Orientado al norte

Podría contar que tengo un amigo en el norte; un tipo de pasado complejo y presente sencillo que se gana la vida – no le hace falta mucho – como locutor de la emisora local. Lo conocí ya unos años atrás, un poco por casualidad. Nos veíamos a última hora de la noche, él siempre tenía palabras, palabras para todo y a menudo acertadas. Sabe de músicas, de historias, de versos y de preguntas, y a veces sufre arrebatos de creatividad artística en los que hace brotar magia desde el corazón del absurdo, como pasa en los mejores momentos de la vida real. Para mí es un hermano mayor que ha llegado a donde yo querría llegar – aunque el ya tiene un hermano con el que está tan sincronizado que los dos sueñan a compás.

En su pueblo orientado al norte vive también un joven mestizo que nunca llama al entrar y desde el lado bueno del tomavistas se asombra con el mundo alrededor. Como en aquella otra historia, fue abandonado al nacer en una cesta de juncos y el río cuidó de su vida hasta que le encontró una nueva familia. Que no, en este caso no era de sangre azul; mas con ellos aprendió las palabras de la hierba y la sonrisa del viento. Hicieron un buen trabajo con el muchacho.

Hay un médico que no quiere estar y hay una chica a la que se le mueren los novios y honra su memoria con figurillas de pasta y caramelo. Llevan un rollo raro, estos dos: hay una tensión entre ellos que bien podría iluminar un nuevo universo… o colapsar el nuestro. Y hay un tercero – siempre hay un tercero – que lo observa todo desde una burbuja que un día romperá.

El bar del pueblo orientado al norte lo lleva un viejo trampero decidido a acabar con su propio linaje, un linaje maldito que sembró de cabrones la historia de su patria chica al otro lado del mar, y él ha decidido no ser un eslabón más en tan pesada cadena. También ha decidido que ya mató bastante para una única vida y hace tiempo que sólo apunta a los animales con el teleobjetivo de su cámara. Su novia, muchos años más joven, combina en un único cuerpo la voluptuosidad de una cervatilla con la inocencia de una animadora. Ambos sustentan su amor profundo en lo más físico del deseo.

Hay en el pueblo orientado al norte un astronauta reconvertido en magnate que se ve John Wayne y más queda en Victor McLaglen; una tendera dulce como una abuela y firme como los pilares de la catedral; una nativa que gana a los puntos todas las contiendas sin bajar siquiera al cuadrilátero, un adán que se esconde de la conspiración mundial entre cacharros de cocina; hay indios y no vaqueros, hay río, montaña, nieve y auroras boreales… Hay gente que vive allí, gente que pasa, gente que regresa.

Este verano, sin salir de casa, yo he regresado al pueblo orientado al norte. Se llama Cicely y está no muy lejos de la ciudad condado de Anchorage, en Alaska. No lo busquen en los mapas comunes: es un lugar imaginado donde personajes inventados viven sus vidas de ficción. Si alguna vez, aunque sólo sea una, lo han visitado sabrán de dónde hablo.

Y me alegra poder decir que hay un pez de ciudad que, a veces, también puede equivocarse.

Ilustración: Jenifer Lake

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20 comentarios en “Orientado al norte

    1. Los lugares de ficción, al contrario de los reales, no suelen decepcionar cuando vuelves a ellos. Tal vez porque los cambios sólo pueden venir del lado del espectador.
      Tiempos de reencuentros, Carlos: un auténtico placer.

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  1. Vaya, Xibeliuss. Me has alegrado el viernes. Y el año entero, probablemente.
    Northern Exposure es la razón por la que ya no veo series. Sí, sé que las hay geniales; pero no. Las historias de Cicely son la razón por la que no hago más que buscar historias que descarto enseguida. La guardo como “oro en paño” para las ocasiones especiales, aquellas en las que hay que engrasar y ajustar los motores, la puesta a punto.
    Y entonces yo, que soy malditamente clavadita al doctor, aunque me creo como tu amigo el locutor, me vuelvo a asombrar ante el poder de la naturaleza, la magnitud real de lo que parece simple, vuelvo a escuchar a los árboles, a creer en el poder curativo de bailar, a lanzarme desde lo alto de un precipicio a un río helado para comprobar que sí, moriré, pero no hoy, vuelvo a robar bombillas un día al año para sentirme viva y humana y recordar que todo es impredecible; y vuelvo a ver a los amigos de verdad, esos que te dicen que los fuegos artificiales podrían quemar el bosque…o no; y a comprender el ….sentido de la vida…en un viejo rock and roll 😀
    Que bien descrito, y sentido…y que buen verano debes haber tenido orientado al Norte.
    Es hora de coger la brújula, gracias Xibeliuss!!!! De verdad:)
    Un beso

