El Mar Pequeño

Viajes

“—¡Que rabie ese rancio!—decía doña Manuela, indignada al saber la furia con que su hermano había acogido tales reformas—. ¿Cree que toda la vida la hemos de pasar como unos miserables, con pan y cebolla y un vestido viejo?
Don Juan también hablaba, y había que oírle.
—Tu madre está loca—decía algunas veces a Juanito en la puerta de Las Tres Rosas—. Si esto sigue más tiempo, todos iréis a pedir limosna. ¡Ah, qué cabeza…! ¡Parece imposible que sea mi hermana! Para ella lo principal es aparentar, y del mañana que se acuerde el diablo. Lo que yo digo: «arroz y tartana…» y trampa adelante.”
Vicente Blasco Ibañez – Arroz y Tartana

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Injurias

Fotografía

Nueve años pasan. Fin Barr, abad de Kildare, busca vigas para fortificar la abadía: en los robledales de Killarney, camina de tronco en tronco con sus lacayos. Miran hacia arriba, comparan, escogen. En la horcadura de un roble demasiado nudoso para ser madera de la que se hacen las vigas, Fin Barr ve, en medio de lo que ha tomado en un primer momento por una mata de muérdago, unos ojos risueños animarse y componer un rostro: es un hombre que levanta la mano y hace al abad un pequeño gesto delicado. Es el rey.