Islas

Viajes

“Al octavo día, llegaron a una isla rocosa y áspera, llena de escoria y de forjas y que carecía de hierba y árboles. Esto preocupó a Brendan, pero el viento los arrastró directamente a ella y pudieron oír el sonido de los fuelles y el estampido del martillo contra el yunque. De una de las forjas salió un isleño, vio al curragh y volvió a entrar en aquélla. Brendan indicó a sus monjes que remasen y que izasen la vela para salir de allí lo antes posible. Pero, mientras decía esto, el isleño reapareció y les lanzó un gran trozo de escoria. Pasó a más de doscientos metros de sus cabezas y, donde cayó, las aguas entraron en ebullición y se elevó una columna de humo como si procediese de un horno. Una vez que el curragh se hubo alejado alrededor de una milla, aparecieron más habitantes de la isla, quienes se dirigieron a la playa y comenzaron a lanzar más trozos de escoria a los monjes. Daba la impresión de que toda la isla estaba en llamas. La mar hervía, los aullidos llenaban el aire e, incluso cuando ya no alcanzaban a ver la isla, les llegaba su hedor. Brendan les dijo que habían estado al borde del Infierno.

Tres días más al Sur, San Brendan y sus compañeros llegaron a las cercanías de otro islote. Era éste de forma circular y de unos doscientos metros de circunferencia, rodeado de empinados acantilados y carente de lugar donde desembarcar. La roca, que parecía hecha de pedernal, estaba completamente desnuda. Por fin, encontraron un desembarcadero, un saliente tan estrecho que sólo podía albergar la proa del curragh
“Navigatio Sancti Brendani Abbatis” – Adaptado por Tim Severin en “El viaje del Brendan”

Según la leyenda, recogida en la Navigatio Sancti Brandani compuesta hacia el siglo X-XI y conocida por numerosos manuscritos, San Brandán, monje irlandés del siglo VI y abad de Clonfert, en Galway, a petición de Barinto que ya había visitado el lugar, inició en compañía de otros catorce monjes un largo viaje en una pequeña embarcación. En su vagar de siete años por el océano, Brandán encontró numerosas islas y se enfrentó a algunos monstruos marinos. Finalmente, tras atravesar un mar escondido de densas nieblas que impide el retorno a quienes no van en nombre de Dios, alcanzó la isla del paraíso terrenal. Aunque son numerosas las islas mencionadas en la Navigatio, la tradición se ha centrado en la isla-pez, completamente desprovista de vegetación, que aparece y desaparece. En ella San Brandán y sus compañeros celebraron la misa de Pascua, pero al encender el fuego para asar un cordero la isla despertó, dándose cuenta entonces de que en realidad se trataba del pez gigante Jasconius, que más adelante, obediente a Brandán, le conducirá hasta las proximidades del Paraíso. Esta sería la posteriormente identificada como Isla de San Brandán, que como el pez Jasconius aparece y desaparece, ocultándose a los ojos de quienes la buscan.
Wikipedia

Música: Shaun DaveyWater under the Keel
Fotos propias.

8 comentarios en “Islas

  1. Tengo que volver, tengo que volver…al volcán del Cuervo, a la playa de las Conchas, a Costa Papagayo, a La Santa….
    Tengo que volver.

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  2. Se ve que los viajes del señor Ulises crearon escuela. A Brendan solo le faltaba encontrarse con el cíclope.
    Saludos, Xibelius.

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  3. ·.
    Te diría lo que El Tejón… tengo que volver.
    Preciosa vista de la Isla de la Graciosa.
    El viaje de San Brendan supongo que sea el mismo que el de San Borondón. Muchos años miré al océano buscándola y nunca tuve la oportunidad de verla, a la Isla de San Borondón, digo. Desde ninguna isla ni desde ningún barco que saliese o llegase a las Islas Afortunadas.
    Mi fe sigue, y si vuelvo, seguiré buscándola. La Isla de San Borondón está por allí cerca. Seguro. Aunque la verdad, no conocía a ningún isleño que la haya visto… pero tiene que está por allí.
    Buen trabajo, Xi. Y buena música.. Una isa o una folía podrían dar otro tono…
    Un abrazo

    LMA · & · CR

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