Categoría: Música

Malcolm Young, ride on

“Mi parte en AC/DC es añadir el color en la cima. Esa es la parte más fácil. No hay gran misterio con hacer solos, lo más difícil es tocar en conjunto, con muchas personas y él lo hace perfecto. Cuando cuatro tipos llegan a la misma nota al tiempo eso es perfección, pocas personas pueden hacer eso con facilidad y Malcolm es único.” (más…)

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Ira Roja

Ellos tienen la razón.
Nosotros tenemos la locura.
Ellos tienen la televisión.
Nosotros tenemos las calles.
Ellos tienen el dinero.
Nosotros tenemos la vida.
Ellos tienen las balas.
Nosotros tenemos los corazones.
Ellos tienen la guerra.
Nosotros tenemos la cama.
Ellos tienen la angustia.
Nosotros tenemos la rabia.
Ellos lo tienen todo.
Nosotros tenemos lo que les falta

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“…no alegrará mi efigie el censo de monumentos”

Escribí este texto hace cinco años, para “Igual te Interesa“. Hoy Javier Krahe ha decidido guardar definitivamente su tirachinas y, mira, creo que es un buen momento para recuperarlo.

JavierKrahe

Cuando yo era un crío había unanimidad entre los chavales del barrio en considerar a Dylan un pelma, a Neil Young un cursi que a veces soltaba algún guitarrazo y se decía que la escucha continuada de Leonard Cohen provocaba una catalepsia fulminante -posiblemente irreversible. Dentro del panorama nacional, figuras como Serrat o Labordeta nos inspiraban el mismo respeto que Paloma San Basilio: ninguno.

Nosotros estábamos en el Rollo. Escuchábamos a los Stones y el Made in Japan e íbamos, cuando eran gratis, a los conciertos de los grupos del selllo Chapa. En las revistas que compraban nuestras madres salían fotos de chavales cargados de imperdibles en un Londres muy lejano. Aquí teníamos a Ramoncín y algunos hablaban de la Banda Trapera del Río. Los más modernos se juntaban en el Drugstore de la calle Fuencarral: una panda de niños bien que tocaban en Colegios Mayores. Un día fuimos a tirarles cosas. Alaska medía medio metro -como ahora, pero no tenía las tetas tan grandes. Se llamaba Olvido.

Uno de los mayores nos llevó, en cuadrilla, a un local de la Cava Baja. Un sótano lleno de barbas, trenkas y pantalones de pana. Bueno, en eso no había mucha diferencia. En un momento dado, dos de los barbudos y un calvo con bigote abandonaron la barra a regañadientes, cogieron las guitarras y se pusieron a tocar sin más ceremonia. Sus canciones hablaban del tamaño del miembro viril, del entierro de Franco, de esposas adúlteras de vendedores de pararrayos. Una, muy celebrada, sobre lo triste que era Madrid -mira, como la de Leño. Yo me quedé impactado.

Tardé unos años en volver a verlos, ya cada uno por su cuenta. Hasta las “24 Horas del Estudiante y la Radio“. Otro hito: imagínense el Palacio de los Deportes de Madrid abarrotado. Anuncian por megafonía que el alcalde nos va a dirigir unas palabras. Quien más quien menos se teme un tostón de media hora. Sube al escenario Enrique Tierno Galván. “El que no esté colocado, que se coloque. ¡Y al loro!” Y se va. El Palacio se viene abajo. Allí, Joaquín Sabina demostró que ya era una estrella. Y Javier Krahe que también sabía apoderarse de las grandes audiencias. No quiso seguir por ese camino. Alberto Pérez, por su parte, vivió poco después sus minutos de fama reconvertido en posmoderno cantante de boleros. De los que nunca sabes si se lo está tomando en serio.

Desde entonces he visto a Javier Krahe tantas veces como he podido. Maneja el idioma al nivel de un poeta mayor -esas métricas- y es un original músico. Se siente a gusto en su papel: un grupo fiel de seguidores, locales pequeños, algún disco cuando se tercia. Si tenéis tiempo, os recomiendo ver el documental “Esta no es la vida privada de Javier Krahe” (Ana Murugarren, Joaquín Trincado -2006), disponible en youtube  Una buena manera de asomarse al personaje.

Podría llenar entera la sección de Versos Inauditos con sus letras, así que pondré un aperitivo y os reenvío a Proyecto Krahe por si os quedáis con ganas de más. Espero que sí.

Gracias a mi conducta vagamente antisocial
temo no verme nunca encaramado a un pedestal:
no alegrará mi efigie el censo de monumentos,
no vendrán las palomas a rociarme de excrementos.
Y es una pena, la verdad,
porque sería muy bonito
seguir de adorno en mi ciudad
sobre un bloque de granito.

