Etiqueta: Cuentos

Oración

Cuando empecé en el mundo de los blogs, hace de esto un millón de palabras, la primera persona con la que congenié fue Arena. Desde entonces no hemos perdido contacto: con épocas de mayor actividad, con otras casi desaparecidos, pendientes en todo momento. Siempre la he sabido muy cercana.
Arena me regaló una frase cuando la pedí… y además me dio permiso para iluminar mi cuento con dos de sus bellísimas pinturas. Es un honor para mí presentarsela a ustedes: en el mundo “real” se llama Carmen AG y, aunque anda ahora un poco apartada, les recomiendo que no pierdan de vista su blog “Hoy empieza todo… Un mar de sentimientos”  ¡Y estén atentos también a la cartelera de exposiciones de su ciudad!
Ésta no es la primera vez que escribo sobre ella. Tampoco es la primera entrada que compartimos, seguro que tampoco la última. Este año, además, me dio la sorpresa de la temporada 😉

¡Un fuerte abrazo, hermanita!

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No es lo que digo

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Hasta la semana que viene, Lucía. ¡Chao, chao, besitos!

Simone Calleia cerrró la ventana de skype. Comprobó en google calendar que aquella había sido la última consulta del día. Miró la barra de tareas. El reloj marcaba las 23:38. Ningún sobrecito en la bandeja de entrada. Ninguna notificación de whatssapp web. Suspiró. Todavía veinte minutos para la media noche. Dejó sobre la cpu la diadema con los auriculares y el micro. En spotify abrió la playlist de Angelo DeBarre. Por fin se levantó de la silla. Se desperezó. Dio unos pasos de baile al son de la “Valse de Bamboula” hasta la cocina del apartamento. (más…)

Diaeta

La Valetta
“Cuatro meses atrás Espiridiona Fardell se acercaba a su cincuenta cumpleaños. Poco a poco, sin ser del todo consciente de ello, había ido dando por cierto que las partes más importantes de su vida ya habían quedado atrás. Que lo que tenía por delante ya sólo era sentarse en una silla y esperar. Ella, que siempre había tenido cien proyectos en el aire y cien más en la recámara. Que tenía a su lado a un hombre que siempre miró – y empujó – hacia adelante. ¡Que tenía un hijo de quince años! Se había convencido de que ya sólo quedaba espera. Tan tonto y tan duro como eso”

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Victoriosa

Vicenzo Torriani sacó el paquete del maletero del Corsa y lo sujetó bajo el brazo mientras cerraba con llave. Dio una vuelta alrededor del coche para comprobar que todo quedaba bien cerrado.