Etiqueta: Cuentos

Regálame una frase

Y yo escribo un cuento.
O mejor: regálame una frase y escribimos con ella un cuento cada uno.
Será divertido. ¿Jugamos?

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No es lo que digo

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Hasta la semana que viene, Lucía. ¡Chao, chao, besitos!

Simone Calleia cerrró la ventana de skype. Comprobó en google calendar que aquella había sido la última consulta del día. Miró la barra de tareas. El reloj marcaba las 23:38. Ningún sobrecito en la bandeja de entrada. Ninguna notificación de whatssapp web. Suspiró. Todavía veinte minutos para la media noche. Dejó sobre la cpu la diadema con los auriculares y el micro. En spotify abrió la playlist de Angelo DeBarre. Por fin se levantó de la silla. Se desperezó. Dio unos pasos de baile al son de la “Valse de Bamboula” hasta la cocina del apartamento. (más…)

Diaeta

La Valetta
“Cuatro meses atrás Espiridiona Fardell se acercaba a su cincuenta cumpleaños. Poco a poco, sin ser del todo consciente de ello, había ido dando por cierto que las partes más importantes de su vida ya habían quedado atrás. Que lo que tenía por delante ya sólo era sentarse en una silla y esperar. Ella, que siempre había tenido cien proyectos en el aire y cien más en la recámara. Que tenía a su lado a un hombre que siempre miró – y empujó – hacia adelante. ¡Que tenía un hijo de quince años! Se había convencido de que ya sólo quedaba espera. Tan tonto y tan duro como eso”

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Victoriosa

Vicenzo Torriani sacó el paquete del maletero del Corsa y lo sujetó bajo el brazo mientras cerraba con llave. Dio una vuelta alrededor del coche para comprobar que todo quedaba bien cerrado.

En otro pueblito sanabrés

En otro pueblito sanabrés hay un anciano que sale a pasear a poco que el tiempo lo permita: así se lo dijo el médico y así lo hace. Y lo disfruta, claro que sí. Es una forma de llenar el día ahora que ya no quedan tareas y el cuerpo se queja de cada minuto pasado.

La sonrisa de los tristes, segunda parte

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En “Riña de gatos: Madrid, 1936Eduardo Mendoza narra las aventuras de un profesor inglés (Anthony Whitelands) en el Madrid convulso de los meses previos a la Guerra Civil, donde ha llegado para autenticar un cuadro desconocido cuyo valor económico puede resultar determinante para favorecer un cambio político crucial en la historia de España. A lo largo del libro los personajes de ficción se mezclan con las figuras históricas y así Mendoza se da el gusto de presentar a José Antonio, a Manuel Azaña, al ministro Amós Salvador, a Niceto Alcalá Zamora, etc. El escritor no intenta hacer un retrato histórico: coge un puñado de personajes que realmente existieron y, sin traicionar lo que de ellos sabemos, los utiliza para su propia narración. Hace Literatura, no Historia.

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La sonrisa de los tristes, primera parte

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Hay veces que te pones a escribir y no sabes dónde te metes. La historia de hoy, por ejemplo, no empezaba así. Y no termina aquí. Iban a ser un par de folios sin más complicaciones: presentación – nudo – desenlace o más o menos. Y de repente el Gordo Colsada se pidió el plato de espaghetti aglio e olio, la taza de parmesano rallado y se puso a contar “su” historia y ¿qué podía hacer yo?  Pues lo que hice. Callarme y tomar nota.

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Veraneantes en Páramo

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– ¡Venga, chicos! ¡Poneos que os saco una foto!

“¡Oh, no, hoy no, maldita sea!” Paloma sintió el ahogo subir por la garganta hasta pintar de rojo las puntas de sus orejas. Tenía que ser hoy, la fotito, cuando su madre se había empeñado en calzarle el maldito vestido de los malditos cuadros, jopé, y hasta ayer mismo que había aguantado con su camiseta de Marco y los vaqueros cortos… (más…)