(… Y todo es Vanidad – Corral de Cuernos, 1985)

Y si no soy quien soy, es una ingenuidad
creer que si me ahorco tengo libertad,
más que para escoger la soga.
¡Mi asesino es usted!, ¿ por qué no lo iba a ser ?,
representa la ley, simboliza el poder,
el poder y quién se lo arroga…”.
Aquí ya me indigné y di la carta al ujier,
-Archive esto por ahí- no lo podréis creer,
escribía arroga con h, escribía arroga con h.
Y las faltas así, desde hace ya algún tiempo,
es que no las aguanto me ponen a cien,
estaré atravesando un bache.

(Señor Juez – Aparejo de Fortuna, 1984)

Te conocí a media tarde
y a media tarde te pierdo,
minutos tuve tu risa,
minutos sólo tus besos.
Mi corazón entornado
tú lo querías abierto
de par en par,
de par en par lo querías
y yo guardaba silencio.

(Sortijas y gestos – Querencias y Extravíos, 2007)

“Para siempre esta vez,”-dijo- “me
voy a echar en brazos de Morfeo,
ya no te veré más, no me
puedes negar mi último deseo:”
Con un hilo de voz, el enfermo expresó,
su voluntad postrera
no diremos cuál fue, sólo que ella accedió,
¡bravo por la enfermera…!
Y fue al desabrocharse ella el quinto botón
de los seis de la bata,
que por la enfermedad, o bien por la emoción,
él estiró la pata…
Pero lo grave estuvo, en que estiró algo más.
Y un algo tan notorio
que los deudos al verlo exclamaron: ¡jamás!,
¡jamás iremos al velorio!.

(Don Andrés Octogenario – Valle de Lágrimas, 1980)

¡Hasta luego y gracias por todo, Javier Krahe!

Pd. ¡Y he terminado sin nombrar a George Brassens!

(Publicación Original: Abril de 2010)

Batalla de Gallos

“Estoy intentando ser consciente de que el sol sigue allá arriba. Estoy intentando controlar mi ira, no tragar de golpe y así, poco a poco, saborear la vida. Estoy intentando decir la verdad y hacerlo de la manera que menos duela, dejar de usar la rueda y gastar más suela. Estoy intentando no echar la culpa a otros cuando algo sale mal, pisar un suelo más natural, salir de vez en cuando de esta ciudad áspera y artificial. Estoy intentando aprender a sonreír cuando me demuestran que me equivoco, a dejar de disimular que soy un loco, a sentir la energía de cada pequeña cosa que toco. Créeme; lo estoy intentando.

“Estoy intentando dibujar sonrisas en mi barrio, intentando decidir si prefiero unos ojos o unos labios. Estoy intentando memorizar cada sueño cuando me despierto y caminar sin dudar porque cada instante de duda es un instante muerto. Estoy intentando hablar más con desconocidos y no girar la cabeza cuando alguien me mira demasiado. Estoy intentando ser neutral y objetivo, tomarme la vida con la perspectiva del que no se queja, aunque tenga algún motivo. Estoy intentando escribir y vivir para volver a escribir y hacer de ese círculo un maravilloso jardín en el que existir. Estoy intentando callar cuando no sé qué decir, plantarme y discutir antes de agachar la cabeza y huir. Créeme; lo estoy intentando.

“Estoy intentando dar de comer a cosas invisibles,a enamorarme de cosas insignificantes, a no dar importancia a esas cosas que nos venden como grandes. Estoy intentando pensar más en los que me quieren, reírme de mis fobias. Estoy intentando que mi corazón no se acelere si se acercan quienes me odian. Estoy intentando asumir que el mundo no es justo y que el rencor de otros es lógico y que el amor se marchita si no lo riegas, y que la muerte no avisa cuando llega y que quien juega limpio no siempre recibe apoyo. Estoy intentando dedicar más tiempo a mirar las estrellas, a beber más agua, a abrazar, a besar y a dar muestras de afecto sin un motivo aparente. Estoy intentando ser más imperfecto, hacer lo incorrecto, ser más imprudente. Estoy intentando liberar al payaso que encerré en la mazmorra de la vergüenza hace tiempo ya, a no hacer algo porque lo hagan los demás,  a hablar con los animales y tratarlos como a iguales. Estoy intentando ser más insensato y así amar, entregarme sin medida; ser feliz, aun que sea a ratos, y darle un sentido a esto que llaman vida. No sé si lo conseguiré, pero créeme… lo estoy intentando. “
Ignacio Fornés

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Wilko Johnson (y Roger Daltrey)

– Es incluso un poco embarazoso
– ¿Perdón?
– Sí, por ejemplo, la semana que viene voy de gira a Japón. Estuve hace unos meses y se suponía que iba a ser mi última visita. Tengo muchos amigos allí. Al volver a Inglaterra, en el aeropuerto de Tokio, la que se montó fue la leche: lloros, abrazos… y ahora resulta que vuelvo. Van a pensar que les estoy vacilando – termina de contar la historia y se parte de la risa. Una carcajada atronadora al otro lado del teléfono. Iñigo López, El País, 23/03/2014

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