    (Por cierto, a Vega le va a encantar;)

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    1. ¡Ay! Aciertas de pleno, Moni. Nos vemos como Chris – o al menos como O’Connell – y todos somos en mayor o menor medida unos Fleishman de tres al cuarto: protestones, quejicosos, encadenados a nuestras pequeñas y grandes servidumbres. Al menos, que seamos capaces de no perder de vista nuestras ilusiones – y bienvenida sea cualquier cosa que nos ayude en este empeño.
      Jjejeje Yo me temo que soy más ecléctico en cuestión de series. Siempre he tenido muy presente Cicely, aunque pocas veces había regresado y menos de manera sistemática, de principio a fin. Y me alegra decir que no me ha decepcionado: en general ha envejecido muy, muy bien y se mantiene el interés y el nivel de encantamiento a lo largo de las temporadas. Eso sí: la he alternado con “House of cards”, que es practicamente su antítesis 😀
      Un besote, Moni.
      Pd. 😀 Y dile a Vega de mi parte que se le echa de menos, concho. Que muy bien si quiere seguir en el exilio, pero que se le echa mucho de menos 🙂

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  2. ¿Que tal me desenvolvería yo en ese pueblo orientado al norte?.
    Quizás con un periodo de adaptación me quedaría a vivir allí para siempre.
    Gracias por volver a tus relatos que nos transportan con tan magníficas descripciones.
    Un abrazo, voy a escuchar a Daniel.
    Ah, por si no lo sabes, la claridad siempre viene del norte, y las nubes también.

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    1. Creo que sí, Tejón. Creo que unos cuantos podríamos integrarnos en este Cicely sin demasiados problemas – o, al menos, eso me gusta pensar, que luego la vida real siempre acaba por sacar las puñeterías de cada uno 😀
      Un fuerte abrazo, amigo

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  3. El mejor texto que he leído sobre “Doctor en Alaska”, esa maravillosa, imaginativa y surrealista serie de los 90, de la que no perdía un capítulo. Últimamente he vuelto a ver alguno en YouTube. La echo de menos.

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    1. ¡Gracias! Es curioso que hayamos coincidido en el blog tantos antiguos seguidores/admiradores de la serie.
      Al final va a tener razón aquello de “Dios los cría…” jejeje
      Abrazos

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  4. Taaaaaan delicioso esto que has escrito…

    eres bueno, tú 😛

    Sabes bien que Chris Stevens es uno de los más grandes amores de mi vida y que aunque, como Moni, yo sea una pobre Fleishman de la vida, Cicely es una de las pocas patrias que reconozco. Soy “gente que vive allí”

    También soy gente que vive aquí, paso y regreso. Regresando me pillas 😉

    Gracias por echarme de menos.

    Un beso

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    1. ¡Vega!
      Jopeta, ¡qué alegría me has dado! Como el Tejón, yo también había visto buenos presagios, pero no me atrevía a darlos por buenos del todo 😉
      Gracias, gracias por tu comentario y gracias a los vientos que te traen de regreso.
      Abrazos muchos.

      Pd. El Sr. Stevens también podría ser uno de los amores de mi vida, aunque sólo en el sentido platónico. Eh, hum, espera…. 🙂

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  5. Pues no esperemos más y vámonos para el norte, que esto está de pena: el sur, el este y el aquel.
    Me encantan los espacios míticos, aunque Comala me da repelús. Mejor, el norte. Dónde va a parar.
    Un abrazo, Xibelius. Ya veo que andamos de vuelta.

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    1. jjejeje Temo que sí, que ya los pocos lugares que quedan como puerto de escape con garantías son los ficticios. La realidad (y sus miserias) se lo comen todo, como la Nada de la Historia Interminable.
      Abrazos, Cayetano

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  6. Me encantaba esa serie y me ha encantado tu historia en la que has ido desgranando el alma que tenía. Me has alegrado el día con tu relato. Has sabido captar el espíritu de la serie a la perfección.
    Gracias, Xibeliuss, por traerme tan buenos recuerdos.
    Un saludo.

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