El Hombre Pez

Relatos Propios

Me dijeron que Francisco se volvió a la mar. Que alguien lo vio echarse al agua y nadar río abajo sin mirar atrás, como la otra vez, hace casi diez años ya. Que María, su madre, salió a buscarle por el pueblo al ver que no regresaba con la anochecida, que lo llamó a voces y a silbidos hasta que le dijeron de su salto al río. Bajó hasta las peñas donde su hijo solía sentarse a mirar las aguas, indiferente ante el tiempo y ante los hombres, pensando dios sabe qué. María sintió que nunca volvería a verlo.

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El Jirón de Niebla

Relatos Propios

“No hay relación entre la creatividad y la locura, creo que es justamente lo contrario. Todos estamos locos, o ansiosos, o deprimidos, o bebemos demasiado, o nos gusta el sexo demasiado, lo que sea, pero la manera de sobrevivir a todo ello es encontrar el modo de hacer algo creativo, eso es lo que consigue que a las tres de la mañana en lugar de pegarse un tiro en la cabeza, alguien se ponga a componer una sinfonía.”
James RhodesEntrevista publicada en Ruta 66 nº339, julio-agosto de 2016

Abajo

Fotografía

“Quiso avanzar, tropezó con una pared invisible. Quiso retroceder, le pasó lo mismo. Palpó arriba, abajo, a los costados: estaba encerrado en una jaula de cristal. Dio golpes sin perder nunca las esperanzas, insistió una y otra vez en el mismo sitio, hasta que sintió un crujido y pudo atravesar la superficie fría con el puño. Se abrió paso y, por fin, salió al exterior. Avanzó feliz, sonriente, libre, pero se dio un frentazo contra una pared invisible. ¡Estaba dentro de una jaula mayor! Pensó, consolándose: “¡Por lo menos es más grande y está creciendo! ¡Crecerá tanto que un día desaparecerá!” Pero la jaula no crecía: el señor iba empequeñeciendo”
Alejandro Jodorowsky, Sombras al mediodía (1995)

Pajarito

Relatos Propios

Pesaba más de cien kilos y le llamaban Pajarito. Podrían haberle llamado Polifemo, pero el que ponía los motes en el barrio no estaba muy familiarizado con la mitología griega. Pajarito era cándido como un niño y fuerte como un tiro de bueyes. Muchas veces en la obra -donde siempre le tocaban los trabajos más duros- dejaba todo y se sentaba en el andamio con los pies colgando hacia el abismo. Y pasaba el resto de la tarde sin hacer nada, con la mirada perdida más allá de la ciudad. Como un alelado.

Recurrente

Viajes

“Él era hijo de una maestra, eso es cierto, y era abogado, había ido a la universidad, podía aspirar a algo mejor que una cadena de montaje, desde luego, pero no mucho más, no creas. Habría cambiado de barrio, habría ganado unas oposiciones, habría podido comprarse un coche, y a lo mejor hasta un piso, en veinticinco años de facilidades, y siempre habría encontrado algún conserje que le tratara de don porque para eso tenía estudios, pero esto no daba para mucho más, en serio (…)”