Estío

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No hay una mancha en el cielo.

Dos niños corren por el camino ribeteado de amapolas. El de atrás, el rubito, le tira piedras al otro, al moreno. Consigue acertarle en toda la coronilla; el niño cae, sangra, se retuerce por el suelo hasta que el rubito llega junto a él y pregunta si le duele mucho. El moreno le suelta una patada en la espinilla, salta sobre él, intercambian puñetazos sin demasiado éxito, los dos lloran y gritan al mismo tiempo. Acaban aburridos sobre las amapolas. El moreno dice que quizás ya sea la hora de la merienda. El rubito asiente y se levanta de un salto. “El último que llegue es un sapo nauseabundo”. Corre hacia la casa. El otro corre detrás de él. Grita que es un tramposo de mierda, que le odia con toda su alma. – y en ese momento es verdad. Se para a coger una piedra, una buena piedra achatada y pulida. Dentro de un tiempo recordarán estos como los mejores años de su vida. Y será verdad.

El hombre recoge el sudor de su frente con un pañuelo de cuadros, lo guarda en el bolsillo trasero del pantalón, mira a lo alto, escupe al suelo. Es un gesto que aprendió de su padre, se lo vio repetir miles de veces en veranos como éste. Mira la raquítica fila de lechugas que está cavando con el escardillo. En el súper las lechugas no llegan a costar ni ochenta céntimos. Llegas con tu polo de marca y tu pantalón corto de lino, disfrutas del aire acondicionado, llenas el carrito de muchas cosas apetecibles, limpias y bien envueltas, pagas los míseros ochenta céntimos y ya en tu casa, con toda comodidad, te comes las putas lechugas. No, no saben igual: están mejor las del súper – por lo menos no escupes tierra, ni te encuentras con medio gusano aún moviéndose tras el mordisco. Levanta de nuevo el escardillo. Suspira. Añora su escritorio.

En la terraza de la casa hay una mujer sentada en una hamaca. Lleva unas bambas Victoria y una bata de cuadros que fue de su suegra. Fuma constantemente. Con el móvil ha hecho fotos de su marido con las lechugas y de los niños corriendo entre las amapolas. Las sube a facebook y escribe “esto es vida!!!!” entre un montón de corazoncitos y caras sonrientes. Bebe un trago más de su gin tónic.

Hay algo cruel en el inabarcable tedio del verano.

[Versión para imprimir en El Club de Lectura]

Música: Neil Young & Crazy Horse: Country home

I’m thankful for my country home
It gives me peace of mind
Somewhere I can walk alone
And leave myself behind”

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16 comentarios en “Estío

  1. Soy todos ellos 🙂 Digo ellos porque ella ni soy ni quiero ser:ni tabaco, ni bambas victoria, ni fotos con el móvil ni, de ninguna manera, bata de mi suegra #hastaahípodíamosllegar 😛

    Pero ellos si soy, todavía no escupo, eso no. Dice Almudena Grandes que como no ha tenido la oportunidad de llevar vida de señorita la educación que le dieron no ha servido para nada 😀 😀 D A mí me pasa igual, pero lo de escupir no me sale. Y menos mal, porque con la caraja seguro que lo haría al revés, osea, miraría al suelo y escupiría a lo alto obteniendo los resultados esperables y bien descritos en el refranero 😀 😀 😀

    Y sobre todo soy ellos, el rubito, el moreno y… el sapo nauseabundo porque llegaría la última 😀

    La foto me gusta mucho, pero es que el texto es para llenarlo de corazones y caritas sonrientes, vaya.
    Gracias 🙂

    Besos

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    1. Jo, yo también quiero que me salgan frases como la de Almudena Grandes…
      Muchas gracias, Vega.
      Yo te veo más como los niños 😀 El resto no dejan (dejamos) de ser “fleishmans” de la vida.
      Besazos
      Pd. Lo de C.R. y Portugal es como el manchurrón de tinta que se echa a un cuadro para que destaque más el blanco alrededor 😀

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  2. Yo no es que sea todos, que de eso ya se ha encargado de ser Vega. Yo solo soy uno de ellos y es que me veo retratado.
    Siempre salía yo perdiendo pero aquella la tarde la pedrada que se llevó el amigo, (compañero de escuela que solo venía los veranos porque sus padres emigraron a Francia) no la olvidará nunca porque lleva la cicatriz en la frente. La batalla no duró más porque las abuelas nos llamaron para merendar…
    La foto la situo en uno de los pueblos que nos recomendaste visitar.
    Un abrazo.

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    1. Jjejejeje Ya sabes que Vega, cuando se pone a acaparar… 😀
      Estos críos son también mi propio pequeñajo. A veces me dan ganas de cogerle de las orejas y decirle: “¡Disfruta cada segundo de estos años! Cuando te quieras dar cuenta habran pasado y la vida se te habrá llevado por delante…”
      Pero nadie aprende en cabeza ajena 🙂
      Abrazos, Tejón

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  3. Al rubito le conozco. menuda pieza. El que escarda las lechugas se siente el hombre más tonto del universo. Y en su casa no ganan para gintónics. Mientras, el verano arrastra su monotonía sin prisa alguna.
    Un abrazo, Xibelius.

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  4. JAJAJAJ…es que me encanta 🙂 🙂
    Pronto los niños dejarán de correr y tirarse piedras, tomarán el buen ejemplo de la señora, que no sé si es su mamá, o la señora que les parió, vaya, y buscarán el sitio del lugar con más cobertura wifi, y cogerán su bici sólo para ir hasta él, y no se moverán de allí en todo el día. Y la bici tampoco.
    Y se comerán las putas lechugas y se irán a su escritorio, y un día echarán de menos todo lo demás….todo; vaya. Sobre todo las amapolas, y no sabrán porqué, probablemente.
    A mí me acaban de regalar unos tomates de huerto hermosos; no saben ni parecidos a los del súper. Yo sí echo de menos el huerto; el tabaco no, ese ya lo tengo a mano. El gin tónic tampoco, puaj…Y el escritorio, tampoco…jejejej
    Que temazo…y que flor más hermosa y solitaria entre tanto estío….y hastío.

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    1. Jjejejeje Aciertas otra vez: la mayoría de los niños hoy estarían cazando pokemons (o lo que narices se lleve ahora) a la sombra de la wifi más potente 😀
      Pero aún así, cuando sean mayores añorarán estos años y los creerán los mejores de su vida: ¡seguro!
      Un besazo, Moni

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  5. Ja, ja, ja!!! ¡Cuánta verdad en lo que cuentas! Pero es cierto, ninguno olvidará esos momentos, la novedad es que ahora todo esto que sucede sea verano o invierno hay que proclamarlo a los cuatro vientos vía redes sociales. Creo que es importante guardar un rincón de privacidad. No puede ser que monitoricemos nuestra vida.
    La foto es preciosa, como la flor.
    Un abrazo.

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    1. Pues parece que es el camino que el mundo a elegido: renunciar a la privacidad, monitorizar nuestra vida, proclamarla a los cuatro vientos… el escaparate constante.
      Creo que nosotros también echaremos de menos los tiempos menos expuestos.
      Abrazos, Valverde

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  6. Me quedo con los niños y su despreocupación, porque saben disfrutar de la vida y de esos largos veranos que siempre les quedarán grabados en la retina. Ya tendrán tiempo de enfrentarse a la rutina, a los súper, las lechugas y los teléfonos móviles.
    Un saludo

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