto: que los que no van a los bosques (lo que queda de ellos), vayan lo más pronto que puedan….Y que parece que es gratis…pero no…y menos que lo va a ser 😀 Un metro de bosque vale mil veces más que su peso en oro; y lo saben….

    Un besazo enorme. Otro a los bosques, a todos:)

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  6. Has dado con un tema que ahora mismo debiera sacudir las conciencias y ponernos todos en guardianes de los bosques diversos, que se generan a sí mismos, o que se explotan de forma sostenible, pero no plantando árboles de la misma especie porque están subvencionados o producen un beneficio rápido. Al hilo de esto, recuerdo en uno de mis viajes por Portugal, íbamos por la zona central, por encima de Lisboa en dirección norte y no veíamos más que eucaliptos, también en Galicia y creo que en Cantabria sucede algo parecido. Pues el actual gobierno portugués de plantea ir sustituyendo estos árboles por bosque autóctono.
    Te felicito por plantear este asunto, que nos ayuda a reflexionar y amar nuestros bosques.
    Un abrazo.

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  7. Las diferencias entre un bosque de repoblación y un bosque es que el de repoblación necesita los cuidados del hombre porque es un ecosistema artificial (y monovarietal normalmente) en el que no hay fauna suficiente y un bosque se mantiene a si mismo por las interacciones de la flora y fauna que hay en él. Parecido a lo que pasa en las dehesas que, aunque parece un ecosistema natural, sin la mano del hombre acaba desapareciendo en poco tiempo.
    La foto, estupenda.
    Salu2 (parece que voy volviendo)

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  8. Si es que te has perdido en un metro de bosque, no tienes perdón de dios 😀
    Que recuerdos del tejón, y de todos y todas….y des alguna señal, aunque sea de humo
    😉
    ….

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  9. Gracias a todos por vuestros comentarios y un millón de disculpas por no haber respondido en tiempo y forma. Me atrapó la vorágine del verano, el tornado que todos los años me lleva y que esta vez me dejó con los papeles sobre el escritorio y las cartas sin franquear…
    Pero todo acaba:estoy de nuevo al principio del camino de baldosas amarillas. Si queréis acompañarme una temporada más, seréis bienvenidos.
    ¡Abrazos!

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