El huerto de la vida

Fotografía

– Cuida siempre que el lugar en el que vivas tenga hiedra al norte, para que no te falte abrigo en las noches de invierno; un rosal por naciente que te haga sensible al amor y a la belleza de las cosas, y al poniente un frutal, aquel que tú prefieras, como ofrenda para que en tu mesa haya un plato de comida durante todos tus días sobre la tierra.

– ¿Y a mediodía, abuela? ¿No debo plantar nada al sur de mi casa?

– Mi hijita… ¡Planta tanto como puedas, cuánto y dónde quieras! Artemisa para el buen ánimo, llantén para curar las heridas, diente de león para tus huesos, saúco para los enfriamientos, caléndula para regular la sangre, ajo y perejil, tomillo y romero, menta, salvia y yerbabuena para saborear la vida y sostener tus fuerzas. Planta flores que alegren tu vista y hortalizas que mantengan tu despensa llena; y reserva unos cuartillos donde crezcan las ortigas, te ayudarán en todo lo que puedan ¡y mucho es, si lo piensas!.

“ Mas preocupate siempre de dejar un camino abierto por donde puedan llegar a abrazarte aquellos que lo merezcan… y por donde partir, sin mirar atrás, si llega el momento.